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EE.UU.: estrenó Tarantino y ya estalló la polémica
Jamie Foxx y Leonardo DiCaprio en «Django desencadenado»: la esclavitud negra contada como un «spaghetti western».
«Siempre quise hacer una película que abordase el horroroso pasado de esclavitud de EE.UU., pero no quería hacer una película histórica, sino envolver la historia en un género», dijo a la prensa Tarantino durante la presentación del film en Nueva York.
La conferencia se producía el fin de semana después de que Adam Lanza cometiera en una escuela primaria de Connecticut una de las peores masacres jamás perpetradas en este país, por lo que no se hicieron esperar las preguntas sobre la posible influencia de la violencia en el cine en este tipo de dramas. «Las tragedias ocurren», respondió Tarantino, quien se reconoció estar «cansado» de defender sus films cada vez que ocurren sucesos como éste, que llevó a cancelar el preestreno y la alfombra roja de la película en Los Angeles, donde finalmente sólo se proyectó para los actores y sus familiares.
Al más puro estilo Tarantino, «Django Unchained» («Django desencadenado») se vale de unas elevadas dosis de sangre y violencia para narrar uno de los capítulos más oscuros de la historia de Estados Unidos, un país que a juicio del realizador «realmente no quiere mirar» hacia ese pasado.
«Muchísimos westerns han ocurrido durante la esclavitud y han hecho lo imposible para evitar tratar el tema, como se suele hacer siempre en EE.UU.», dijo el director de Tennessee, cuya película «no puede ser más espantosa», «surrealista» o «vergonzosa» de lo que lo fue la realidad.
Para el director negro Spike Lee, en cambio, la película es condenable. «No iré a verla, sería una falta de respeto hacia mis antepasados», atacó el cineasta neoyorquino, quien acusó a Tarantino de tratar un tema tan delicado como la lucha de los esclavos negros de manera distorsionada. A través de su cuenta de Twitter, Spike Lee sostuvo que «la historia de la esclavitud no es un spaghetti western al estilo Sergio Leone, fue un Holocausto, mis antepasados eran esclavos, secuestrados en Africa». «Yo les rendiré homenaje no viendo la película», agregó el cineasta de color, quien ya en años pasados había acusado de racismo no sólo a Tarantino sino también a Clint Eastwood e incluso a Walt Disney.
Apasionado de los «spaghetti western», como fueron bautizadas las producciones italianas de ese género típicamente estadounidense populares en los años sesenta, Tarantino decidió hacer su primera película del oeste «en el universo» de uno de los más reconocidos directores de ese subgénero, Sergio Corbucci. «Me gustó evocar el nombre de Django por lo que significa para los spaghetti western y su mitología», dijo el director, haciendo alusión a la película rodada en 1966 por el cineasta italiano, que dio origen a una larga serie de «secuelas» que incluyen ese nombre, como la del propio Tarantino.
Django es así el nombre del protagonista del último film del director de «Pulp Fiction» (1994) y la saga «Kill Bill» (2003), un esclavo que busca vengarse de los dueños blancos por cuyas manos ha ido pasando a lo largo de los años tras ser liberado por el cazarrecompensas Dr. King Schultz. Encarnado por el ganador de un Oscar por «Ray», Jamie Foxx, el protagonista canaliza su rencor asociándose a Schultz (interpretado por el también oscarizado Christoph Waltz) en un trabajo que le permite «matar blancos y que te paguen por ello. No hay nada igual».
Con la ayuda de su nuevo socio, Django trata de salvar a su mujer, Broomhilda (Kerry Washington), de la plantación del despiadado Calvin Candie, encarnado por Leonardo DiCaprio, un personaje que disfruta de las peleas a muerte a las que llama «negratas», otro de los puntos polémicos de la película. «Fue el guión más increíble que he leído en toda mi vida. (...) Me pregunté, ¿quién tiene las agallas, y el conocimiento, para decir las cosas tal y como son?», aseguró Foxx, quien ve ésta como la historia de amor de un hombre que no trata de acabar con la esclavitud, sino de reencontrarse con la mujer de su vida.
Para rescatar a Broomhilda, Django tiene que adentrarse en la plantación de Candie, donde se producen las escenas más violentas de una película en la que también aparecen estrellas como Samuel L. Jackson, quien encarna al sirviente Stephen. La esclavitud es «una parte de nuestra Historia que suele ser lavada o perfumada de una forma en la que esta película simplemente no lo hace», aseguró Jackson, «encantado» de volver a trabajar con Tarantino como ya lo hiciera en «Pulp Fiction» o «Jackie Brown» (1997).
La película podría ser la última de Tarantino, quien ha dicho que «después de todos estos años, y con las nuevas tecnologías digitales que no me acaban de gustar, con el cine como está, creo que no vale la pena seguir así. Además, no quiero entrar en una pendiente de decadencia como director».


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