1 de febrero 2010 - 00:00

EE.UU. irrita a China por error de cálculo

La venta de misiles a Taiwán ha generado una nueva fricción entre China y Estados Unidos. Mientras Washington confirmaba el suministro de 330 misiles PAC-3 a Taiwán capaces de interceptar los más de mil misiles que Pekín tendría orientados sobre la isla, China realizaba una prueba de un sofisticado misil interceptor a través de un choque exoatmosférico en una clara demostración del creciente poderío militar y tecnológico alcanzado. Golpes de efecto cinematográficos que ponen a prueba lo que hasta hace pocos meses se calificaba como el G2. Dos hechos anteriores teñían ese optimismo, la falta de coincidencias en la Cumbre sobre el Cambio Climático y la resistencia de China a sancionar a Irán por el alcance de su programa nuclear.

Grave obstáculo que perjudicará los lazos y acarreará consecuencias a las que ninguna de las partes desea hacer frente, fueron los términos utilizados por China para describir en qué medida la venta afectaba la relación al desconocer el compromiso de «respetar los intereses clave» de cada país tal como estipulaba de manera expresa el comunicado firmado en oportunidad de la visita del presidente Barack Obama a China. La expresión era sinónimo de Taiwán y estaba referida a la venta de armas.

El argumento de Estados Unidos es que se encuentra jurídicamente obligado a velar por la defensa de Taiwán desde el acuerdo de 1979. Lo notable e incomprensible es que el tema no haya sido conversado de manera directa en los niveles pertinentes de ambas delegaciones en oportunidad de la visita presidencial y que se haya incluido un concepto sensible en el Comunicado de los jefes de Estado cuyo alcance una de las partes parece ignorar. Sin embargo, Estados Unidos no podía desconocer el grado de irritación que producía en China el tema de las ventas de armas. Existe una historia de rispideces que lo atestigua. Los encuentros diplomáticos y militares estuvieron interrumpidos por más de un año por las ventas efectuadas en 2007. En esa época se atribuía a las empresas involucradas como las responsables de impulsar la situación en medio de acusaciones cruzadas de corrupción y que poco tenía que ver con necesidades de defensa.

En ese marco, resulta igualmente sorprendente que Estados Unidos no haya registrado la creciente disminución de la frialdad política entre la isla y el continente. La vinculación económica ha establecido una telaraña de intereses nada despreciable que se fortalecerán con la reciente negociación de un eventual Tratado de Libre Comercio. China ya es el principal socio comercial de Taiwán. Los vientos desde el continente parecen señalar que puede existir un futuro prometedor y mutuamente conveniente en el marco del principio de una sola China. El camino avanza y puede cambiar la geografía estratégica de Asia.

Estados Unidos no puede ignorar este nuevo cuadro de situación, incluyendo una creciente distención militar y que las armas aprobadas para su venta fueron adquiridas por la anterior administración de Taiwán en circunstancias políticas distintas de las actuales.

La duda es si, por parte de Washington, el episodio de las innecesarias y sobreabundantes ventas de armas es una actitud inocente o guarda alguna relación con los estímulos que proyectan esa nueva visión entre Beijing y Taipéi.

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