2 de junio 2009 - 00:00

EE.UU. nacionaliza a General Motors con una deuda de u$s 173.000 millones

EE.UU. nacionaliza a General Motors  con una deuda de u$s 173.000 millones
Washington - General Motors, uno de los símbolos máximos del poder económico norteamericano en el mundo, anunció ayer finalmente la convocatoria de acreedores y el comienzo de un plan de reestructuración, en la práctica de una estatización parcial. La automotriz presentó ante una Corte de la ciudad de Nueva York un documento de 24 páginas en que fundamentó su decisión de adherirse a las leyes de bancarrota, luego de no haber sido capaz de reestructurar su deuda como había exigido el Gobierno de Estados Unidos. Además, señaló que cuenta con activos por un valor de u$s 82.300 millones y deudas por u$s 172.800 millones.

El plan prevé que la automotriz cierre 12 de sus plantas en Estados Unidos durante los próximos tres años, de modo que para 2012 cuente con 33 fábricas, y despida a 21.000 trabajadores afiliados al sindicato. La bancarrota de GM durará entre «60 y 90 días», dijo un representante del Gobierno norteamericano.

El Gobierno de EE.UU. aportará otros 30.000 millones de dólares a General Motors -que se suman a los u$s 20 mil millones que ya gastó- por lo que, a cambio, el Estado tendrá el 60% de las acciones de la compañía.

El Gobierno canadiense también participará en la reestructuración de la automotriz, mediante una financiación por u$s 9.500 millones, y quedará con el 12,5% de la nueva GM.

A su vez, los accionistas mantendrán el 10% y al fondo VEBA (Voluntary Employee Beneficiary Association) del sindicato United Auto Worker (UAW) le corresponderá el 17,5% de la nueva firma.

El fondo, que recibirá u$s 6.500 millones de acciones privilegiadas y asumirá una deuda de u$s 2.500 millones, podrá nombrar un director independiente en el consejo de administración, pero no gozará de ningún derecho a voto.

Nuevo inicio

«El consejo de administración lamenta que este camino ha sido necesario pese a los esfuerzos de muchos. Hoy supone un nuevo inicio para GM», afirmó el presidente del consejo de administración, Kent Kresea, a través de un comunicado.

En términos similares se expresó el máximo directivo del fabricante, el consejero delegado Fritz Henderson, quien aseguró que «hoy supone un momento clave en la reinvención de GM como una compañía más reducida, más atenta en el consumidor y más competitiva que, sobre todo, pueda generar rápidamente resultados positivos».

La nueva General Motors que emergerá de la quiebra será radicalmente distinta a la vieja empresa que dominó el sector durante décadas, con la mitad de marcas, bajo la tutela estatal y sin las pesadas cargas del pasado.

Eliminará también unos 2.400 concesionarios en todo el país para retener poco más de 3.600. Y mantendrá sólo cuatro de sus ocho marcas. Se quedará con Chevrolet, Cadillac, Buick y GMC y eliminará (ya sea a través de ventas o simplemente mediante el cierre) Pontiac, Saturn, Saab y Hummer.

Los abogados de la compañía presentaron el pliego del caso ante el Tribunal de Quiebras de Nueva York, que asignó el tema al juez Robert Gerber, un magistrado que ha supervisado las bancarrotas de empresas como Adelphia Communications y Ames Department Stores.

Acuerdos

Los principales acreedores de GM son una compañía fiduciaria que tiene bonos por valor de u$s 22.000 millones de dólares y el sindicato UAW, a quien se le deben u$s 20.600 millones de dólares que debían financiar las prestaciones sanitarias de los jubilados de la empresa.

Poco después de declararse en quiebra, la firma dijo que ha llegado a acuerdos con el Departamento del Tesoro de EE.UU. y las autoridades canadienses (el Gobierno federal y el de la provincia de Ontario) «para acelerar su reinvención y crear una 'Nueva GM' más reducida y fuerte».

Como estaba previsto, General Motors ha solicitado al juez Gerber que apruebe el mantenimiento de las garantías de sus vehículos y que están siendo respaldadas por los gobiernos de EE.UU. y Canadá.

Durante una rueda de prensa de casi una hora, Henderson explicó que la nueva empresa será más pequeña, pero más concentrada en productos y sus clientes, a los que pidió que no abandonen en estos momentos al centenario fabricante. «Quiero que nos den otra oportunidad», afirmó.

Con respecto a las subsidiarias de GM fuera de Estados Unidos y Canadá, aunque dijo que las «operaciones en México no están incluidas en la quiebra», reconoció que están afectadas por la caída de la demanda en Estados Unidos. Y repitió que la declaración de quiebra «no tendrá ningún impacto» en Europa, Sudamérica o Asia y que en estos lugares las subsidiarias seguirán operando «sin interrupciones».

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