10 de diciembre 2010 - 00:00

EE.UU. pierde el aura: ahora le llueven acusaciones de censura

Activistas se manifiestan frente a la embajada británica en Budapest, Hungría, en contra de la detención de Julian Assange. También en Pakistán tuvieron lugar protestas (iderecha).
Activistas se manifiestan frente a la embajada británica en Budapest, Hungría, en contra de la detención de Julian Assange. También en Pakistán tuvieron lugar protestas (iderecha).
Washington - El acoso al sitio WikiLeaks por parte del Departamento de Estado, que incluye boicots informático y financiero, y una ofensiva judicial contra sus responsables, generó una ola de críticas contra EE.UU. por la supuesta vulneración de la libertad de expresión. Entre otros, el ruso Vladimir Putin y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva expresaron su solidaridad con WikiLeaks por la batería de medidas en su contra lanzadas desde el Gobierno de Barack Obama.

Lula fue el primer jefe de Estado en defender públicamente al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, desde que éste fue detenido el martes en Londres en cumplimiento de la orden de extradición de la Justicia sueca por presuntos delitos sexuales.

Lula expresó: «WikiLeaks, mi solidaridad por la divulgación de las cosas, y mi protesta (contra el cercenamiento) de la libertad de expresión». Según Lula, el sitio web creado por Assange simplemente divulgó lo que ya estaba escrito. «El culpable por eso no es quien divulgó (esos cables), sino quien los escribió. Cúlpese a quien escribió esas tonterías».

La iniciativa de Assange «desnuda una diplomacia que parecía inalcanzable, la más correcta del mundo. Y lo detienen y no veo ni una protesta por la libertad de expresión», destacó el presidente durante una ceremonia en Brasilia.

Horas más tarde, fue el turno del primer ministro ruso y hombre fuerte de ese país, Vladimir Putin. «¿Por qué está en la cárcel? ¿Es esto la democracia?», contestó al ser interrogado en Moscú sobre cables filtrados por WikiLeaks en los que miembros de la administración estadounidense ponen en duda la democracia en su país. En la misma conferencia de prensa, sin embargo, el primer ministro francés tildó la filtración de los cables de «robo condenable», en la línea norteamericana.

A su vez, la alta comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, expresó preocupación por las presiones ejercidas sobre las empresas que trabajan con WikiLeaks desde el inicio de la divulgación de los 251.000 documentos confidenciales, el pasado 28 de diciembre, a través de cuatro medios europeos y The New York Times.

El tenor de los reclamos forzó al Gobierno de Obama a responder a las críticas. «Ningún país cree en la libertad de prensa más que EE.UU. Practicamos con el ejemplo», afirmó en un mensaje en Twitter el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley. «Mientras Julian Assange pone en peligro a los periodistas en los países autoritarios con la publicación de los cables, nosotros los protegemos», continuó Crowley. Otro vocero del Departamento de Estado alertó que «la detención de Assange no tiene nada que ver con WikiLeaks».

Mientras se daba este debate en las altas esferas, el grupo de ciberactivistas llamado Anonymous intensificaba su venganza (Operación Payback) contra oficinas estatales y empresas que de alguna manera actuaron en los últimos días contra WikiLeaks, aunque su última amenaza de atacar el gigante estadounidense de ventas por internet Amazon (una de cuyas subsidiarias desalojó al sitio de sus servidores) parecía haber fracasado.

Anonymous, un grupo que se organiza principalmente a través de un foro de internet, se atribuyó los ciberataques contra las empresas de tarjetas de crédito MasterCard y Visa.

Uno de sus presuntos «hacktivistas», de 16 años, fue detenido en Holanda por haber participado en estos ataques, anunció la fiscalía de ese país.

La web de Anonymous (anonops.net) tampoco podía consultarse ayer, al igual que su página en la red social Facebook. Sus cuentas de Twitter también fueron cerradas, aunque la propia naturaleza de internet permitía una rápida respuesta de los hackers. Un vocero del grupo, informático de profesión, que se presentó con el nombre de guerra de «Coldblood» (sangre fría), explicó en la radio británica BBC que Anomymous llevaba a cabo «una guerra informática» para «mantener internet abierto y gratis para todo el mundo».

«La campaña marcha bien y cada vez más gente se está uniendo y ayudando», agregó destacando un rápido incremento de las descargas de la herramienta que permite llevar a cabo los ataques distribuidos de denegación de servicio (DDOS), que consisten en bloquear o, al menos, sobrecargar una web accediendo a ella simultáneamente desde un gran número de equipos.

Los ciberpiratas también atacaron webs oficiales en Suecia, país que busca la extradición de Assange para interrogarlo, incluida la del Gobierno (www.regeringen.se), bloqueada ayer durante varias horas, según el diario Aftonbladet.

También apuntaron sus ataques contra la fiscalía y los abogados de las dos mujeres que acusan a Assange de «violación y agresión sexual».

Además, fueron hostigadas las webs de la ex candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos Sarah Palin y del senador estadounidense independiente Joe Lieberman, dos de los políticos que lideran la oposición a WikiLeaks en su país. Mientras tanto, Assange pasaba su segundo día en la prisión londinense de Wandsworth, donde recibió la visita de sus abogados.

Agencias AFP, Reuters, EFE, ANSA y DPA

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