"EE.UU. reaccionó mejor que Europa a la crisis"

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ENTREVISTA AL ECONOMISTA MOHAMED EL-ERIAN, INFLUYENTE PENSADOR, CEO Y CO-GERENTE DE PIMCO: En esta entrega de «El mundo en crisis», el economista y también historiador Emilio Ocampo entrevista al economista egipcio Mohamed El-Erian. Para el influyente pensador, EE.UU. manejó bien la crisis en sus comienzos, pero «no hizo el esfuerzo necesario para reformar su economía». Sobre la situación europea, en tanto, la considera «más aguda y urgente», advirtiendo que «el esfuerzo de integración se basó en un diseño incompleto». Ambas crisis -concluye- «se han complicado por cuestiones políticas». Cree que China seguirá creciendo aunque no a tasas del 10% y que «evitará un aterrizaje forzoso».

Mohamed El-Erian nació en Egipto y es CEO y co-gerente de inversiones de PIMCO -un fondo de inversiones global con 1,8 billón de dólares bajo gestión con sede en Newport Beach, California-, adonde se incorporó a fines de 2007 después de servir durante dos años como presidente y CEO de Harvard Management Company, entidad que gestiona las inversiones de la Universidad de Harvard. El-Erian también se desempeñó como miembro del cuerpo de profesores de la Escuela de Negocios de la Universidad Harvard. Antes de llegar a PIMCO fue director gerente de Salomon Smith Barney en Londres y antes de eso pasó 15 años en el Fondo Monetario Internacional. Ha publicado numerosas obras sobre economía internacional y temas de finanzas. Su libro «Cuando los mercados chocan» fue un best-seller del New York Times y el Wall Street Journal, ganó el premio Financial Times/Goldman Sachs 2008 al Libro de Negocios del Año y fue elegido como uno de los libros del año por The Economist y uno de los mejores libros de negocios de todos los tiempos por el diario The Independent (Londres). El-Erian fue incluido en la lista de los 100 pensadores globales mas influyentes de la revista Foreign Policy en 2009, 2010 y 2011. Ha servido en varias juntas y comités, entre ellos el Treasury Borrowing Advisory Committee, el International Center for Research on Women, el Peterson Institute for International Economics y el Committee of Eminent Persons del FMI. Es miembro del consejo de la NBER, la Fundación Carnegie para la Paz Internacional y Cambridge en Estados Unidos. Obtuvo su maestría y doctorado en Economía de la Universidad de Oxford y recibió su licenciatura de la Universidad de Cambridge.

Emilio Ocampo: ¿Qué lo atrajo al estudio de la economía y qué economistas lo influyeron en sus épocas de estudiante?

Mohamed El-Erian: Me enamoré de la ciencia económica a los 15 años cuando estaba en el secundario, me entusiasmé con un tema que tenía que ver con la realidad diaria, que suministraba herramientas para entender mejor las tendencias sociales y políticas y permitía la formulación de respuestas a partir de principios básicos. Este enamoramiento floreció en la Universidad de Cambridge. Allí me encontré con un grupo increíble de intelectuales y líderes de opinión, incluyendo profesores que habían conocido personalmente y trabajado de cerca con John Maynard Keynes, el famoso e influyente economista. Todos ellos tuvieron gran influencia sobre mí, además del enfoque educacional que requería que recurriéramos siempre a las fuentes originales. De hecho, durante mis años de estudio en Cambridge (graduado) y Oxford (posgraduado) nunca abrí un libro de texto. En Cambridge también tuve el privilegio de estar expuesto a cuatro escuelas de pensamiento económico: keynesiana, marxista, neo-clásica y neo-ricardiana. Fue una excelente manera de ilustrar, y además de permitirme apreciar, el hecho de que hay diferentes maneras de mirar el mismo problema y cada una tiende a darnos perspectivas útiles.

E.O.: Se ha escrito mucho sobre la crisis. Al final de cuentas... ¿fue consecuencia de mucha o poca intervención/regulación del Gobierno?

M.E.: Desafortunadamente no hay una respuesta simple y rápida para la pregunta sobre si hubo demasiada o muy poca regulación. La crisis actual resalta cinco factores que juntos presentan un gran desafío, particularmente para las economías occidentales. En primer lugar, demasiado endeudamiento. En la década previa, Occidente -y especialmente aquellas economías muy dependientes de su sector financiero- se embarcaron en una «gran era» de apalancamiento, deuda y fácil acceso al crédito. La gente se sintió con derecho a comprar cosas no en base a su nivel de ingresos sino en su acceso al crédito. Y llevaron este proceso a un extremo. Esta «gran era» -no «gran» en el sentido de maravillosa sino mas bien de una fase histórica exagerada- se combinó con el segundo factor clave: un nivel de inversión insuficiente en los sectores que lideran el crecimiento económico sostenible y la creación de empleos. En tercer lugar, a los responsables de la elaboración de políticas económicas les tomó mucho tiempo darse cuenta de que enfrentaban desafíos seculares y estructurales. Y al enfocarse excesivamente en cuestiones cíclicas, su respuesta en términos de política económica fue mas táctica que estratégica, más secuencial que simultánea y más parcial que integral. En cuarto lugar, la polarización política complicó aún más las cosas tanto a nivel nacional (por ejemplo en Estados Unidos) como regional (Europa). Finalmente, excepto por un corto período, en 2009, que culminó en la cumbre exitosa del G-20 en Londres, la coordinación multilateral ha sido mucho menor de lo que requerían las circunstancias, un desafío que se ha visto agravado por la falta de legitimidad y representatividad del FMI.

E.O.: Transcurrió aproximadamente un año desde que se sintieron los primeros síntomas de la crisis subprime hasta el colapso de Lehman Brothers. Han transcurrido más de dos años y medio desde que se sintieron los primeros síntomas de la crisis de la eurozona y nada comparable ocurrió en Europa. ¿Cuál manera de confrontar la crisis es mejor: la norteamericana («tomar el toro por las astas») o la europea («patear la pelota al córner»)?

M.E.: Planteada en esos términos, la respuesta es la norteamericana. Sin embargo, EE.UU. no ha logrado sostener el esfuerzo necesario para reformar su economía. Quienes elaboran las políticas en Estados Unidos, y sus jefes políticos, hicieron un buen trabajo en el manejo de la crisis. Respondieron con energía y de manera integral. Pero a partir de entonces el impulso reformista se estancó y consecuentemente la recuperación del nivel de empleo en Estados Unidos fue muy por debajo de lo deseable. La tasa de desempleo permanece demasiado alta, la falta de trabajo estructural y para la gente joven genera gran preocupación y la sustentabilidad a largo plazo de las cuentas públicas todavía es demasiado incierta.

E.O.: ¿Qué encuentra de similar entre la crisis que afectó a Estados Unidos y la que afecta actualmente a Europa?

M.E.: En su raíz, ambas crisis reflejan la conjunción de poco crecimiento y demasiado endeudamiento. Ambas crisis se han complicado por cuestiones políticas y una respuesta gubernamental desequilibrada que ha dependido demasiado de la acción de los bancos centrales. Por supuesto que la crisis europea es mucho más aguda y urgente. Y lo que es importante, también demuestra que el esfuerzo de integración europea se basó en un diseño incompleto. Por ello el énfasis actual, y correcto a mi juicio, de suplementar la unión monetaria con la unión fiscal y bancaria y una mejor integración política.

E.O.: ¿Cómo ve la economía mundial de acá a diez años? ¿Cuáles países serán ganadores y cuáles perdedores una vez que el mundo salga de la crisis?

M.E.: Luego de un período relativamente difícil, es muy probable que la convergencia entre las economías emergentes y las avanzadas continúe y se acelere. Este proceso de convergencia sacará a millones de personas de la pobreza. Y la economía global perderá algunas de las características unipolares que hoy la distinguen. El regionalismo probablemente va a ser más importante.

E.O.: Hablemos de los economistas difuntos y de la influencia de sus ideas. Friedman vs. Keynes: Las teorías de cuál de ellos permitirán a los gobiernos de los países avanzados encaminar a sus economías hacía una recuperación.

M.E.: Ambos son importantes. Y yo agregaría a Hyman Minsky. También enfatizaría la importancia de que los líderes del mundo occidental aprendan de las crisis del mundo emergente, especialmente la importancia de resolver el problema del exceso de endeudamiento.

E.O.: Hay quienes sostienen que esta crisis significa el fin del capitalismo ¿Cuál es su opinión?

M.E.: No, no es el fin del capitalismo. Es más probable que marque la reforma del capitalismo, incluyendo un escepticismo más saludable respecto de los mercados libres y sistemas financieros insuficientemente regulados.

E.O.: El mundo desarrollado exhibe ratios de Deuda Pública sobre PBI no vistos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y altísimos déficits fiscales. Además, la mayoría de los países tienen una población que envejece, lo cual aumentará la presión sobre el gasto público. ¿Cómo podrán los gobiernos manejar la situación sin recurrir al default o a la reestructuración de su deuda?

M.E.: Que yo sepa sólo hay cinco maneras que individual o combinadamente permiten resolver el problema del exceso de endeudamiento y evitar décadas de estancamiento y crisis financieras recurrentes. La primera y más preferible es a través de mayor crecimiento económico. La segunda, a través de la represión financiera, mediante la cual las tasas de interés se mantienen artificialmente bajas para transferir ingresos de los acreedores a los deudores. La tercera, el default. La cuarta, una inflación no anticipada; y la quinta, austeridad. Frente a tasas de crecimiento insuficiente, Occidente ha ensayado varias combinaciones de estas alternativas. Estados Unidos ha optado por la represión financiera, el Reino Unido por la austeridad y Grecia por el default. Sospecho que en el futuro veremos más combinaciones y permutaciones de estas alternativas.

E.O.: ¿Es sostenible el crecimiento económico que China ha experimentado en las últimas dos décadas?

M.E.: China seguirá creciendo de manera robusta pero no a tasas del 10%. Y esto es así por dos razones. En primer lugar, como antes lo hicieron otros países, China afronta el desafío de una transición hacia una economía de clase media. En segundo lugar, su entorno externo, incluyendo su capacidad exportadora, se ve desafiado por la recesión que afecta a Europa y Estados Unidos. Pese a todo, creemos que China va a evitar un «aterrizaje forzoso» y que en los próximos diez años su tasa de crecimiento promedio se ubicará en el rango del 7-8% , declinando a un 5-6%.

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