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EE.UU. sin señal de pronta mejoría
Barack Obama
(-19,7%) dejaron de contribuir a favor. Y en un mundo donde la crisis barre sin contemplaciones, no existe seguridad de que su cuota de apoyo podrá reponerse pronto. La única robustez la proveyó, en soledad, el gasto público del Gobierno central (+5,8%) ya que estados y municipios (-0,5%) están paralizados por la asfixia de sus finanzas.
Se descontaba que la economía, de octubre a diciembre, había sufrido un traspié superior al 5%. El informe de avance -la primera lectura tentativa de las cifras, sujeta a dos revisiones posteriores- arrojó una contracción menor: un 3,8%. Pero ello no altera el cuadro. Sumando 1,3 punto del producto que se llevan los inventarios, la merma de la demanda final alcanzó el 5,1%. Hay que retroceder dos décadas y media para hallar guarismos comparables. Desde 1982 que no se observaba un repliegue tan pronunciado del producto bruto; en el caso de la demanda final, el símil data de 1980.
La recesión de los EE.UU. reconoce dos etapas muy diferentes. El tramo inicial fue suave. Promovió una progresiva contracción del ingreso nacional y el empleo, pero gracias al primer paquete fiscal de estímulo -aquel aprobado en febrero 2008-, no descarriló la marcha del producto bruto ni del ingreso personal disponible. Es verdad que la economía entró en un plano inclinado de mayor pendiente, y de difícil escapatoria, cuando se agotó la devolución de impuestos y, allá por julio último, el vuelo del consumo comenzó a perder altura. Pero el estallido de Lehman, a mediados de setiembre, produjo el verdadero quiebre. Y desató, en todo el globo, la caída libre de la economía real. Este tramo de curso violento dista de apaciguarse. La inspección de los indicadores laborales de enero -apuntando a la estrecha correlación entre ocupación y producto- augura un deterioro acentuado. Una variable líder como las solicitudes de seguro de desempleo, cuyo pulso registra mediciones semana a semana, traza un cuadro de agitación en alza. Así, enero se insinúa como otro mes que destruye medio millón de puestos de trabajo netos, el tercero consecutivo, en los EE.UU. Desde ya, 2009 no arranca con buen pie.
La crisis del mercado de la vivienda fue la que encendió la mecha del vendaval financiero que terminó hundiendo a la economía en el mar de los Sargazos. Sus vicisitudes, puede decirse, pertenecen a la prehistoria de la recesión. Pero cuatro años después, el exceso de oferta persiste sin solución. La construcción residencial cayó un 7,1% en 2006, un 17,9% en 2007 y, el año pasado, un 20,8%. Suma doce trimestres consecutivos en repliegue; once de ellos con mermas de dos dígitos. El último período no desentona, acusó una caída del 23,6%. La novedad, en el tercer trimestre, fue que el gasto de capital no residencial -esto es, la inversión que comandan las empresas- se unió a la tendencia bajista. Lo hizo en forma leve -1,7%-, pero en los tres meses finalizados en diciembre el derrumbe fue estruendoso: un 19,1%. El gasto en equipos y software se pulverizó un 27%. La inversión fija es una tajada pequeña del producto bruto, pero su ajuste descomunal contribuyó a una caída de 3,12 puntos; superior a la que provocó el consumo (2,47 puntos del PBI).
El consumo privado fue el emblema de la expansión extraordinaria que vivieron los EE.UU., con sólo esporádicas y muy leves interrupciones, desde 1982 hasta el filo de 2007. En la breve recesión de 2001, como nunca, el gasto del consumidor no se contrajo ni un solo trimestre. Su actual caída a plomo es el mejor ejemplo del cambio de época: se redujo un 3,8% en el tercer trimestre y, en el cuarto, un 3,5%. El consumo de bienes durables, que cae por cuarto período consecutivo, se precipitó un 14,8% y un 22,4%, respectivamente. Se trata, pues, de un viraje profundo de tendencia. Desde ya, no puede hablarse todavía de una depresión. La economía, en la comparación interanual, cayó apenas un 0,2%. En paralelo, el nivel de consumo privado se ubica un 1,3% por debajo del cuarto trimestre de 2007. Debe quedar claro que no sólo los intermediarios financieros recortan su leverage, el consumidor también busca desendeudarse con rapidez. Como resultado, la tasa de ahorro personal, medida como proporción del ingreso disponible, subió de un promedio de un 0,6% en 2007 a un 1,7% en 2008. Pero el proceso es más agresivo: en el cuarto trimestre trepó a un 2,9%. Más afán de austeridad, más se hunde la economía. De ahí la pretensión de las nuevas autoridades de apuntalar el ingreso personal disponible para que las familias recompongan sus niveles de ahorro sin tener que podar drásticamente su consumo presente.
Si no fuera porque la Administración Obama empujará acciones agresivas en frentes críticos -desde el paquete fiscal de incentivos hasta lo que se promete será un plan comprensivo para estabilizar las finanzas-, habría que tachar por anticipado, como en la generala, el casillero de una recuperación en 2009. El giro prometido de la política económica con la llegada de Barack Obama no garantiza el éxito de antemano pero, al menos, mantendrá viva la llama de una expectativa.

