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Efecto Rossi: Domínguez se apropia de Diputados
Julián Domínguez
Desde ese momento, Domínguez no dejó se acumular funciones, sobre todo en las negociaciones con la oposición a la hora de garantizar las sesiones complicadas.
Pero la partida de Rossi al Ministerio de Defensa aceleró ese ritmo.
No es un secreto que Domínguez participó de la decisión para elegir al vicepresidente del bloque kirchnerista, cargo que quedó vacante cuando Juliana Di Tullio subió a la jefatura de la bancada.
Frente al intento de avance de otros bonaerenses, Domínguez terció para que el lugar quedara para el salteño Pablo Kosiner.
Con Domínguez y Di Tullio en sus cargos, la provincia de Buenos Aires no podía aspirar a forzar una nueva vicepresidencia en la bancada.
Ese equilibrio en la negociación fue también un guiño de control al peronismo bonaerense oficialista. No extrañó entonces que redoblara la apuesta con la frase sobre el destino de los "tibios" en política que jugó en el mismo sentido, pero hacia Daniel Scioli.
Las oficinas de la presidencia son lugar de peregrinación habitual para los diputados de todos los bloques. Es allí donde deben solucionarles hasta los problemas más nimios. Y, en general, los jefes de la Cámara que acumulan poder son precisamente quienes pueden aprovechar ese "incómodo" trabajo.
Domínguez, a poco de haber llegado, ya había comenzado a tejer una relación personal con cada diputado, algo que normalmente corresponde al jefe de la bancada.
Podría decirse que en el caso del kirchnerismo la relación se repartía 50 y 50 entre Domínguez y Rossi. Ahora la concentración de acrecentó.
El nuevo esquema aparece con Di Tullio manejando las cuestiones técnicas de los temas por tratar, Teresa García organizando quórum y evitando ausencias y Domínguez negociando hacia fuera y dentro del oficialismo.
Ese efecto se produjo también con la oposición: la circulación de jefes de bloque por el despacho de Domínguez es continua y es allí donde habitualmente se liman los conflictos que el kirchnerismo genera cuando presiona para sacar leyes en trámite exprés que la oposición rechaza.
Ese esquema hoy es vital para el Gobierno. Como se sabe, en las últimas sesiones al oficialismo no le sobraron los votos para aprobar temas espinosos, como la reforma judicial o el blanqueo. Casi todas esas leyes salieron con 130 votos oficialistas. Alcanza y sobra para la aprobación, pero es un límite peligroso frente a la oposición.
El Gobierno está acostumbrado a gobernar con DNU y pedir leyes en tiempo récord. Por ahora lo seguirá logrando, pero debe comenzar a negociar.


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