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Efecto Rumania: el Gobierno descarta acercarse al Fondo
Néstor y Cristina Kirchner y Amado Boudou.
Según la visión oficial, elaborada a partir del seguimiento de las negociaciones del Fondo con diferentes estados, por ahora nada ha cambiado dentro del FMI desde el estallido de la crisis hasta estos días. El ex presidente considera que, por ahora, las declaraciones de Barack Obama y del titular del organismo, Dominique Strauss-Kahn, no se plasmaron en los hechos. Incluso, aseguran los Kirchner, algunos de los acuerdos que se cerraron con países son los mismos que el FMI negociaba durante los 90.
En particular los informes que recibió Néstor Kirchner refieren a seis casos puntuales: Rumania, Hungría, Bielorrusia, Serbia, Ucrania y Letonia. En los ejemplos, los paquetes de ayuda forman parte de un programa general llamado Préstamos para Luchar contra la Pobreza, que surgieron como respuesta del G-8 para canalizar un total de u$s 200.000 millones aportados por los países centrales y que, en teoría, siempre según la visión de Olivos, deberían haber sido distribuidos en función de los efectos de la crisis y con absoluta flexibilidad. En otras palabras, sin exigir los planes de ajuste fiscal.
Con especial interés siguió el ex presidente el acuerdo por unos u$s 20.000 millones que en marzo pasado recibió el Gobierno rumano. Este dinero llegó en conjunto de parte del FMI, el Banco Mundial y la Unión Europea, con el objetivo de «evitar el colapso económico que condene a la población a la pobreza», según la definición de Jefrey Franks, representante para este país del Fondo.
Gasto público
El capítulo que enervó a Olivos del acuerdo rumano (repetido además en los casos de Hungría y Letonia) es que la misión que encabezó Franmks exigió una reducción del gasto público hasta llevar el déficit a no más del 4,5% y una reforma fiscal integral. El FMI pide además para Rumania una rebaja en la política de subsidios sociales, una revisión del sistema impositivo a las rentas (incrementando las alícuotas) y un fortalecimiento de la independencia monetaria del Banco Central rumano.
El envío de los fondos está supeditado a la disminución radical del gasto público en un plan de dos años, y de no lograrse las primeras metas de contracción del déficit fiscal dispuestas para el primer semestre de 2010, el acuerdo no descarta avanzar sobre recortes salariales. Esto fue denunciado en Bucarest por la oposición socialdemócrata y habría obligado al presidente Traian Basescu a comparecer ya dos veces en el Parlamento.
Especulación
Recuerdan en Olivos que en los seis casos de la ex Europa del Este, se trata de estados con buenas relaciones previas con el FMI y que los planes de ajustes se realizaron dentro de las misiones habituales que los técnicos realizan por la región. Especulan, con bastante sentido de la realidad en este caso, cerca del ex presidente, que de concretarse un acercamiento con el FMI para la Argentina, las exigencias serán mucho mayores que un ajuste fiscal del tipo del que se aplicó para los estados europeos, y que se sumarían exigencias vinculadas a la manipulación del INDEC, la liberalización y normalización del comercio exterior, la revisión de la política de subsidios sociales y la reelaboración del esquema tarifario local. Como se ve, un panorama más que inaceptable para el pensamiento de los Kirchner.
Boudou había comenzado a sondear dentro del gabinete la posibilidad de conseguir algún tipo de apoyo interno para avanzar en negociaciones con el FMI. El ministro de Economía tiene en carpeta no sólo conversar con Eyzaguirre en su próxima visita al país, sino también invitar al organismo como veedor de las reformas en el INDEC como paso para demostrar buena voluntad entre las partes. La intención de Boudou es que a mediano plazo, antes de fin de año, haya algún tipo de principio de acuerdo con el Fondo en relación con el Club de París (en lo posible, con la intervención pasiva del FMI), que le permita volver a comienzos de 2010 a los mercados financieros mundiales voluntarios. Aparentemente, los últimos pasos del organismo que maneja Strauss-Kahn no le permitirán al ministro moverse con mucho entusiasmo.


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