4 de julio 2013 - 00:00

Egipto: se consumó el golpe y se desata la represión

Los manifestantes que lograron ayer la caída del Gobierno islamista de Egipto reaccionaron con euforia tras el éxito de la asonada militar. Abdel Fatah el Sisi asoma como el nuevo hombre fuerte del país y quien dará forma a la transición.
Los manifestantes que lograron ayer la caída del Gobierno islamista de Egipto reaccionaron con euforia tras el éxito de la asonada militar. Abdel Fatah el Sisi asoma como el nuevo hombre fuerte del país y quien dará forma a la transición.
El Cairo - Al menos cinco muertos, emisoras televisivas ocupadas por militares, tanques en las calles y el arresto del derrocado presidente egipcio, Mohamed Mursi, son las primeras consecuencias del golpe de Estado en Egipto que ayer suspendió la Constitución, nombró a un desconocido juez a cargo del país y prometió llamar a elecciones, aunque sin plazos.

La transición ordenada por las Fuerzas Armadas porque "el presidente no cumplió con las demandas del pueblo" contó con el apoyo de un amplio grupo de líderes políticos opositores, religiosos y de agrupaciones juveniles. En un discurso televisado, en el que apareció rodeado de figuras políticas y religiosas, el general Abdel Fatah al Sisi, ministro de Defensa, declaró la remoción efectiva de Mursi y dio a conocer la hoja de ruta para lo que denominó "el retorno a la democracia", pese a que el golpe cívico-militar puso fin al primer Gobierno elegido democráticamente en Egipto.

"Quienes estuvieron en la reunión acordaron una hoja de ruta que incluye pasos iniciales para alcanzar la construcción de una sociedad egipcia fuerte que sea cohesiva y no excluya a nadie y ponga fin al estado de tensión y división", dijo Al Sisi, quien anunció la suspensión de la Constitución.

El juez Adli Mansur, presidente de la Corte Suprema Constitucional -un órgano que se enfrentó con Mursi en su año de mandato- será el jefe de Estado interino, asistido por un consejo y un Gobierno tecnócrata hasta que se convoque a nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias. Mansur llevaba dos días como presidente de la máxima autoridad constitucional egipcia y había sido designado en el cargo por Mursi.

Tras el discurso, miles de manifestantes que se oponían al Gobierno islamita comenzaron a celebrar en la plaza Tahrir de El Cairo, gritando, haciendo ondear banderas y prendiendo fuegos artificiales. Muchos salieron a recorrer la ciudad en sus autos haciendo sonar las bocinas.

El ánimo festivo de quienes apoyaron el golpe militar contrastó con las primeras medidas del nuevo régimen que llegaron a la calle. Al menos cinco personas murieron cuando opositores y partidarios del depuesto presidente se enfrentaron en el interior del país.

En la ciudad mediterránea de Alejandría se escucharon disparos mientras los manifestantes arrojaban piedras y ladrillos. Al menos una persona murió y otras 50 resultaron heridas, mientras que en Marsa Matrouh cuatro civiles fallecieron en enfrentamientos.

En tanto, las fuerzas de seguridad egipcias interrumpieron la difusión de una cadena de televisión que pertenece a la Hermandad Musulmana y empleados de la filial egipcia de la cadena qatarí Al Yazera fueron detenidos tras la difusión del discurso de Mursi.

También fueron arrestados dos líderes islamistas de la Hermandad Musulmana. Saad al Hatatni, que preside el Partido de la Libertad y la Justicia, el brazo político de La Hermandad Musulmana, y Rashad Bayumi, vicepresidente del movimiento islamista.

Durante la jornada, las Fuerzas Armadas dijeron estar dispuestas a derramar sangre contra "los terroristas y necios" mientras que vehículos blindados patrullaban los alrededores de la sede central del canal de televisión estatal -donde todo el personal no esencial fue evacuado- y las calles de las principales ciudades del país.

Aunque Estados Unidos evitó utilizar la palabra "golpe" para referirse a los acontecimientos en Egipto, dejó claro la necesidad de que haya un Gobierno civil electo (ver aparte). Y no por casualidad, ya que están en juego unos 1.300 millones de dólares en ayudas militares a uno de sus aliados cruciales en la región. Si el mandatario Barack Obama reconociera que Mursi sufrió un golpe de Estado la ley obligaría al Pentágono a cortar inmediatamente cualquier tipo de subvención.

En tanto, el derrocado mandatario envió mensajes a través de sus cuentas de Twitter y Facebook condenando el golpe y exortando a sus seguidores a defender la revolución de forma pacífica. Su paradero permanecía desconocido y había informaciones contradictorias al respecto: allegados afirmaron que estaba refugiado en una mezquita en la ciudad de Naser mientras que Ahmed Aref, el portavoz de la Hermandad, dijo que había sido arrestado junto a uno de sus asesores, Esam al Hadad, y aseguró no saber a dónde habían sido trasladados. Otra versión, difundida por el movimiento, indicada que se encontraba en el cuartel de la Guardia Republicana. Más temprano ayer, fuentes de seguridad dijeron que se había impuesto una prohibición de viajes internacionales a Mursi y otros miembros de alto rango de La Hermandad.

La interrupción del orden democrátcio contó con la activa participación del Premio Nobel de la Paz, Mohamed ElBaradei, escogido por la oposición egipcia para representarla durante la transición política anunciada por el Ejército.

Agencias Reuters, AFP, EFE, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero

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