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El agente de inteligencia naval que mandaron a morir al mar
• FAMILIARES DE TRIPULANTES DEL ARA SAN JUAN ANALIZAN DEMANDAR AL ESTADO POR HOMICIDIO CULPOSO
La historia del cabo principal Enrique Damián Castillo evidencia el nivel de improvisación de la Armada. Un documento confidencial revela la temeraria misión encomendada al ARA San Juan antes de su desaparición.
Inexperto. Al cabo principal Enrique Castillo (primero a la izquierda) lo enviaron a una misión muy riesgosa sin la debida preparación. Como a otros tripulantes del ARA San Juan, en la última travesía le asignaron una cucheta improvisada debajo de los torpedos del submarino.
Confidencial. Documentos secretos de la Armada fechados en octubre de 2017 dejan constancia de la misión encomendada al submarino ARA San Juan durante su derrota entre el puerto de Ushuaia y la base naval de Mar del Plata: localizar e identificar buques que incumplieran con las leyes, bajo un protocolo de "elevada alerta".
Un viejo dicho de la Marina sostiene que la fuerza se divide entre submarinistas y el resto. El perfil de estos particulares soldados del mar debe ser especial en cuanto a su temple, preparación psicológica para el ámbito cerrado, pequeño y de convivencia. No se trata de un oficio sencillo. Requiere de entrenamientos muy específicos, como por ejemplo el requerido para los casos de escape. Esa práctica se efectúa periódicamente porque requiere de mucha precisión y destreza. Según testimonios que obran en la causa investigada por el juzgado federal de Caleta Olivia, "si un tripulante no fuera submarinista -como el caso de Castillo, que era personal de Inteligencia-, se les realiza un adiestramiento previo muy intensivo que el cabo principal NO TUVO". De acuerdo con el relato suministrado por varios testigos, el suboficial que permanece desaparecido junto a los otros 43 tripulantes del ARA San Juan "ni siquiera sabía colocarse el traje especial que se utiliza en caso de emergencia, que tiene un sistema especial de presurización que le permite salir a flote". El último simulacro de escape que hicieron los tripulantes del submarino de cuyo paradero nada se sabe desde el 15 de noviembre de 2017 fue a mediados de 2016, con la división de buzos tácticos de la Armada.
Tras evaluar la información obrante en la causa, los abogados de familiares de los tripulantes del submarino sostuvieron que la Armada "ocultó pruebas y distrajo la investigación" y solicitaron a la Justicia que investigue por "falso testimonio" a varios testigos e impute de manera directa a la fuerza por "negligencia en la puesta en marcha del protocolo de búsqueda" y "encubrimiento" de las verdaderas razones de la desaparición. "Estamos convencidos de que algo huele mal en la Armada", sostuvo Valeria Carreras, quien junto con Fernando Burlando patrocina a esposas e hijos de casi un tercio de los tripulantes de la nave desaparecida.


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