Jordan Belfort pasó de cumplir una condena por delitos financieros a construir una carrera internacional como autor y expositor. Su historia se hizo conocida en todo el mundo gracias al libro autobiográfico que inspiró una de las películas más exitosas sobre el mundo bursátil, "El lobo de Wall Street".
El verdadero Lobo de Wall Street gana millones en conferencias, pero no les paga a las víctimas de su fraude
La historia detrás del personaje famoso revela cómo es que su éxito público convive con una deuda polémica que no parece ser saldada.
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El hombre en el que se inspiró la famosa peícula se Scorsese sigue acumulando millones a pesar de los conflictos legales.
Mientras miles de personas pagan para escucharlo en eventos empresariales, todavía existe una controversia que nunca desapareció. Aunque aseguró haber cumplido con la obligación impuesta por la Justicia, los registros públicos muestran que la mayor parte del dinero destinado a resarcir a quienes perdieron sus ahorros jamás llegó a destino.
Quién es Jordan Belfort, la inspiración de la taquillera película
Jordan Belfort fue fundador de la firma bursátil Stratton Oakmont, empresa que durante la década de 1990 llevó adelante un esquema de manipulación de acciones y fraude financiero que provocó pérdidas de u$s200 millones entre miles de inversores.
Las autoridades federales de Estados Unidos lo detuvieron en septiembre de 1998 por fraude bursátil y lavado de dinero, pero para reducir su condena, un año más tarde aceptó los cargos y colaboró con la investigación judicial, aportando pruebas contra antiguos socios y empleados.
En julio de 2003 recibió una pena de cuatro años de prisión, aunque finalmente permaneció encarcelado durante 22 meses y recuperó la libertad el 28 de abril de 2006. Ese mismo fallo judicial también estableció que debía devolver u$s110,4 millones a 1.513 personas afectadas por las maniobras de Stratton Oakmont.
La figura pública de Belfort cambió tras publicar sus memorias, el título "El lobo de Wall Street" dio origen a la película estrenada en 2013, dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo DiCaprio.
De todas formas, lo que muchos no saben es que el apodo "Lobo de Wall Street" no se dio durante su carrera como corredor de bolsa ni fue creado por la revista Forbes, como muestra la película. Belfort adoptó ese nombre mientras escribía su libro después de salir de prisión y el artículo que la revista financiera publicó sobre él en 1991 llevaba otro título.
El negocio millonario de sus conferencias alrededor del mundo
El éxito de la película hizo que Belfort construyera un negocio basado en conferencias, capacitaciones comerciales, asesorías privadas, cursos de ventas, libros y programas para empresas. Su página oficial ofrece entrenamientos para vendedores, consultorías y distintos programas de formación. También publicó nuevos libros y presenció eventos de inversiones, criptomonedas, inteligencia artificial y emprendimientos.
Según datos presentados por fiscales federales estadounidenses, Belfort obtuvo alrededor de u$s9 millones solamente por conferencias entre 2013 y 2015. También organizó seminarios privados de alto valor económico y en uno de esos encuentros sobre criptomonedas, realizado en Miami, cada asistente pago u$s40.000 por participar.
A pesar de esos ingresos, las autoridades sostuvieron durante distintos procesos judiciales que ese crecimiento económico no se reflejó en una reducción importante de la deuda pendiente con las víctimas. Incluso en 2018 la fiscalía volvió a solicitar medidas judiciales para embargar parte de esos ingresos y para colmo, en una audiencia de ese año, Belfort no estuvo presente porque se encontraba en Lituania para brindar una conferencia paga.
La condena que no fue saldada: u$s110 millones que nunca se pagaron
La sentencia de 2003 fijó una restitución de u$s110,4 millones y apenas dictado el fallo, el Gobierno estadounidense recuperó u$s11 millones mediante la incautación y venta de bienes pertenecientes a Belfort, pero los pagos posteriores fueron mucho menores. Entre 2007 y 2009 abonó u$s700.000, en 2010 no realizó ningún pago, durante el 2011 entregó u$s21.000 y en 2012 otros u$s158.000.
Ese bajo nivel de cumplimiento motivó nuevas acciones judiciales y en 2013 ambas partes acordaron un nuevo esquema que estableció un pago mínimo de u$s10.000 por mes, equivalente a u$s120.000 anuales. Incluso si hubiera cumplido exclusivamente con ese mínimo hasta abril de 2026, el monto apenas habría agregado alrededor de u$s1,5 millones, mucho menos que la deuda pendiente.
Las estimaciones públicas más recientes indican que las víctimas recibieron u$s13,75 millones en total. De ese monto, cerca de u$s11 millones provinieron de bienes decomisados por el Estado y no de pagos voluntarios hechos tras recuperar la libertad. Eso implica que hay u$s96,65 millones que nunca fueron restituidos.
El 28 de abril de 2026 venció el plazo legal de 20 años que la legislación federal estadounidense establece para exigir el cobro de este tipo de restituciones. Belfort celebró públicamente el cierre de esa obligación y afirmó que había cumplido con lo ordenado por la Justicia.
De todas formas, el vencimiento del plazo legal no implicó que los u$s110,4 millones hubieran sido abonados, ya que las víctimas recuperaron apenas el 12,5% del dinero que el tribunal había ordenado devolver, mientras el resto quedó sin cobrarse tras el fin del período previsto por la ley.
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