¿Desde cuándo tenemos los hombres la capacidad de ahorrar, es decir, la de posponer un consumo inmediato para lograr un beneficio futuro? En teoría desde que tenemos conciencia del yo y del tiempo, es decir, al menos desde la aparición del homo ergarster hace 1,8 millón de años (y posiblemente desde hace 2,5 millones de años; guijarro de Makapansgat, SA). La evidencia física más antigua en este sentido se vincula con el uso del fuego ningún otro animal lo utiliza-, hace un millón de años dentro de contextos arqueológicos (Cueva Wonderwerk, SA) o 1,6 millón en campamentos nómades (Koobi Fora, Kenya). El fuego, además de abrigo, arma, luz y herramienta se empleaba para cocinar los alimentos, una decisión que implica posponer voluntariamente un consumo inmediato para hacerlo más tarde con un rédito, lo que cae dentro de la definición de ahorro. Dejando de lado la discusión del sabor como rédito -somos el único animal que prefiere viandas cocinadas-, la cocción redujo el tiempo de alimentación del 48% al 5% de la actividad diaria al hacer más digeribles los alimentos, dándoles más tiempo libre a los homo para socializar y pensar en el futuro, permitiendo un mayor desarrollo cerebral al eficientizar la asimilación de las calorías (el cerebro humano consume el doble de calorías que el de los chimpancés). Si bien hasta hoy la constancia más antigua de ahorro "financiero" son las casi 12.000 cuentas de collar de las tres tumbas de Sungir (24.000 a.C.), existen más que sobradas pruebas de que los humanos y nuestros antepasados venimos ahorrando hace más de un millón de años. (Continuará.) El Dow se recuperó ayer el 0,47% al cerrar en 15.445,24 puntos. Nada nuevo.
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