"El ahorro promueve la avaricia y es poco solidario con el resto de los connacionales". "El ahorro retrasa la expansión y el crecimiento económico". A la necedad -y deshonestidad intelectual- no vale la pena atacarla, basta con ponerla en evidencia. Sinceramente preferiríamos terminar nuestro comentario del martes pasado sobre el posible marco "catastrófico" en que se podría estar moviendo el mercado bursátil (el Dow arrancó febrero cediendo el 2,08% a 15.372,8 puntos), pero las paparruchadas nos llaman. Si bien existen algunos indicios de que ciertos animales exhibirían rasgos de "memoria episódica" -la habilidad de recordar las cosas en un orden particular-, los seres humanos somos los únicos que lo hacemos de manera ostensible y habitual. Simplificando las cosas (Bischof-Kohler), es como si las personas tuviéramos la habilidad de "viajar mentalmente en el tiempo", mientras los animales vivirían un "presente eterno" (esto no significa que no sean capaces de recordar, sino que lo hacen de una manera menos sofisticada que nosotros). Esta habilidad, además de convertirnos en la única especie con relojes y calendarios (Hueso de Lebombo, 35.000 aC), es lo que nos permite proyectar nuestro pensamiento al futuro, presuponiendo acontecimientos que podrían afectarnos. Por esto, mientras algunos animales "acumulan" cosas -para momentos desfavorables-, sólo el homo sapiens es capaz de "ahorrar" (Tumbas de Sungir, 24.000 aC). La primera actividad es básicamente irrefrenable y no toma en cuenta las consideraciones externas, mientras la segunda es enteramente voluntaria, dependiendo de las posibilidades y las estimaciones futuras de cada persona. Sigue mañana.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario