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El antichavismo también es cosa de pobres
La severa crisis económica impacta con fuerza en el Petare, uno de los mayores complejos de villas de emergencia de América Latina.
postales de resistencia. Miles de venezolanos desafiaron ayer los disparos y los gases lacrimógenos de las fuerzas de seguridad
Navas asegura que es amiga de todos, incluidos los chavistas, en el barrio 5 de Julio del Petare, donde vive desde hace quince años en lo alto de un cerro caraqueño sumido en la pobreza.
En el camino va señalando con el dedo y sonrisa pícara: "esos están con la oposición", "esos también". Y al cruzar miradas con una señora que estaba con una gorra del chavismo dijo que "esa también está con nosotros".
Se detiene en la casa de la señora Nena para buscar a Leinny García (32), que con una bandera venezolana se une a la procesión hasta la avenida principal, donde las esperan otras cinco personas.
"Somos un grupo grande. Vamos bajando de a pocos, porque nos han amenazado. Otros van a la (manifestación) del chavismo obligados", señaló.
El día que Anhely Azuali fue velada, el olor a gas lacrimógeno invadió la funeraria: una marcha opositora era dispersada en ese momento por las fuerzas del orden.
Murió un domingo tras pasar una semana internada en un hospital al que llegó con diarrea y vómitos. Le inyectaron penicilina, lo único que había y a lo que era alérgica.
"Le dije a la doctora que era diabética, no revisó los informes que traía, no preguntó nada. El jefe de los médicos le dijo al llegar: 'la mataste'. Y a mí también", recordó.
Aquellos días fueron un infierno, corriendo de un lado a otro buscando los remedios y hasta los tubos para el respirador, que el hospital no tenía. En paralelo, la oposición marchaba.
Además de actuar como líder comunal, Navas se las rebusca limpiando una casa. Trabajó también como costurera para mantener a sus hijas, que, menos una que está en el último año, terminaron la escuela.
Ahora cuida también de Sofía, la simpática hija de Anhely que, orgullosa, muestra la foto de su mamá en el celular de su abuela.
Con solo una botella de agua en la mano camina con sus compañeros de marcha desde el Petare a uno de los puntos de concentración de la oposición. Toma un colectivo, donde hay también una chica con los colores de la bandera venezolana pintada en las mejillas y un señor con la gorra tricolor, muy usada por los detractores del Gobierno. Al llegar va saludando a otras personas, también de su barrio.
"Y aquí me quedo hasta el final, con o sin gases. Marcho, por mi hija, por mi Anhely", reiteró antes de perderse en el mar de gente.
| Agencia AFP |



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