- ámbito
- Edición Impresa
El arribo de 40 mil venezolanos amenaza con causar una crisis humanitaria en Brasil
La mitad de ellos solicitó asilo, lo que les permite acceder a servicios sociales. Huyen de la pobreza y la escasez alimentaria, y vagan por las calles de esa localidad, donde los hospitales ya colapsaron.
COMO EN LA GUERRA. Las carpas blancas en Boa Vista recuerdan los campos de refugiados sirios en varios países de Medio Oriente. Las autoridades locales ya advirtieron sobre el colapso sanitario.
Ni siquiera el Gobierno de Venezuela sabe con certeza cuántos de sus 30 millones de habitantes emigraron en los últimos años. Algunos sociólogos estiman que la cifra llega a los 2 millones.
"Se van por problemas económicos, de salud y de seguridad pública, pero ejercen mucha presión sobre los países que tienen sus propias dificultades", dijo Mauricio Santoro, politólogo de la Universidad Estatal de Río de Janeiro.
Unos 40.000 venezolanos llegaron a Brasil, dijo Okoth-Obbo. Más de la mitad de ellos solicitó asilo, un proceso burocrático que puede llevar dos años. La solicitud les otorga el derecho a permanecer en el país mientras se revisa su pedido, y les da acceso a salud, educación y otros servicios sociales.
Algunos inmigrantes en Boa Vista están encontrando formas de salir adelante, quedándose en los pocos refugios que las autoridades proporcionaron. Otros vagan sin hogar, algunos recurren a la delincuencia, a la prostitución, y suman nuevos problemas a los desafíos sociales.
Las escuelas de la ciudad admitieron a aproximadamente 1.000 niños venezolanos. El hospital local no tiene camas debido a la mayor demanda de atención.
"Tenemos un problema muy grave que solo empeorará", dijo la alcaldesa de Boa Vista, Teresa Surita, quien agregó que las calles de la ciudad, que solían ser tranquilas, ahora están cada vez más llenas de venezolanos pobres.
Éxodo
El puesto fronterizo, que solamente cuenta con personal durante el día, permite que hasta 400 inmigrantes ingresen diariamente. Para un estado que tiene la población más baja y la economía más pequeña de Brasil, la afluencia no es poca.
"El Gobierno de Brasil no está listo para lo que viene", dijo Jesús López de Bobadilla, un sacerdote católico que dirige un centro de refugiados en la frontera en el que se sirve desayuno a cientos de venezolanos.
Un funcionario de alto rango del Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, que pidió permanecer en el anonimato, dijo que el país no cerrará sus fronteras. Okoth-Obbo señaló que la ONU y el Gobierno federal están discutiendo formas de trasladar a los refugiados a ciudades más grandes.
| Agencia Reuters |


Dejá tu comentario