7 de enero 2010 - 00:00

“El arte del clown es mucho más que humor de cachetazo”

Marcelo Katz: «El humor es complejo. Hoy está de moda la baratura, porque para hacer un humor inteligente, cargado de sutileza y sentido, hay que trabajar mucho».
Marcelo Katz: «El humor es complejo. Hoy está de moda la baratura, porque para hacer un humor inteligente, cargado de sutileza y sentido, hay que trabajar mucho».
Para quienes todavía piensan que el clown sólo tiene que ver con el circo o con el humor «de cachetazo», «Amargo dulzor» contrapone un alocado circuito de amores en conflicto y situaciones eróticas pensado para el público adolescente y adulto. «Quisimos hacer algo desprejuiciado, sin tabúes, juguetón y musical» señala Marcelo Katz («Allegro ma non troppo», «Ilusos», «Aguas», «Aires» y otros) uno de los referentes más importantes del teatro de clown porteño.

El estreno de «Amargo dulzor», en codirección con Hernán Carbón, está previsto para el sábado a las 21.30 en la Ciudad Cultural Konex, con Julieta Carrera, Virginia Kaufmann, Martín López Carzolio y Lisandro Penelas. Dialogamos con Katz.

Periodista: ¿Qué formato tiene este espectáculo?

Marcelo Katz: Es un collage de cuadros ligados a la búsqueda del ser amado que por momentos llega a la obsesión, y cuando el encuentro se da, aparecen toda clase de dificultades y fobias. Empezamos improvisando sobre el amor, pero luego nos fuimos bandeando hacia el desamor, que es mucho más divertido para trabajar.

P.: ¿Qué temas aparecen?

M.K.: La seducción, la conquista, el deseo carnal, el entregarse sin importar a quien, el enganche erótico de la violencia, el rechazo, la infidelidad, el abandono, la desilusión, y la rueda que recomienza con una nueva ilusión. Lo que todos ya sabemos: que no es fácil estar solo, y tampoco es fácil estar acompañado. Hay humor y música, pero creo que es el espectáculo más ácido de nuestra producción y también el más nocturno.

P.: ¿El clown del siglo XXI está más corrompido?

M.K.: El clown sigue siendo un personaje crédulo y de cierta ingenuidad. No es tonto, que es algo muy distinto. Yo diría que nos pusimos en algunos momentos más mordaces, más osados, más incrédulos... Esta vez no hay narices rojas, pero lo que se ve está dominado por el lenguaje clownesco.

P.: ¿Qué le aporta esta técnica al mundo de hoy?

M.K.: Lo más particular y revolucionario del clown es que dice la verdad y se muestra tal cual es. A diferencia de todos nosotros que en general elegimos qué decir y qué no, qué mostrar de nosotros y cuándo mostrarlo, y ni hablar de la mayoría de los políticos, que por un lado hablan de transparencia y por otro tienen asesores de imágenes que nos impiden ver quienes son. A su vez el clown no es un cristal limpio, tiene partes manchadas, percudidas, rotas. No es un «guardaparque» de los valores y la rectitud. En ocasiones muestra su costado más heroico y bien intencionado, otras veces sus peores miserias.

P.: Pero siempre desde un costado muy poético y sensible. A diferencia del humor grosero y basado en la ridiculización del prójimo que hoy está tan de moda.

M.K.: Sucede que ese tipo de humor es más barato y más redituable. Barato, porque generar un minuto de ese material, prácticamente no lleva tiempo. Como no se pule, así como sale, queda. Para hacer un humor inteligente, cargado de sutileza y sentido, hay que trabajar mucho. Buenos Aires es una isla notable, con un movimiento teatral extraordinario, en relación a otras ciudades del mundo. Hoy, lamentablemente, estamos sufriendo un profundo retroceso en el plano educativo y cultural, debido a décadas de malas políticas que han empobrecido los hábitos del público y su nivel de formación. La gente hoy tiende a elegir caminos facilistas, se está acostumbrando al chiste fácil y a ver culos por doquier. Creo que hay una corresponsabilidad entre lo que nos han «regalado» nuestros políticos y lo que como público hemos ido eligiendo.

P.: ¿Qué actividad lo llevó a Europa en 2009?

M.K.: Di clases en Barcelona, Zaragoza, Logroño, Madrid, Valencia, y también París. En el País Vasco monté un espectáculo con una compañía local de clown y teatro. Este año me espera una intensa gira de cursos por España, Francia, Chile, Uruguay y varias ciudades de Argentina.

P.: ¿Proyectos para 2010?

M.K.: El 15 de abril estrenamos «Tempo», en el Centro Cultural de la Cooperación, donde jugaremos con relojes, metrónomos, almanaques, apuros, retrasos y ansiedades para hablar del presente, la historia y nuestra percepción subjetiva del tiempo.

P.: ¿Qué tipo de gente se acerca a sus clases, aparte de los actores?

M.K.:
Viene gente con todo tipo de historias e intenciones. Aparte del ala profesional hay un sector de amateurs con un sinfín de profesiones y oficios. Llegan muchos extranjeros, europeos y latinoamericanos. También hay abogados, maestros, empresarios, laburantes, estudiantes universitarios, artistas de circo, magos, paisajistas, músicos, mareados, desertores de otras profesiones, publicistas, inventores, electricistas, ciclistas, ex futbolistas.... y todo lo que usted pueda imaginar.

P.: ¿Cuáles son los beneficios de conectarse con la locura e irreverencia del clown?

M.K.: La libertad. El volver a jugar como cuando uno era chico, y recuperar espontaneidad. No todo el tiempo, porque no se puede. Pero, el entrenamiento al menos permite -si uno se lo propone- sacarse las caretas, terminar con el show para la vidriera... En definitiva, ser auténtico.

Entrevista de Patricia Espinosa

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