31 de julio 2009 - 00:00

El arte de Espinosa en Neuquén

En la muestra de Manuel Espinosa que exhibe Bellas Artes de Neuquén se admira el dominio del oficio de uno de los padres del arte concreto en la Argentina.
En la muestra de Manuel Espinosa que exhibe Bellas Artes de Neuquén se admira el dominio del oficio de uno de los padres del arte concreto en la Argentina.
En el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén se presenta con gran éxito de público la muestra de Manuel Espinosa, uno de los fundadores del Arte Concreto en la Argentina. No se trata de una retrospectiva de este artista nacido en 1912 y fallecido en 2006 sino que cubre un período cronológico que va de 1966 a 1981.

La curadora de la muestra, Nelly Perazzo, autora de un libro esencial, «El Arte Concreto en la Argentina en la década del 40», publicado en 1983, lo menciona cuando se refiere al decisivo 1946, año en el que se inaugura la primera exposición de la Asociación Arte Concreto Invención en el Salón Peuser. Participaron, además de Espinosa, Edgar Bayley, Antonio Caraduje, Simón Contreras, Claudio Girola, Alfredo Hlito, Enio Iommi, Rafael y Raúl Lozza, Tomás Maldonado, Alberto Molenberg, Primaldo Mónaco, Oscar Nuñez, Lidy Prati y Jorge Souza, quienes, no está demás recordarlo, lanzaron entonces el Manifiesto Invencionista. Entre otros postulados, proponen un arte concreto, presentativo, que exalta el ser, genera la voluntad de actuar al colocar el hombre en el mundo de las cosas reales («practicamos la técnica alegre. Sólo las técnicas agotadas se nutren de la tristeza, del resentimiento y de la confidencia»).

Las técnicas empleadas por Espinosa son óleo, acrílico sobre tela, y témpera, tinta grafito y tinta litográfica sobre papel y las obras expuestas constituyen una selección de sus investigaciones sobre trabajos en series. Si se trata de las obras de la década del 60, el círculo es protagonista, dispuesto en hileras horizontales, superposiciones, simetrías que provocan gran dinamismo.

En los 70 es el cuadrado y el acrílico que reemplaza al óleo. Un cuadro de 1977, «Demuestra algebraicamente que el nieto de Hamlet es el abuelo de Shakespeare y que él mismo es el fantasma de su propio padre», título por demás caprichoso, es un ejemplo de su interés por el Op Art.

En 1972, «Axanig», acrílico sobre tela, los pequeños cuadrados tienen superposiciones propias, pero éstos se distribuyen independientemente a través del plano en una especie de fuga. Es notable la variedad cromática y los juegos de luz que proponen, se admira su dominio del oficio, fundamental en obras de esta severa disciplina y que, en el caso de Espinosa, está dotada de levedad, gracia y lirismo. Es decir que Espinosa, debido a su cultura y sensibilidad, en el curso de su quehacer en cierta forma se aparta de las estrictas propuestas de los manifiestos y del movimiento del que formó parte.

Más adelante, hacia 1974, sus tintas litográficas sobre papel se caracterizan por bandas anchas de color y espacios que provocan otro tipo de efecto óptico al estar colgadas de un vértice para desembocar en otra serie, no fechada, en blanco y negro.

Al ver las obras de Espinosa, como la de otros artistas visionarios del momento, no se puede pensar que pertenecen a un pasado histórico. Todo lo contrario. Es un arte vivo, activo, que se sigue enriqueciendo y que ha renovado el interés de los conocedores y despertado el de generaciones más jóvenes influenciadas por la tecnología y la arquitectura de avanzada, como la que se desarrolla actualmente en el mundo, ya que como decía el manifiesto invencionista, «el arte concreto habitúa al hombre a la relación directa con las cosas y no con las ficciones de las cosas».

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