19 de enero 2010 - 00:00

El arte de los 90 mirado con desamor

El arte de los 90 mirado con desamor
«Como el amor. Polarizaciones y aperturas del campo artístico en la Argentina 1989-2009», es un proyecto producido por el área de Artes Visuales del Centro Cultural Rojas con la colaboración del CCEBA, que consiste en la presentación de un libro y de dos muestras simultáneas y complementarias, una en el espacio del Rojas y otra en el CCEBA que se realizaron en 2009 y que están documentadas en el texto. Los autores del libro, Valeria González y Máximo Jacoby, parten de la suposición de que la crisis de 2001, generó las condiciones para superar la «polarización» existente entre el llamado «arte light» y la denominada «dictadura» del conceptualismo y el arte político o arte comprometido, tendencias dominantes desde la década de los noventa hasta la actualidad.

González rescata la mirada crítica de Pierre Restany, quien asocia los oropeles y la cursilería reinante en esa década al menemismo desfachatado, pero olvida mencionar la respuesta de Marcelo Pacheco, que citaremos para subsanar la falta. En la revista de la Feria madrileña ARCO, Pacheco escribió bajo el título «Y la Argentina es una fiesta», un texto donde dice que los jóvenes de los noventa, «inventan un mundo para nombrar este mundo obsceno y sin sentido»; observa que han creado «una subversión nueva que ataca con disfraces y usa el maquillaje para internarse en los rituales cívicos», y destaca las nuevas estrategias artísticas que oscilan «entre la banalidad y el humor, entre la fiesta y las armas, entre los globos y la reflexión».

Sin embargo, hoy, que Restany ha muerto, que el artista y curador Jorge Gumier Maier, autor de la celebridad que disfrutó la galería Rojas, se ha retirado, y que Belleza y Felicidad, enclave por excelencia de la década, cerró sus puertas, la polémica suscita nostalgia y parece haber perdido sentido.

Lo cierto es que una mirada retrospectiva revela que los artistas surgidos del Rojas supieron despertar un amor genuino entre algunos coleccionistas, teóricos y operadores culturales, que veían en sus expresiones un fenómeno artístico exclusivamente argentino. Pero para mirar hacia atrás, pareciera que todavía no ha transcurrido el tiempo necesario. Es decir, el libro tiene la frescura de su actualidad, la perspectiva histórica es estrecha. Teniendo en cuenta los actuales destinos del Rojas, la afirmación de González cuando asegura que «en nuestro medio la figura misma del curador se ha profesionalizado, o simplemente naturalizado, de modo que ciertos argumentos, que pudieron ser válidos para la figura de un pionero, hoy resultarían de una falsa inocencia inaceptable», resulta demasiado dura para juzgar la actuación de Gumier Maier. Casi se podría decir que sus palabras acentúan la polarización que el libro pretende superar. Acaso por esta razón, una obra que se menciona con insistencia es la tautológica «Los 60 no son los 90» de Rosana Fuertes.

Nadie olvida que en la década del 90 muchos artistas, más que nada los pintores gestuales de los 80, la pasaron muy mal. Pero tampoco se pueden olvidar las palabras de Roberto Jacoby, cuando en el debate «Arte Rosa Ligth y Arte Rosa Luxemburgo» mencionado en el texto que nos ocupa, dijo que «instituciones del extranjero hacen aportes que no son desinteresados», señaló que «un curador llegó al país y aconsejó a los artistas radicalizar aún más su discurso político», y agregó que «el trabajo de algunos artistas ya no se diferencia de la labor social».

El libro deja un testimonio de quienes, como Jorge López Anaya, Fabián Lebenglik o Carlos Basualdo, se ocuparon de interpretar el arte de la década. En una de las referencias finales de «Como el amor», título inspirado en Roland Barthes, González se refiere a la muestra «Crimen es ornamento», y observa: «Basualdo había invertido el famoso lema modernista de Alfred Loos (sic). Si los concretos habían rechazado el ornato como delito, los artistas de los 90 asesinaron la vanguardia y sometieron su cadáver a contaminaciones decorativas». En suma, aunque la publicación no alcanza a «zanjar las grietas» interpretativas del complejo arte que tiende a simplificar, presenta un recorrido histórico de la galería del Rojas con todas sus muestras y culmina con la gestión de Máximo Jacoby, ligada a la contemporaneidad.

A.M.Q.

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