13 de septiembre 2016 - 00:00

El arte de Malevich, más allá de la pura abstracción

La exposición, recién llegada de Rusia, muestra el viaje del artista desde el arte figurativo hasta el momento fulgurante del “cuadrado negro”, el grado cero de la abstracción, para luego regresar en busca del hombre, a través de la representación de los campesinos.

Recorrido. Del “Cuadrado negro sobre fondo blanco” (abajo) a la representación personal de los campesinos, como seres sin rostro, que abren un horizonte ilimitado de interpretaciones..
Recorrido. Del “Cuadrado negro sobre fondo blanco” (abajo) a la representación personal de los campesinos, como seres sin rostro, que abren un horizonte ilimitado de interpretaciones..
Vale la pena cruzar la ciudad y llegar hasta la Fundación Proa de La Boca para visitar una exhibición incomparable y, recién llegada de Rusia, después de las novelescas dificultades que demoraron su arribo. Con su inmenso atractivo visual y hondura conceptual, la muestra permite conocer un artista capaz de "vivir" a través de sus obras y de explicarlas con sorprendente claridad por medio de sus textos. El artista es Kazimir Malevich, nació en Kiev en 1878 y su extensa producción está vigente, no ha envejecido ni un día, al igual que sus ideas. Gestada durante la caída de la Rusia imperial y el nacimiento de la Unión Soviética, la obra permanece ligada a la contemporaneidad, es un modelo para las nuevas generaciones.

Malevich emprende un viaje desde el arte figurativo, vuela desde allí hasta el momento fulgurante del cuadrado negro, cuando pinta el grado cero de la abstracción, y supera todos los límites para luego pegar la vuelta en busca del hombre, de la conmovedora representación de los campesinos rusos.

Malevich comienza a pintar en la infancia, cuenta que no sabía "qué era el arte, realmente" pero presentía que estaba en Moscú y se convierte en funcionario para financiar allí sus estudios. Poco después, a partir del realismo, el cubismo y el futurismo, genera un producto propio: el suprematismo, un arte no-figurativo donde la supremacía de la pura sensibilidad se expresa a través de la abstracción geométrica. En 1915 el manifiesto cobró la forma del famoso "Cuadrado negro sobre fondo blanco", "un ícono desnudo enmarcado", según Malevich. La "sustancia absoluta", el "espíritu puro" del cuadrado se exhibió hace un siglo junto al círculo y la cruz negra en la exposición "0,10", un hito en la historia del arte, acaso comparable a los ready made de Duchamp, pero con otro trasfondo. Hoy, en el recorrido de las más de 60 obras de la muestra de Proa, Malevich señala el camino que conduce al hombre.

El teórico ruso Borys Groys afirma que, preocupado por el destino del arte, Malevich deduce que no puede ser diferente de las demás cosas del mundo. "Su realidad común es la desfiguración, disolución y desaparición". Y así profundiza: "Malevich narra una y otra vez la historia del arte -desde Cézanne al cubismo y el futurismo hasta su propio suprematismo- como la historia de la progresiva desfiguración y destrucción de la imagen tradicional tal como nació en la antigua Grecia y se desarrolló a través del arte religioso y del Renacimiento". Malevich -según Groys- busca la forma de sobrevivir al proceso de destrucción y arriba a la conclusión más radical: "La imagen que sobrevive a la destrucción es la imagen de la destrucción". Así destruye el artista su propia obra y pinta el cuadrado negro para demostrar la "indestructibilidad del arte", antes de la Revolución de 1917.

Luego de este gesto heroico, Malevich, acaso conmocionado por la realidad de la vida y el contexto ruso, vuelve a pintar los sufrientes campesinos. Lejos de quedarse girando sobre la misma obra o de anotarse en la carrera de los ismos, regresa a la vida. Pinta el personaje, pero lo retrata como un ser anónimo, sin rostro. No falta quien considera esta vuelta como una regresión. Sus seres enigmáticos abren un horizonte ilimitado a las interpretaciones. ¿Cómo ocultar la identidad frente a las persecuciones de un régimen totalitario que castiga al individualismo? O, ya situados en el presente y ante la uniformidad del mainstream: ¿cómo no asociar sus personajes con el habitante estándar de la sociedad global?

La identidad inconfundible de la obra se destaca por la humanidad que trasunta, por la exaltación de los amarillos, verdes, rojos y azules; por las formas tubulares y el brillo que configura el volumen, representativos del avance de la tecnología del futuro y, ¿qué duda cabe? por ser un artista libre ante la peor dificultad: la censura.

No obstante, la vida está presente en todas las etapas, en las arquitecturas, las tazas y en la ópera cuyos trajes recrearon en Proa, "Victoria sobre el sol".

Eisenstein supo formular la idea del renacimiento del arte. Cuando acaba el romance del régimen con la modernidad, Malevich se refugia en la Escuela de Arte de Vitebsk. Allí descubre Eisenstein una ciudad invadida por sus murales abstractos, y así describe su visión: "Una ciudad de provincias [...] tiznada de hollín, deprimente. Pero hay algo muy extraño en esta ciudad. En las calles principales, los ladrillos rojos están pintados de blanco. Y sobre este fondo blanco, hay círculos verdes, por todas partes. Cuadrados naranjas. Rectángulos azules. Esto es Vitebsk en el año 1920. El pincel de Kazimir Malevich se ha posado sobre las paredes de ladrillos. Ante los ojos se nos presentan círculos naranjas, cuadrados rojos y trapecios verdes. El confeti del Suprematismo esparcido por las calles de una ciudad atónita".

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