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El ascenso de la carta ecuatoriana de Chávez
Correa, que asumió en enero de 2007 con una camisa bordada con motivos indígenas que se ha convertido en un distintivo, y al que incluso un grupo de chamanes «limpió» de malas energías ese día, dice ahora que quienes hacen esas acusaciones defienden un «ecologismo y un izquierdismo infantil».
De verbo fácil y con tendencia a responder airado a quienes lo critican, Correa no dudó en llamar «canalla» a un diputado que aireó que su padre estuvo en la cárcel por traficar drogas a EE.UU. ni en pelear con el presidente colombiano, Álvaro Uribe, en una cumbre del Grupo de Río frente a las cámaras de televisión.
También dijo en una ocasión que antes se dejaría «cortar la mano» que renovar el contrato con EE.UU. para la utilización de la base de Manta, calificó de «absolutas mentiras» todas las supuestas conexiones que se le han adjudicado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y mencionó a su vez unos supuestos nexos de Uribe con el paramilitarismo.
Además, se ha pronunciado en términos muy duros y ha exigido respuestas cuando ha habido casos sonados de emigrantes ecuatorianos que han sufrido discriminación o acoso en Europa.
Economista de profesión, con títulos de universidades de Ecuador, Bélgica y EE.UU., Correa se define como un «cristiano de izquierda» y de joven fue voluntario de una misión de padres salesianos en la localidad de Zumbahua, una de las zonas más pobres del país.
Su proyecto de «revolución ciudadana», una propuesta que, según sus detractores, se alinea con el socialismo de su amigo el presidente venezolano, Hugo Chávez, defiende «la supremacía del trabajo humano sobre el capital» y está dotada de un «profundo sentido de la ética», según ha dicho en numerosas ocasiones.
La carta magna aprobada por una amplia mayoría en el referendo de setiembre de 2008 le dio a Correa la posibilidad de ser reelegido y de apuntalar así esa revolución. Con ese nuevo marco constitucional y en medio de un proceso de transición, Correa, sin dejar el poder, se lanzó a la campaña electoral con la fe depositada en su gran popularidad.
El presidente, que ha escrito varios libros y numerosos artículos sobre economía, está casado con la ciudadana belga Anne Malherbe, con la que tiene tres hijos: Sofía, Anne Dominique y Rafael Miguel.
Agencia EFE


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