1 de noviembre 2010 - 00:00

El bolsillo primó sobre la ideología

El 80% de participación del electorado brasileño fue menor que en la primera vuelta, indicaron las autoridades electorales. El peso de la imagen de Lula da Silva y los beneficios sociales que su Gobierno dio a las familias pobres de Brasil fueron los factores decisivos para el triunfo de Dilma Rousseff.
El 80% de participación del electorado brasileño fue menor que en la primera vuelta, indicaron las autoridades electorales. El peso de la imagen de Lula da Silva y los beneficios sociales que su Gobierno dio a las familias pobres de Brasil fueron los factores decisivos para el triunfo de Dilma Rousseff.
Río de Janeiro - Las elecciones de ayer reflejaron en gran parte el punto de vista de una nueva e importante fuerza social: los cerca de 30 millones de personas que, en la última década, dejaron de ser pobres, ingresaron a la «clase C» y se sumaron al mercado de consumo.

El ascenso social en este país de más de 191 millones de habitantes se reflejó en un rápido aumento en las ventas de productos de consumo, como equipos de DVD, televisores, automóviles, teléfonos móviles, y también alimentos y material de construcción utilizado para reformar, ampliar o construir viviendas.

Una investigación del estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) reveló que tres de cuatro brasileños viven hoy en casas propias, mientras que la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel) previó que en diciembre habrá en Brasil más teléfonos móviles que habitantes.

Esta legión de nuevos consumidores fue vital para que Brasil atravesara sin graves traumas la crisis financiera internacional, al mantener la economía en actividad aun en el momento más agudo de las turbulencias, y es también la fuente del llamado «feel good factor» (el factor sentirse bien) que impulsó la candidatura de la oficialista Dilma Rousseff.

Según el coordinador del estudio, el economista Marcelo Neri, con el ingreso de los nuevos «emergentes» los brasileños con ingresos mensuales equivalentes a entre 655 y 2.822 dólares suman hoy 94,9 millones de personas, lo que representa más de la mitad de la población del país.

Pese a que apuntó que «no se trata de un grupo monolítico», Neri destacó que este grupo «puede decidir por sí solo una disputa electoral».

A su vez, el politólogo César Romero Jacob considera que la «gratitud» al Gobierno de los que lograron ascenso social durante la gestión de Lula tuvo un peso decisivo en estas elecciones, y recuerda que el grupo de los «agradecidos» no incluye sólo a la «nueva clase media» sino también a los estimados 45 millones de beneficiarios del programa Bolsa Familia, que concede ayuda financiera social a los más pobres.

Según Jacob, se trata de un fenómeno similar al que ocurrió en los comicios de 1994, cuando el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) logró que fuera elegido presidente Fernando Henrique Cardoso, quien meses antes había logrado éxito en eliminar la hiperinflación al dictar el Plan Real de estabilidad.

«El Bolsa Familia propicia una mejoría general en la vida de la gente, que queda agradecida. Como el programa está asociado a Lula, puede haber un voto de gratitud a él, tal como hubo voto de gratitud a Cardoso a raíz del Plan Real», dijo.

La empleada doméstica Cícera María da Silva es un reflejo del voto por Rousseff como expresión de «gratitud» al actual gobierno. «A mí me gusta Lula, creo que él hizo muchas cosas por nosotros, los pobres. Nuestro salario aumentó, han hecho mejoras en mi barrio y gracias al crédito pude comprar televisor, heladera, muebles nuevos para la casa y una computadora nuevo para mi nieta», dijo la empleada doméstica de 55 años de edad.

Según Jacob, a lo largo de los últimos años, tanto el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, como su principal rival, el PSDB de Cardoso y del candidato opositor José Serra, se movieron «hacia el centro», por lo cual la disputa electoral de este año no incluyó batallas ideológicas.

«Si no hay ideología en juego, la gente vota por el bolsillo, lo que no es ilegítimo. Hay menos pasión política, pero esto también ocurre en los países desarrollados», afirmó.

Agencia DPA

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