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El bullying juvenil en singular obra francesa
La peculiar mirada del dramaturgo Luc Tartar sobre los adolescentes los define como los principales portavoces de un profundo malestar social y laboral.
“Los ojos de ana”. La sensibilidad, falta de prejuicios y humor de María Marull encantan al público.
Un incidente de furia primitiva tiene por víctima a una joven de gran inteligencia y lucidez. Ana se destaca claramente del resto de sus compañeros y éstos por prejuicio la rechazan, tanto a ella como a su amigo Román, el chico gay de la clase.
La firmeza de Ana es tomada como un desafío y sus ojos (de diferente pigmentación) como un signo abominable y propio de una bruja. Pero lo que en verdad molesta, no es la heterocromía de su iris, sino su valiente mirada crítica. Sobre todo, cuando es testigo casual de los desmanes cometidos por otro alumno, un psicópata de hormonas descontroladas.
Tartar no se limita a narrar un episodio de discriminación e intolerancia juvenil, sino que lo asocia a las desventuras de los padres de familia que absorbidos por sus problemas son incapaces de escuchar a sus hijos y orientarlos.
Aunque la obra no tiene una estructura lineal sino historias que se superponen y una protagonista que no aparece en escena sino a través del relato de los demás personajes, su testimonio es sumamente claro y aleccionador. De allí que la obra dirigida por Paula Marull ("Yo no duermo la siesta") agote localidades en estos días. No obstante, las escenas más atractivas de la obra tienen que ver con Mónica (la madre de Ana), interpretada por María Marull. El vuelo imaginativo de este personaje, su sensibilidad, falta de prejuicios y gran sentido del humor encantan al público y permiten entender algo más de esa hija fuera de serie a la que trató de educar lo mejor que pudo.
"Los ojos de Ana" de L.Tartar. Dir.: P. Marull Int.: M. Marull, E. Rodríguez y otros. Esc.: J. Kompel. Vest.: J. Monti. Luces: M. Sendón. (Espacio Callejón).


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