“El Bululú” vuelve con talentoso actor

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"El Bululú de J.M. Vilches. Versión de: L. González de Lellis y O. Guzmán. Int.: O. Guzmán. Vest.: G. Fernández. Ilum.: A. Cintioli. Dir.: M. Dayub. (Sala Timbre 4)

Desde su debut en 2010 hasta la fecha, Osqui Guzmán ha recorrido el país con este multipremiado espectáculo que rinde homenaje al unipersonal que consagró en nuestro país al gran actor español José María Vilches (radicado en la Argentina desde 1966 hasta su muerte en 1984).

La obra fue un éxito desde sus orígenes (más de 4.500 representaciones) y en manos de Guzmán -adaptación mediante- sigue ejerciendo una gran fascinación entre el público. Jóvenes y adultos disfrutan de las situaciones picarescas y de los juegos de palabras creados por Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y otros autores del Siglo de Oro Español. Son textos que fluyen con infrecuente naturalidad; no en vano el actor escuchó infinitas veces la grabación de Vilches, hasta memorizarla.

Dinámico y saltarín, Guzmán da vida a este juglar trashumante con el respaldo de las herramientas que lo formaron (acrobacia, Comedia del Arte, improvisación, clown, mimo, canto) y que le permiten multiplicarse en el espacio.

La cuerda del dolor y la melancolía vibra en dos poemas "gitanos" de Federico García Lorca, colmados de imágenes sensoriales. Pero, en general, prevalece el humor; ya sea en una pantomima propia, contra una cucaracha yudoka, o en el desfile de miserias y debilidades humanas que proponen los autores barrocos: "El lindo Don Diego"; "Elogio de la mujer fea"; "A una nariz" y el entremés de "Los habladores", son divertimentos del siglo XVII que aún hoy conservan su frescura e irreverencia.

El gran aporte de Guzmán fue haber insertado "El Bulubú de Vilches en un unipersonal propio y decididamente autobiográfico que rinde homenaje a sus ancestros bolivianos (el actor ingresa como un personaje de la Diablada) y a sus padres inmigrantes, dueños de un pequeño taller de costura.

El celebrado protagonista de "El niño argentino" y "Salomé de chacra" divierte y emociona con el relato de su pasión por el kung fu y su imprevisto ingreso al Conservatorio de Arte Dramático que eligió "porque allí enseñaban acrobacia y esgrima". Su descubrimiento de la poesía española y el teatro clásico -en la voz de Vilches- lo fueron alejando de la máquina de coser a la que estuvo atado durante muchos años. Como un niño que juega, Guzmán va delineando un testimonio lleno de vida que refleja no sólo su gran voluntad de superación, sino también un profundo amor por el teatro.

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