El candidato fue recibido como si ya hubiera ganado

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Daniel Scioli y Dilma Rousseff produjeron ayer en Brasilia la que puede considerarse la más importante reunión entre la Argentina y Brasil, dos países que han mantenido en el último año disidencias comerciales que se deslizaron a lo político y que distanciaron sus agendas. En el encuentro que mantuvieron ayer avanzaron con proyectos como si el bonaerense ya hubiera ganado las elecciones, entusiasmado por el gesto que hizo la anfitriona en un momento de la charla. "Auguro tu triunfo", le dijo golpeando con los nudillos la mesa. Tocó madera, el mismo gesto de Frank Underwood (personaje de "House of Cards") cuando se siente en el cenit del poder.

Ese optimismo pudo menguar cuando Dilma le agradeció la visita "en estos momentos", referencia a los entuertos que tiene con sus adversarios del Congreso que, como cuadra a la experiencia de la región, pertenecen a la propia alianza de gobierno. Scioli la consoló: "Conocemos eso, son maniobras que emprenden los que intentan deslegitimar a los gobiernos democráticos".

Más allá de esta espuma proselitista, la mesa que armó Dilma en el Planalto empujó el debate con la presunción de que su invitado será presidente desde del 10 de diciembre, chance que Scioli todavía debe tramitar en una elección peleadísima y para la que pondera el peso que pueden tener estos contactos internacionales en los que simula tener un poder que debe lograr en las urnas el 25 de octubre, que pelea con el afán de quien tiene que hacer todavía la diferencia decisiva. Actuar en ese rol revista su campaña de una fuerza que sus adversarios no tienen para una elección en la que se enfrenta el Estado contra los partidos. Eso lo trasmitió Scioli sentando junto a él, en un acto que no deja de ser de campaña, al embajador en Brasil, Luis Krekler, además de su asesor económico, Rafael Perelmiter, al internacionalista Rafael Follonier y su ministro de Interior "in pectore", el entrerriano Sergio Urribarri, quien había estado junto a este grupo argentino antes en Montevideo en la reunión con Tabaré Vázquez.

Dilma también le quiso quitar el sesgo de una reunión privada haciéndose acompañar por su asesor en temas regionales, Marco Aurelio García, y al canciller Mauro Veira, uno de los brasileños que mejor conoce la Argentina, donde fue embajador bajo la presidencia de Lula da Silva.

Dilma aprovechó la vidriera del encuentro -algo que parecía que sólo beneficiaría a Scioli- para comunicar una noticia que nadie esperaba: le explicó en detalle el proyecto que ya envió la víspera al Congreso para fomentar la repatriación de capitales, iniciativa que el visitante había expuesto la semana pasada en el almuerzo de los empresarios del Cicyp en el Alvear. Dilma estaba al tanto, porque le dijo: "Nosotros tenemos el mismo problema que ustedes, hay muchísimo dinero de brasileños fuera del país y fuera del sistema, y voy lanzar esta ley para darles condiciones para que vuelvan y contribuyan al crecimiento de mi país".

Scioli le explicó los términos de su propia iniciativa, que en la Argentina se ha traducido como una ampliación del blanqueo que fomenta el país con mecanismos que, si gobierna, cree deben mejorar las condiciones para que aumente efectivamente el regreso de capitales. "Te voy a mandar el texto del proyecto porque te va a servir", le dijo Dilma.

La otra novedad del encuentro fue el acuerdo para, en caso de alcanzar Scioli la presidencia, concretar el demorado proyecto para que el comercio entre ambos países se haga en monedas locales. La anfitriona dijo que las compras que haga la Argentina a Brasil las pagará en pesos, y las que haga Brasil en reales. Se habló desde hace más de 20 años sobre esto -lo habían negociado Carlos Menem con Fernando Henrique Cardoso- pero nunca se concretó. Ahora prometen hacerlo. Brasil tiene reservas por u$s 360.000 millones y la Argentina está en el otro extremo, tratando de frenar la salida de dólares para afrontar el pago de títulos y de importaciones. Si este sistema funciona, festejó Scioli al salir del encuentro, todo el comercio con Brasil se pagará en pesos sin necesidad de castigar las reservas.

El tercer punto -más allá de los sombrerazos de campaña- tocó la demorada conversación con la Unión Europea para la firma de un acuerdo de libre comercio con el Mercosur. Este asunto ha sido motivo en los últimos dos años de desencuentros internos en el sistema regional, y también con la contraparte europea. Brasil jugueteó en algún momento con la posibilidad de que ese país avanzase hacia un acuerdo bilateral con la UE, un dislate jurídico porque lo impide la carta orgánica del Mercosur, pero que encantó a países como Uruguay o Paraguay, que siempre han querido tener una vía propia de relaciones extra regionales. Brasil también llegó a consentir con su silencio cuando negociadores de la Unión Europea le atribuyeron a los problemas de la economía argentina la demora en comenzar las negociaciones, con el argumento de que el proteccionismo criollo impedía cualquier proyecto de apertura de su economía. La Argentina negó tener responsabilidad alguna y presionó para que los países de la región, a finales del año pasado, unificasen la propuesta que llevarán en noviembre ante la UE.

Dilma ayer se rindió y admitió que las demoras en esa negociación son responsabilidad de Europa. "Sabemos que la dificultad de ellos es compatibilizar las posiciones en materia comercial de 27 o 28 países, pero ya tenemos la posición unificada del Mercosur". En la mesa se le atribuyó esa demora, como lo ha hecho antes la cancillería argentina, a la resistencia de varios países europeos en abrir sus mercados a productos agrícolas, y también al interés de la UE en firmar antes un acuerdo con los Estados Unidos, a cuya matriz deben acomodarse los pactos de comercio que se firmen con terceros bloques regionales.

En el rango de lo anecdótico, Dilma le contó a Scioli que había tenido una reunión con Lula da Silva, quien le había relatado su viaje a la Argentina y le había dicho que el bonaerense será presidente. El visitante enlazó en ese diálogo la visita de ayer con la de Lula y la que antes había hecho para visitar a Sergio Cabral o con la inauguración que había compartido con ella del estadio Maracaná antes del último Mundial. Por delicadeza no hubo otras menciones al fútbol.
Sí abundaron otras efusiones. Scioli le transmitió saludos de Cristina de Kirchner con quien, le contó, estará hoy en Escobar inaugurando obras, antes de viajar a Mar del Plata en donde abrirá el coloquio anual de la liga empresaria IDEA. Le ponderó, de paso, a Dilma, la mejora en el dominio del castellano. Sonrió la dama, y el visitante le prometió: "Hablo varios idiomas, pero ahora voy a empezar a estudiar portugués". Pero antes de eso quiere ser presidente.

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