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El Castagnino clasifica su arte “zodiacalmente”
“Con los pintores amigos” de Augusto Schiavoni, una de las obras con las que es un placer reencontrarse, en la muestra “Explica. Una ordenación zodiacal sobre la colección Castagnino+macro”, organizada a partir de un texto de Xul Solar de 1953.
La muestra se abre con la extraña y en cierto modo juguetona terminología del vanguardista ploteada sobre las paredes verdes. Xul habla de los "filosofistas bellólogos", así denomina a los teóricos de las diversas escuelas estéticas. El texto en verdad se ilumina junto al retrato del artista pintado por Pettoruti en el año 1920, cuando ambos estaban en Europa. Se trata de una de las obras cumbre del rico patrimonio del Castagnino+macro, una entre las más de 100 que los curadores utilizan para presentar las ideas de Xul.
Con su afán de reinventar el mundo y su imaginario exuberante, Xul creó juegos, idiomas, una grafía para el estudio del piano, el mencionado "neocriollo" y, además, la "panlingua", una escritura universal sobre bases numéricas y astrológicas. Leopoldo Marechal, presenta a Xul en "Adán Buenosayres", como "el astrólogo Schultze", y describe el "fuego creador que lo encendía sin tregua y a cuyo mantenimiento consagró todos los combustibles de su alma". Con la misma intensidad, Borges elogiaría años mas tarde, "su rica, imprevisible e incesante imaginación". Pettoruti, exaltando la condición mágica de la obra del vanguardista, observa: "En Xul Solar todo es maravilloso, de ese maravilloso que rompe la razón".
De acuerdo a "Explica", Géminis (gemelos), el primero de los signos, se caracteriza por la presencia de "caligrafías, ideografías, cuadros o décoras con letras (muy usuales en antiguo egipcio, árabe, chino y japonés)". Nada más pertinente para este signo que las cartas de Mirtha Dermisache: sus bellos grafismos negros y abstractos respetan el formato epistolar y comparten la gracia de una partitura. Vale la pena recordar que en el año 1971, Roland Barthes, le escribía a la artista: "Me permito decirle muy simplemente cuánto me ha impresionado esto, no sólo la alta calidad plástica de sus trazados (esto no es indiferente) sino también, y sobre todo, la extremada inteligencia de los problemas teóricos de la escritura que su trabajo supone. Usted ha sabido producir un cierto número de formas, ni figurativas ni abstractas, que podrían ubicarse bajo el nombre de escritura ilegible. Lo que lleva a proponer a sus lectores, no los mensajes, ni siquiera las formas contingentes de la expresión, sino la idea, la esencia de la escritura. Nada es más difícil que producir una esencia".
Frente a la sensibilidad de Dermisache figuran tres breves bocetos de Victorica con la modalidad del apunte, un graffiti político de Gambartes y las formas desplegadas de la "Pirámide virtual" de Norberto Puzzolo. La instalación blanca y minimalista del rosarino completa un grupo que comparte la intensidad evocativa de las obras.
Antes de mostrar "Tauro, arte realista o con ilusión de realidad", los curadores aclaran que el texto de Xul es un medio propicio "para pensar la producción artística del siglo XX en la Argentina sin interferencias cronológicas, espaciales y estilísticas". Una pintura de Gustavo Cochet que representa una mano atravesada por un árbol, domina la sala con su dramatismo. Allí mismo, en el realismo, está un grabado de Pompeyo Audivert y se agrupa una serie de esculturas.
Al llegar a este punto del recorrido, los curadores plantean que Xul creó la categoría "Combinjuego", que permite sumar características de varios signos. Este criterio tiende a tornarse difuso y Flom y Villanueva interpretan: "Todas las obras pueden adaptarse a todos los signos, como depositarias de un espacio de memoria común y el realismo de Tauro se combina con el ensueño de Piscis". El misterio de "El libro de versos" de Emilia Bertolé aparece para demostrar estos cruces.
El mismísimo Xul había anticipado los límites de su esquema al sostener: "Akí hay mucha cancha polémica, y ojalá me mejoren. En otra muestra daré exemplos de estas tipiescuelas. Este teor-sistema no molesta en nada los medios expresivos (lalies) del artista ni su sui tecnicarácter".
Para los conocedores, el encuentro con algunas obras de la colección que no se exhiben con frecuencia, depara un placer especial. Esto ocurre con Bertolé y también con la secuencia de ocho pinturas de Fernando Fader "La vida de un día". Como un Monet criollo, Fader reitera en un mismo paisaje, un rancho de paredes blancas, los juegos de la luz matutina, las cumbres doradas del atardecer y los pasajes hacia un melancólico nocturno.
Así, mientras la tipología zodiacal tiende a desdibujarse, se acentúa el atractivo visual de algunas obras, como un paisaje de Manuel Musto o la excepcional escena "Con los pintores amigos" de Augusto Schiavoni. Allí están, en tamaño real y con los colores inéditos del rosarino, María Laura, pintora y hermana del artista, Alfredo Guido, Musto y el propio Schiavoni.
La directora del Museo Castagnino, Marcela Römer, aclara: "Me alegra haber incentivado un proyecto que parecía arriesgado en un principio, pero que abre las puertas para lecturas renovadas de jóvenes curadores".
De este modo, el inabarcable universo de Xul, un estudioso de la astrología, la filosofía y las religiones, brinda la oportunidad de mostrar las obras de Julio Vanzo, Joglar, Kemble, Rossi, Seoane, Dani Umpi, Grela, Pedrotti, Benvenutto, Seguí, Del Prete, Yente, Faustino Brughetti, Rosa González, Lisa, Gumier Maier y Aquiles Badi, entre otros. La muestra, como aquella de Xul en Van Riel, se podría definir con sus mismos conceptos y términos neocriollos: "No muestra sino parties (parcialidades), y algunos más o menos netos conatos de renutrir ya notas percosas desnítidas".


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