5 de abril 2012 - 00:00

El champán rosado seduce a Francia

El champán rosado seduce a Francia
La región de Champagne, noreste de Francia, produce y vende cada vez más champán rosado, una variedad de espumante que seduce cada día a más consumidores. El fenómeno se da hace una década, según indicó el enólogo Thierry Gasco, jefe de las bodegas de la casa Pommery, en Epernay, en la famosa región francesa de Champagne.

No sólo las mujeres se inclinan ante este espumante, que ha sido víctima de prejuicios que lo relegaban a un vino voluptuoso, sobre todo femenino, o de baja calidad. En cambio, ahora el champán rosado pasó de ser considerado un «bastardo», a poseer una categoría propia y a estar definitivamente de moda, tal como coinciden algunos expertos.

«Cada vez más aficionados, entre ellos los hombres, han aceptado al champán rosado como una categoría aparte», señaló Gasco. «El champán rosado tiene un atractivo suplementario», agregó François Domi, jefe de bodegas desde hace 26 años en Billecart-Salmon, una casa mundialmente conocida por sus rosados. Es un vino «que pone color en la mesa y suaviza la imagen», explicó el experto desde las bodegas ubicadas en Mareuil-sur-Ay.

Esa casa, fundada a principios del siglo XIX, produce entre 1,5 y 2 millones de botellas por año, de las cuales el 60% están destinadas a la exportación. Su rosado, que representa menos de un tercio de la producción, está compuesto de tres uvas (la blanca Chardonnay y las tintas Pinot Noir y Pinot Meunier), mezcladas con menos del 10% de vino tinto. La mezcla con el rojo es el método dominante en Champagne, única región de Francia autorizada a producir así este vino.

Domi explicó que busca dosificar el vino rojo en función «del color, del perfume deseado, y evitar los taninos astringentes». El objetivo es un vino que evoca los frutos secos, con un toque de fresas. Pero todo eso está «sugerido, más que dicho», subrayó.

Algunos productores, muy minoritarios, escogen hacer el rosado como en las otras regiones francesas, dejando macerar, durante más o menos tiempo, la piel de las uvas con su jugo. Un método cuyo resultado es un vino «más poderoso, con aromas más acentuados, más impactantes», señala Domi.

Un vino producido con este método «está, en términos de gusto, en mundos distintos», opina Jean-Baptiste Geoffroy, que produce 120.000 botellas por año, el 20% de ellas de champán rosado. Geoffroy empezó hace poco a experimentar con un nuevo tipo de rosado, que obtiene macerando uvas Chardonnay y Pinot Noir juntas, en vez de macerar las uvas separadamente y luego dosificar la mezcla, que es el método utilizado para casi todas los vinos y champanes. Hasta ahora, Geoffrey ha producido unas 2.000 botellas de ese vino, que tiene aroma «floral, mineral, con un toque de fruta exótica». Billecart-Salmon, considerado como uno de los mejores productores de champán rosado, dice en cambio preferir «la sutileza, la delicadeza».

Agencia AFP

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