26 de agosto 2013 - 00:00

El contraataque de Wall Street: freno a la suba de tasas

¿Hasta dónde pueden subir las tasas largas? Si la economía tiene la palabra, no mucho más. El salto de las tasas hipotecarias (un subproducto del ascenso de los rendimientos del Tesoro) pasó el viernes su primera factura visible: la venta de casas a estrenar se derrumbó el 13,4%. La solidez que previó la Fed para meter mano en el QE3 corre el riesgo serio de agrietarse antes de nacer.

El consenso no lo esperaba. Un mes antes se habían vendido 497 mil viviendas (según las cifras anualizadas) o, al menos, eso se creía porque el registro se corrigió luego a 455 mil. Pero aun tomando esa base revisada como referencia, julio, con 394 mil unidades transadas, tambaleó. Tanto que los 74 pronósticos que computa la agencia Bloomberg sobreestimaron la cifra. Si la recuperación inmobiliaria era una de las cartas que tenía la Fed bajo la manga para prever una economía más aguerrida, habrá que devolverla al mazo. Desde ya, las estadísticas del sector son volátiles y las variaciones bruscas pueden suavizarse, pero sería necio negar de antemano el impacto probable de un aumento de tasas tan pronunciado -más de un punto porcentual desde comienzos de mayo- que ya ha colocado al costo de una hipoteca a 15 años por encima del 3,5% y a la de 30 años, en el 4,60%. Otros indicadores vinculados, como el inicio de nuevas obras o los trámites de compra, confirman señales de debilitamiento (aunque no tan rotundas) y, en conjunto, avisan que se perfila una posible retracción. La suba de tasas ha sido muy violenta y en un primer momento puede estimular la concreción veloz de operaciones inmobiliarias en curso, pero dos meses después de comenzada, ya está claro que el volumen de negocios no permanece indemne y se resiente. Como los tipos de interés ascendieron otro escalón en agosto, no cabe pensar que el percance de julio sea un episodio aislado o que no se pueda acentuar en los meses venideros.

Las peripecias del mercado de casas nuevas son las malas noticias que los mercados ansiaban. Lejos de desesperarse, el viernes, bonos y acciones saludaron la novedad con el alivio de precios más firmes. Es que resulta un mojón útil para advertir hasta dónde pueden trepar las tasas sin afectar a la economía real. El límite no debe andar muy lejos. Si antes del informe el bono de diez años lucía presto para atravesar el umbral del 3%, después de leer el detalle de las ventas hubo un cambio apresurado de planes. La tasa de diez años cerró en torno al 2,82% y concedió un respiro. Las acciones, por su parte, se animaron al contraataque. En un premio consuelo, el Dow Jones consiguió poner pie de nuevo sobre los 15 mil puntos. El daño más severo quedó oculto bajo la superficie: en la semana los fondos comunes de acciones de EE.UU. perdieron más de 12 mil millones de dólares bajo manejo, quebrando una racha de ingresos netos que duró ocho semanas. La suba de tasas es un taladro que perforó la confianza. Sólo los fondos que replican al S&P500 padecieron una fuga de 10 mil millones: el dinero caliente de hedge funds y operadores agresivos prefirió tomar distancia. De momento, el efectivo es rey. Al menos, hasta que aclare.

A tres semanas y media de la próxima reunión de la FED, se puede trazar un inventario de la situación. La economía no está muy sólida y, como vimos, es vulnerable. Las tasas largas pueden hacer trizas el pronóstico rosado de la FED. La inflación, por fortuna, no es un problema. Pero la desinflación sí es un riesgo. La FED no quiere cancelar el estímulo monetario, únicamente pretende dosificar su inyección en el margen. Se trata de disminuir las adiciones futuras de bonos largos a su cartera hasta cancelarlas hacia mediados de 2014. Y, de ninguna manera, juzga oportuno elevar las tasas cortas hasta, por lo menos, 2015. Si todo esto es cierto, entonces, lo que no cuadra es la trayectoria de las tasas largas. Ello no quiere decir que no puedan subir más. Ya se escribió sobre la teoría del embudo. Si todos los inversores quieren reducir su exposición a la vez, la sobrerreacción es la única manera de lograrlo. Pero no será el final de la película: las fuerzas detrás de la economía, la inflación y la FED propenderán a una tasa más baja cuando los ánimos se calmen. En ese sentido, el traspié inmobiliario llega en buen momento. Recuerda como se vio, sin ir más lejos, con el oro que, cuando los mercados se tornan de mano única, también hay que cuidarse de no chocar de frente con el camión que carga los excesos de la sobreventa.

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