13 de julio 2011 - 00:00

“El creciente interés por lo latino me ayudó a publicar en Estados Unidos”

Tras «La montaña invisible», traducida a 12 idiomas y premiada en Italia, la escritora uruguayo-estadounidense Carolina De Robertis ultima otra novela que titulará «Perla» y transcurre en la Argentina.
Tras «La montaña invisible», traducida a 12 idiomas y premiada en Italia, la escritora uruguayo-estadounidense Carolina De Robertis ultima otra novela que titulará «Perla» y transcurre en la Argentina.
«Soy la única escritora en Estados Unidos cuyas novelas transcurren en las dos orillas del Río de la Plata», se enorgullece Carolina De Robertis, que se define como «uruguaya estadounidense, porque si no me es muy difícil explicar mi identidad cultural, dado que nací en Uruguay, crecí en Inglaterra, viví en Suiza, y desde hace mucho resido en California». Con su primera novela, «La montaña invisible» (que en español publicó Planeta) Carolina De Robertis entró en la lista de best sellers de Estados Unidos y fue rápidamente traducida a 12 idiomas, ganando entre otros el premio italiano Rhegium Julii 2010. En su breve visita a Buenos Aires, donde vive parte de su familia, dialogamos con ella.

Periodista: Con pocas excepciones, se dice que es difícil para un escritor latinoamericano conquistar el mercado editorial estadounidense. Usted lo logró con su opera prima. ¿La ayudó vivir en California y haber escrito su novela en inglés?

Carolina De Robertis: Para los hispanos que viven en Estados Unidos y escriben en inglés, igual es difícil. Hay muchas barreras para alguien que no es estadounidense, más si es mujer. Al mismo tiempo hay en la literatura estadounidense un gran movimiento de hijos de inmigrantes que han dado algunos de nuestros mejores escritores actuales. El dominicano Junot Díaz, un escritor increíble, o el peruano estadounidense Daniel Alarcón, dos buenos ejemplos. A esto hay que agregar lo que vienen aportando los hijos de inmigrantes de otros orígenes, chinos y rusos principalmente. Todo eso se está valorando mucho. Y creo que si mi novela ha tenido éxito es debido a éste movimiento. Los escritores que me antecedieron ampliaron el espacio para que los hispanos podamos escribir.

P.: ¿Cuándo apareció en usted la idea de contar una saga familiar, la historia de tres generaciones de mujeres en el Uruguay?

C.D.R.: Cuando era una niña jugaba a imaginar la historia de una familia. A los 13 años leí «Cien años de soledad» y descubrí todo lo que podía captar la literatura. Siendo hija de inmigrantes, crecí escuchando historias que habían ocurrido en el Uruguay. Conocí el país a través de la nostalgia y esos cuentos. Eso me dejó una fascinación por la historia y la cultura uruguayas. Mucho después sentí la necesidad de crear un mundo que transcurría allí a lo largo de 90 años.

P.: ¿Quiso contar a su modo cien años de una dinastía?

C.D.R.: Me interesó ver cómo con el paso del tiempo se pasaba de un contexto a otro. Cómo los sueños de nuestros abuelos, tanto los que se concretaron como los que se perdieron, tienen mucho que ver con cómo somos. En 1985 cuando tenía 10 años y mi familia recién se había mudado de Suiza a California, mi madre se enteró de que una compañera suya del colegio había salido de la cárcel en el Uruguay. Era una ex tupamara que había sido torturada y pasado 13 años en prisión, donde había tenido una hija. Mi madre quedó shockeada. Me di cuenta de que había mucho que mis padres no me contaban. No sabía nada de la dictadura. Ellos me contaban un Uruguay idílico. Esa amiga de mi madre inspiró en mi novela el personaje de Salomé, y me impulsó a descubrir qué la había llevado a ser como había sido. Eso me llevó a su pasado, a las conexiones familiares.

P.: ¿Eso tiene que ver con sus actividades en California?

C.D.R.: No lo puedo negar. Durante los ocho años que me llevó escribir la novela trabajé en varias organizaciones sin fines de lucro que se dedicaban a los derechos de las mujeres, a trabajar contra la violencia, o por los derechos de los inmigrantes. La mayoría del tiempo, unos cinco años, la pasé en un Centro de crisis por violación, aconsejando a mujeres y, en menor cantidad, a hombres que habían sufrido abuso sexual. Ese trabajo me dio un profundo entendimiento del trauma. Y también de la fortaleza humana. Tuve la suerte de ser testigo de ese proceso de sanación, de valentía de la gente. Eso me ayudó muchísimo a forjar mi personaje. Nunca usé la vida real de nadie, porque lo que me contaron fue totalmente confidencial, pero me permitieron entender emocionalmente ese sufrimiento.

P.: A la vez agradece que, para recrear ese momento histórico, se haya servido de aportes de investigadores como la uruguaya María Ester Gilio.

C.D.R.: No llegué a conocerla, pero sus libros me fueron tan útiles que sentí la necesidad de agradecer en mi libro lo que me había aportado leerla. Yo entré a contar del Uruguay y de la Argentina desde la fascinación de los cuentos familiares. Empecé a profundizar en el tema con las obras que estaban disponibles en Estados Unidos. Vine al Río de la Plata tres veces, y entrevisté a mucha gente. La historia social es experimentada por todos los miembros del país, y todo el mundo tiene su punto de vista y su experiencia.

P.: ¿Qué ha hecho que su novela, siendo una opera prima, haya sido traducida rápidamente en doce lenguas y conquistado el Premio Rhegium Julii en Italia?

C.D.R.: Cuando escribía mi novela pensaba que me iba a ser muy difícil publicarla. Que no iba a conseguir la atención de los editores. Dado que tengo muy buenos amigos, pensaba que diez personas iban a leerla alguna vez. Si no pasaba nada, podía hacer fotocopias para mis amigos. Me decía: si hay diez que la leen porque me quieren, vale la pena escribirla. No tenía ninguna garantía de nada por el tema que estaba tocando. ¿Uruguay, un país tan desconocido a nivel mundial, a quién iba a interesar en Estados Unidos? Cuando se vendió me di cuenta de que ésa también era una razón para que mi libro interesara. Mi editora no sabía nada del Uruguay, y por eso le gustó, quería saber del país, de la gente y de la cultura rioplatenses. Fue así como los derechos del libro en Estados Unidos se vendieron en una subasta. Había cinco editoriales grandes en Nueva York que querían los derechos. Que lucharan entre ellos aumentó el valor y atrajo la atención de las editoriales internacionales. Ayudó el creciente interés por lo latino.

P.: En su segundo libro saltó directamente a la Argentina.

C.D.R.: Se llama «Perla», se publica en Estados Unidos en marzo del año que viene, y ya se vendieron los derechos para Noruega, Italia y Alemania. Cuento de una chica argentina, hija de militares, en el año 2001, que descubre en su casa el fantasma de un desaparecido y, poco a poco, se va dando cuenta de que se trata de su padre biológico. Ella tiene que decidir qué va a hacer, cuál va a ser la actitud con el padre que la crió.

P.: Con una novela que anda por el mundo, una segunda que va en el mismo camino, ¿se ha vuelto una escritora profesional?

C.D.R.: Me siento estimulada. Estoy aprovechando el viaje a Buenos Aires para hacer investigaciones para mi tercer libro, porque también se va a situar en la Argentina, acaso porque tengo raíces argentinas, una familia enorme aquí. Y también porque hice tanta investigación sobre la época que va de 1960 a fines de 1980, que me quedó mucho material , y fueron surgiendo ideas para otras historias, como por ejemplo la de mi novela «Perla», en la que estoy trabajando ahora, me inspiro en la historia de mis bisabuelos, que salieron de pueblo chiquitísimo, cerca de Salerno, en Italia, lugar donde ya estuve investigando. Mis bisabuelos se vinieron a la Argentina a empezar una vida nueva. Quiero contar la aventura de los inmigrantes, la riqueza cultural que provocan, una de esas manifestaciones es el mundo de los tangueros a comienzos del siglo XX, una música que se volvió mundial.

Entrevista de Máximo Soto

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