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El cubismo checo renace en el arte de jóvenes santafesinos
Algunos de los miembros del grupo santafesino La Herrmana Favorita vestidos de cubistas, un movimiento que investigaron y almacenaron datos que en su muestra están dispuestos en el mismo plano de unas pinturas y una gran instalación.
En la exhibición «Kubista», el uso de la letra «K» responde tanto a la seducción que ejerce el sonido al pronunciarla, como a su circunstancial y actual «fama política». Luego, las investigaciones y el almacenamientos de datos, el trabajo de archivo sobre el cubismo, todo el nutrido material reunido en un cuaderno de apuntes y una carpeta, se encuentra en la sala de exhibiciones, dispuesto en el mismo plano de unas pinturas y una gran instalación acaba por configurar la «obra» en cuestión.
Abate destaca que no es común abrir el juego a la gente del interior, y con cierta satisfacción, afirma: «Creo que escucharemos hablar en el futuro sobre estos artistas. La gente del mundo del arte suele ser egoísta, nadie se preocupa por ayudar al otro. Abrir el horizonte a los artistas talentosos que en su ciudad natal les resulta difícil subsistir, mostrar que existe el talento en lugares ajenos a los grandes centros, es un desafío». El galerista, que inició su carrera en el poderoso mercado de México, agrega: «Es tan fácil hacer una muestra excelente con artistas ya armados, lo difícil es hacerla con artistas nuevos».
Entretanto, los integrantes de La Herrmana Favorita relataron durante el vernissage que todos ellos nacieron y viven en Rafaela, y que tienen algo más en común: algún hermano o hermana que ostenta la condición de «favorito», condición que si bien no posee relación directa con su arte, sirvió a la hora del bautizo.
La exhibición «Kubista» comenzó a gestarse el año pasado, durante un viaje a Alemania, a Sigmaringendorf, específicamente, cuando al llegar a Praga, encontraron la versión local del movimiento. Entonces, al referirse a esa experiencia, afirman: «Con sorpresa y fascinación, descubrimos el Kubismo Checo. Fue un encuentro tan hermoso que lo comparamos con un alunizaje. Así, en medio del exceso ornamental, simbólico/mimético del art nouveau que impera en los edificios del centro antiguo, apareció una tienda kubista». A partir de ese momento, los santafesinos comenzaron una investigación cuyo acento está puesto en la intensidad y creatividad de un grupo de cuatro arquitectos checos. Pavel Janak, Josef Gocar, Josef Chochol y Vlastislav Hofman, entre 1910 y 1914, antes de que se fundara la Escuela Bauhaus (1919), se unieron para elaborar una serie de objetos para la vida diaria, muebles y proyectos arquitectónicos. Ellos partieron de las búsquedas que venían realizando básicamente Pablo Picasso, George Braque y Juan Gris y, acaso, también los suprematistas rusos.
«Los checos adaptaron los principios cubistas para llevarlos a la vida cotidiana: puntas filosas, planos de corte, formas cristalinas, muebles repletos de energía, objetos decorativos dinamizados con líneas negras, duras, escuetas, crudas, austeras», concluyen los artistas y muestran los numerosos testimonios y las imágenes que documentan la estética cubista.
De la investigación surge el origen checo del término robot, en una ciudad que como observan los artistas, está «llena de autómatas, marionetas y del Golem judío, ese monstruo terrible hecho con barro del Moldava y fabricado para trabajar como esclavo, claro antecedente del robot». LHF desarrolla el tema del principio al fin, con los riesgos que engendra la tecnología incluidos.
El recorrido de la exposición lleva al espectador a enfrentar un muro de madera, una inmensa caja cubista plantada en medio de la sala que, según LHF, guarda un secreto. La recreación de un período de la historia del arte de Praga, representado a lo largo de la muestra, confronta al espectador con la pretensión, sin duda romántica, de «refundar el kubismo». La Herrmana Favorita aspira a traer de vuelta al presente, convoca la fe de un grupo de artistas «locamente comprometidos» con un movimiento que pretendió cambiar la vida.


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