5 de agosto 2011 - 00:00

El debate en EE.UU.: ¿genera mucho ruido y pocas nueces?

Parecería que el mundo desarrollado se mueve entre la tragedia y el drama. En Europa estamos asistiendo a una tragedia griega digna de Sófocles o Eurípides que se acerca lentamente a su acto final. En Estados Unidos a un drama que parece inspirado en Shakespeare. Me refiero a la saga del límite al endeudamiento y las negociaciones para reducir el déficit fiscal. Como habíamos anticipado, finalmente, y a último minuto, primó la cordura. Demócratas y republicanos se pusieron de acuerdo en un programa de reducción del déficit. De esta manera se evitó algo impensable: una cesación de pagos por parte del Gobierno de Estados Unidos. Los analistas debaten quién ganó con este ensayo de ruleta rusa. A primera vista parece que fueron los republicanos, pero es difícil saberlo antes del 6 de noviembre de 2012, cuando los norteamericanos elijan un nuevo presidente. Por ahora cualquier victoria parece pírrica. Queda la sensación de que quien perdió fue la sociedad norteamericana.

Obama parece ser el otro claro perdedor. El ala más izquierdista (liberal, en el sentido norteamericano) del Partido Demócrata no le perdona haber claudicado frente a la extorsión de los legisladores republicanos que controlan la mayoría en la Cámara baja del Congreso. El economista Paul Krugman es uno de los que criticaron al presidente por no haber adoptado una posición más dura en las negociaciones. En su columna del New York Times fustigó el acuerdo, que en su opinión «perjudicará a una economía que ya está en recesión, probablemente agrave aún más el eterno problema del déficit norteamericano y, lo que es más importante todavía, al demostrar que la extorsión descarada funciona y no tiene costo político, arrastrará a Estados Unidos por el camino de las repúblicas bananeras.»

Para los republicanos es justamente Obama el que con sus políticas está llevando a Estados Unidos por ese camino. El acuerdo no los ha dejado muy contentos. Miembros destacados del movimiento «Tea Party», que representa el ala más dura del partido, se quejan porque el acuerdo sólo exige 2,4 billones en reducción del gasto público en vez de 4 billones. El mercado tampoco parece haber quedado muy satisfecho con lo que pasó. En las últimas semanas el índice Dow Jones tuvo el peor rendimiento desde 2008. Tanto el oro como el franco suizo siguen en ascenso, demostrando la desconfianza de los inversores en el dólar.

¿Qué se puede sacar de positivo de todo esto? No mucho. Quizás ver cómo en Estados Unidos se debate de manera abierta en el Congreso el tamaño del sector público, la deuda pública y el déficit fiscal. También observar que entre los miembros más moderados de ambos partidos existe consenso respecto de la manera de reducirlo (por ejemplo, la propuesta Bowles-Simpson). Otro aspecto positivo, especialmente para los argentinos, es poder observar (¿aprender?) cómo opera una democracia con un Poder Legislativo independiente que no es avasallado por el Poder Ejecutivo.

Lo negativo es que el debate de las últimas semanas mostró de manera muy cruda un cambio profundo que se viene observando desde hace algunas décadas en la política y la sociedad norteamericanas: la polarización.

Durante décadas existió un acuerdo implícito entre demócratas y republicanos respecto de aspectos clave de la política pública. Eso hacía que los cambios de administración fueran menos traumáticos, lo que entre otras cosas ayudaba a crear un clima más estable para los negocios. Hoy en día prevalecen las posiciones extremas e irreconciliables, lo cual complica enormemente la tarea de gobernar.

El acuerdo aprobado por el Senado el 2 de agosto no refleja un espíritu bipartidista sino el miedo de ambas partes a llevar a Estados Unidos a la cesación de pagos. Además deja muchas preguntas sin responder. Esto es así porque tanto demócratas como republicanos tienen algo de razón. Hay que reducir el gasto público pero también hay que aumentar los ingresos públicos. Además, en una economía en recesión con un 10% de desempleo el ajuste debería ser más equitativo. No es justo que ciertas empresas e individuos multimillonarios (como los hedge fund managers) sigan gozando de exenciones impositivas cuando se le exige un sacrificio al resto de la población. Pero es improbable que esto suceda mientras los republicanos controlen la Cámara de Representantes.

Una de las preguntas que aún no tienen respuesta es cómo se va a resolver el problema fiscal de fondo. Hace unos días, Bill Gross, fundador y chief investment officer del fondo de inversión PIMCO, escribió un interesante artículo sobre el tema del déficit fiscal. Teniendo en cuenta que PIMCO maneja un billón de dólares en activos y es uno de los principales inversores de bonos del mundo, su opinión tiene mucho peso. Según Gross, el acuerdo alcanzado recientemente «no mueve la aguja». Es decir, no va a tener un impacto significativo sobre el déficit, que ya asciende a casi 1,5 billón de dólares. Además, argumenta que a la deuda pública existente (aproximadamente 10 billones de dólares) hay que agregarle 66 billones de dólares en contingencias (casi el 400% del PBI actual de Estados Unidos). Estas contingencias no son registradas en las cuentas públicas, pero surgen de las obligaciones futuras que generarán los programas de Medicare, Medicaid y Seguridad Social.

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