“El director orquestal dictador ya no existe”

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Luego de haber asumido el cargo de director asistente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Darío Domínguez Xodo tuvo bajo su responsabilidad la dirección de la "Trilogía Neoclásica IV" en marzo y a principios de abril de un concierto con fragmentos de óperas en La Usina del Arte. Mañana a las 20 el joven director volverá a subir al podio y estar al frente de este ensamble instrumental, nuevamente en la Usina, con un programa integrado por la Sinfonía n° 29 de Mozart y la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov, con Marcelo Ayub como solista.

Mientras tanto, Domínguez Xodo lleva adelante las funciones del ballet "Don Quijote" en el Argentino de La Plata y en mayo conducirá en la Facultad de Derecho la Orquesta Sinfónica Municipal de Florencio Varela, organismo que integra un programa artístico y social de formación e integración dirigido por él. Más adelante, en junio y julio, dirigirá la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Tucumán, presentando junto a Federico Aldao el "Concierto Argentino" de Ginastera y la 6º sinfonía "Patetica" de Tchaikovsky. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cómo fue desde el inicio la relación con la Filarmónica?

Darío Domínguez Xodo:
En noviembre se hizo una audición, que es como empecé a trabajar también como asistente en la Orquesta del Argentino. Eso fue abriendo el camino en La Plata, en la Sinfónica; una vez tuve que salir a dirigir de urgencia "Romeo y Julieta" de Prokofiev en La Plata, y esas cosas circulan rápido en el ambiente. Mi experiencia como director de ballet habilitó que me confiaran la "Trilogía neoclásica" en la sala del Colón. Estoy contento con el trabajo y el vínculo con la Filarmónica y lo que recibo de ellos y de las autoridades. En mi caso trabajo como si la dirigiera desde hace muchos años. La clave está en que he sido compañero de muchos en otras orquestas [nota: fue violinista en la Estable del Teatro Argentino y en la Sinfónica Nacional], los he dirigido, y el trabajo marcha muy bien.

P.: Este concierto es una suerte de prolongación de la "Trilogía Neoclásica IV", ya que comprende dos de las obras que la integraron.

D.D.X.:
La sinfonía va ahora en su versión original y con tempi de conciertos, con mis tempi, que ya estuvimos trabajando antes del ballet, luego se los adaptó a la coreografía y ahora los retomamos. El programa se completa con el "Vals de las flores" del "Cascanueces" de Tchaikovsky.

P.: ¿Qué rasgos musicales y humanos distinguen a la OFBA?

D.D.X.:
Lo interesante a nivel musical es la excelente respuesta de la orquesta a todo lo que uno pide. Si uno va con una idea clara de lo que quiere hacer musicalmente, ellos enseguida lo llevan a cabo, tanto de lo que uno pide gestualmente como lo que pueda tener que decirse verbalmente. Eso lo vi mucho en la sinfonia de Mozart: hacer una obra así con la Filarmónica implica tener una idea muy clara de lo que uno quiere, porque de otra manera no tiene sentido. Como cualquier obra, pero en algo tan transparente y de repertorio se siente más. Desde los primeros ensayos encontré una excelente predisposición para los detalles finos. Desde lo humano es una orquesta muy sensible al clima de trabajo. Ellos están predispuestos a trabajar de buena manera, y si uno va por ese camino la concentración sobre el trabajo es mucho más fácil. Es un punto de encuentro de lo que todos queremos hacer: música en un clima agradable. Se trata de una impronta que Diemecke [su director titular] viene llevando desde hace años; él sabe como trabajar con la gente. Cuando uno dirige una orquesta no puede pasar por alto que en primer lugar está dirigiendo a personas. Lo humano es tan importante como lo musical, sin alguna de las dos la cosa no funciona. Trato de plantear un trabajo de equipo. Está claro que desde hace rato el director dictador no existe, pero no sólo por una cuestión de época, sino porque hubo un progreso en la manera de vincularnos laboralmente, como lo hubo en otros espacios. Eso lleva a mejores resultados, estoy convencido de eso. Uno tiene que ser el líder, pero para llevar al grupo, conducirlo y poner una impronta de ideas y de metodologia. La autoridad la lleva por ese camino. Y la orquesta quiere que eso ocurra, y si sucede las cosas empiezan a funcionar bien.

P.: Respecto de una determinada idea, ¿hasta qué punto el director debe ser inflexible?

D.D. X.:
Dependende de cada caso. Uno no debe ser siempre inflexible. El límite está donde hace falta dar una coherencia musical a lo que uno va a hacer. No puedo hacer una idea musical de una manera y luego cuando se repite hacer algo que no tiene que ver con eso. Pero cuando voy con una idea y desde un solo de la orquesta sale una distinta, prefiero interactuar con esa idea, porque muchas veces va a ocurrir que al músico le va a salir mejor su idea que la mía, y va a ser más interesante y más enriquecedor intercambiar ideas con él. Kurt Masur nos decía en un curso: "No pretendan hacer lo mismo con orquestas distintas. Esperen a ver qué propone la orquesta desde su sonido y su impronta, y luego a eso pónganle sal y pimienta". Cuanto mejor es la orquesta más se puede trabajar. En cada ensayo y cada concierto se debe desarrollar una percepción musical y humana para generar este ida y vuelta con la orquesta.

Entrevista de Margarita Pollini

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