29 de junio 2015 - 00:00

El discurso y el cálculo detrás de la marcha del 14-J

Alejandro Slokar
Alejandro Slokar
La idea de convocar una marcha para protestar por la remoción del juez Luis Cabral ya divide a las tribus que se disputan el protagonismo de la Asociación de Magistrados y a jueces y fiscales con oficinas en Comodoro Py. La organización de la protesta se desarrolla en paralelo a las conversaciones de la oposición para promover un amparo hoy ante la Justicia en lo Contencioso Administrativo. Con la convocatoria que se intenta organizar para una marcha el 14 de julio se van desnudando algunas realidades. Este llamado a marchar parece casi copiado de la movilización que, fallidamente, intentó convertir a Alberto Nisman en bandera política. Los convocantes a la marcha, esta vez, no pueden disimular otras intenciones. Mauricio Macri y la oposición ya comenzaron a convocar por los medios a la protesta en apoyo de Cabral cuando su situación dista mucho de las motivaciones de convocatorias anteriores en protestas judiciales. Por si hace falta recordarlo, Cabral está subrogando el cargo en la Sala I de Casación Penal Federal desde 2011. Es decir, que la decisión del Consejo de la Magistratura no hizo otra cosa que volverlo a su lugar original. Imposible equipararlo a otros conflictos en la Justicia y mucho menos a una medida arbitraria.

De ahí que no resulte sustancial una convocatoria de este tipo y menos que de aquí a mediados de julio la oposición encuentre argumentos para definir como arbitraria una decisión que, a todas luces, apunta a corregir más que una injusticia, una demora en administración de cargos en el Poder Judicial.

Más allá de la defensa del arco opositor acompañado por diversas entidades, al momento de la remoción que impulsó el oficialismo en el Consejo de la Magistratura, Cabral ya tenía en contra a media Cámara Federal de Casación. En diciembre del año pasado consideraron ilegal su subrogancia cuatro camaristas federales. De ellos, el único que integra abiertamente la corriente Justicia Legítima es Alejandro Slokar. El juez Juan Carlos Gemignani llegó a su cargo con apoyo del radicalismo y ha firmado fallos en duros términos contra funcionarios del Gobierno, la jueza Ángela Ledesma colaboró en reiteradas ocasiones con Cabral en el gremio de jueces para promover reformas legislativas y fue bajo su presidencia que Cabral logró subrogar en la Casación, finalmente Pedro David ingresó a la Casación en los años 90 luego de integrar tribunales internacionales y siempre se mantuvo distante del gremialismo de los magistrados, negándose a participar en cualquier tipo de agrupación.

Es una lectura demasiado básica la de interpretar que sólo Cabral tenía en contra a jueces cercanos al oficialismo y que él es un hombre de la oposición. La realidad a veces tiene poca carga política y se demuestra en los detalles. En diciembre del año pasado Gemignani relevó las estadísticas de la Sala que integra junto a Cabral y Ana María Figueroa. Mientras Gemignani tenía, a diciembre de 2014, menos de 100 firmas pendientes de su despacho, Cabral tenía más de 350 casos sin tratar y Figueroa directamente más de 400. Estos números eran conocidos desde ese entonces por el pleno de la Cámara. El pasado jueves el kirchnerismo los usó de forma contundente en la Magistratura.

Cuando el caso por el pacto con Irán llegó a la Casación, Gemignani se empeñó en resolverlo cuanto antes. Figueroa en cambio pidió más tiempo. Cabral la secundó a Figueroa. El viernes previo al lunes en el cual se debía conocer el fallo Cabral tenía prácticamente escrito su voto. Gemignani, igual y hasta se daba por hecho que sería por la negativa. Pregunta: ¿Si Cabral, como durante el fin de semana se publicó en diversos medios, iba a votar contra la constitucionalidad del memorando, por qué esa sentencia no se conoció en el mediodía del pasado lunes?, ¿por qué la postergación?, la respuesta asoma como elemental: el juez buscaba generar una instancia para negociar con el kirchnerismo para que sus representantes en la Magistratura prolongaran su subrogancia.

Quien ahora es presentado como un bastión del antikirchnerismo judicial, desde principios de este año, en su rol de consejero de la Magistratura, negocia permanentemente con funcionarios del Gobierno por concursos de jueces, sanciones y la organización del Poder Judicial. Pragmatismo total. Su actual pose de opositor es parte de la oportunidad del momento. Hace tres semanas organizó un asado en el cual se mostró a favor de la candidatura de Daniel Scioli. Por lo menos dos jueces federales lo escucharon.

Ahora llegará la discusión a partir de las presentaciones judiciales que dominarán esta semana para requerir la reposición del juez. El destino de esos reclamos no es sencillo. Cabral llegó a la Casación por fuera de reglamento. Es así de elemental. La ley establece que en ese tribunal los subrogantes son o bien integrantes del mismo o a lo sumo jueces de tribunales orales federales de todo el país. Cabral no es ninguna de las dos cosas. Es un juez de la Justicia ordinaria de la Capital que antes de llegar a la Casación trataba casos de hurtos y riñas. Llegó a su despacho propuesto por el juez Raúl Madueño, ya retirado, y con el argumento de que como se llevaba bien con Cabral y tenían puntos en común, la Sala estaría al día porque habría pocas discrepancias. En más de 30 años en el Poder Judicial Madueño nunca tuvo una causa judicial. La única presentación en su contra fue por la subrogancia de Cabral. Hace dos años en el gremio de jueces le regalaron una plaqueta conmemorativa.

A pesar de estar en clara falta, Cabral logró que la propia Cámara firmara una acordada convalidando su permanencia que incluso contradice jurisprudencia de la Corte Suprema. El resultado era esperable y toda la Cámara terminó con una denuncia que luego no prosperó. Pero la paciencia comenzó a agotarse.

La ambivalencia en materia judicial y política, la demora en tratar casos sensibles que ya tienen firma de sus colegas desde hace meses, el proselitismo para su campaña a la Magistratura organizado desde la Asociación de Magistrados que él presidía (que fueron señaladas por el entonces secretario de la Asociación, el camarista Gregorio Corach) y las largas mañanas en diversas cafeterías, en lugar del despacho y sus empleados, terminaron de complicar una situación que ya era inviable, incluso antes del pasado jueves, cuando el kirchnerismo sólo tuvo que asestar la estocada final.