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“El dólar podría estar cerca de $ 3,60 para fin de año”
Crítico de las medidas anunciadas por el Gobierno, este economista de FIEL identifica que el principal problema que se debe revertir es la pérdida de confianza. «Se trata de medidas apresuradas con problemas de implementación, y aún más, sin atacar el obstáculo principal, que es la caída en la confianza en el Gobierno y en la política económica en general», afirmó. En ese sentido, indicó que «para estimular el consumo hay que regalar los préstamos».
Periodista: ¿Qué opina de las medidas anunciadas por Cristina de Kirchner?
Ramiro Moya: Se trata de medidas apresuradas, con probablemente gravísimos problemas de implementación, y aún más, sin atacar el obstáculo principal, que es la caída en la confianza en el Gobierno y en la política económica en general.
P.: ¿Cree que el blanqueo de capitales y la moratoria impositiva no vayan a funcionar?
R.M.: Además de ser un premio al evasor, la repatriación de fondos no distingue que el problema no es impositivo sino de confianza acerca de invertir en la Argentina. En realidad, se debería empezar por generar los suficientes atractivos para que los activos domésticos no busquen salir. Por otra parte, la moratoria impositiva es probable que provoque mínimos efectos. Hay que tener en cuenta de que se quiebra la equidad horizontal debido a que dos empresas, en las mismas condiciones, son tratadas en forma distinta ante el fisco dado que se premia al que no cumplió con sus obligaciones fiscales. No hay credibilidad acerca de que en el blanqueo de trabajadores, por ejemplo, vaya a mantenerse el incentivo. Además, el empresario, más que regularizar la situación, y también el trabajador, están viendo cómo mantener el empleo. La regularización impositiva y previsional son medidas de más largo plazo que no sirven para esta situación coyuntural de caída en la actividad.
P.: ¿Y los planes que intentan reactivar el consumo?
R.M.: Como están planteados, no creo que generen un efecto expansivo. Por dos razones: parte de los fondos (aproximadamente $ 7.500 millones) ya estaba prestada en el sistema financiero, entonces lo único que se va a hacer es sacárselo a alguien para prestarlo para el consumo. El segundo punto es que las tasas de interés que se mencionan, el 11% en pesos y el 7% en dólares, más el spread bancario a que se licitarían deja una tasa que difícilmente baje del 13%-15%, incluyendo los costos financieros. Con una inflación que se va desacelerando por la fuerte caída en la actividad, la tasa de interés real difícilmente sea negativa. Pero para estimular el consumo en el contexto de enorme desconfianza hay que regalar los préstamos. Con más confianza, hubiera sido una tasa razonable.
Nada claro
P.: ¿Existe financiamiento para el plan de obras públicas que se anunció?
R.M.: No está nada claro. El próximo año, y aún más durante 2010, es probable que el Gobierno se vea corto de fondos, incluso después de la estatización de los ahorros previsionales. La caída en la recaudación por los menores precios internacionales (la soja está hoy por debajo de u$s 300 la tonelada, lejos de los picos de junio) y por la contracción económica van a dificultar expandir el gasto público. Tampoco se puede pensar en financiamiento voluntario, entonces ahora va a empezar a operar la restricción de vivir con lo nuestro. Por eso, el impacto de este plan depende de cuándo y cómo se implemente.
P.: ¿Qué tipo de medidas se debería poner en práctica entonces?
R.M.: Es necesario hacer un mejor diagnóstico acerca de qué causó la crisis de confianza y tomar las medidas que la reviertan. A partir de ahí es posible recuperar la política fiscal y monetaria sanas para hacer política contracíclica.
P.: Con la inflación desacelerándose (por efecto del freno en la economía), ¿cuáles serán las mayores dificultades que se va a enfrentar en 2009?
R.M.: El principal problema es cómo reactivar la economía cuando sufrió dos shocks negativos importantes: una crisis de confianza de origen interno que se inicia con la pelea por aumentar las retenciones al campo y sigue con la estatización de los fondos previsionales y, segundo, la de origen externo, que no sólo se manifestó en una caída de los precios internacionales de los bienes exportables sino también en un aislamiento financiero extraordinario para la Argentina particularmente. Ambos repercutieron en una caída en el consumo y en la inversión.
P.: ¿Se puede revertir esta situación con políticas acertadas?
R.M.: No va a ser fácil, porque el Gobierno sigue dando señales que contribuyen negativamente. La represión financiera que se manifiesta en más controles a la compra de activos externos, formales e informales, las medidas económicas intempestivas -sin ser analizadas con cierta prudencia-, la subestimación de la inflación y la falta de transparencia en general son algunos ejemplos de esas señales. La crisis de confianza se encuentra precisamente en lo que los economistas denominamos la función de reacción del Gobierno, que es precisamente impredecible. Por esta razón veo difícil reactivar con medidas como las anunciadas sin atacar la razón principal o sin un golpe de suerte de que los precios de los commodities vuelvan a los niveles de mediados de año, lo cual difícilmente ocurra.
P.: ¿Qué opina del cambio de estrategia respecto al dólar? ¿Dónde se debería ubicar el tipo de cambio?
R.M.: El tipo de cambio debería tender a subir y no descarto que alcance $ 3,50 o $ 3,60 hacia fin de año. El próximo año podría subir otro 15% o 20% dependiendo de lo que el Banco Central quiera hacer; con las reservas que tiene es posible manejarlo. Ahora, los contextos doméstico e internacional cambiaron sustancialmente respecto de un año atrás. Con huida de capitales y caída de los precios internacionales el tipo de cambio real de equilibrio (esto es, neto de inflación) debería ser más elevado. Esto significa que si no se lo deja subir, la tasa de interés va a ser muy elevada, la actividad doméstica será contractiva y la inflación se va a desacelerar más rápidamente, pero a costa de mayor desempleo. Esto no significa que sea fácil devaluar en la Argentina; un cambio brusco puede desatar una salida de depósitos. Pero nuevamente, la falta de confianza redujo la eficacia de otro instrumento de política, la cambiaria.
Entrevista de María Iglesia


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