20 de abril 2011 - 00:14

El economista del mes: ‘‘La situación fiscal muestra una tendencia preocupante’’

En la tradicional entrega de «El economista del mes», el análisis de la actualidad y las perspectivas económicas estuvo a cargo de Manuel Solanet. Si bien cree que la situación fiscal «no es explosiva», advierte que «no es financiable un gasto público de más del 40% del PBI». El economista asegura además que «no hay aún un proceso claro de huida del dinero que haga pensar en una aceleración inflacionaria ingobernable».

Manuel Solanet
Manuel Solanet
1 ¿Aguanta la economía hasta octubre?

El devenir económico en los próximos meses estará determinado por cuatro factores, dos de los cuales son razonablemente predecibles. Uno de ellos es de carácter político y es interno: el Gobierno quiere mantener un cuadro de elevado consumo que lo ayude a lograr el mejor resultado electoral. Otro es externo y se refiere a las condiciones favorables para la Argentina por el sostenimiento de altos precios de los productos agrícolas, y por las reducidas tasas de interés, ambos con pocas perspectivas de cambio significativo en el resto del año. Los otros dos factores menos predecibles son el desborde fiscal local y la forma de financiarlo, y el mayor impulso inflacionario que puede derivar de la carrera entre salarios y precios.

La exaltación oficial del mal llamado modelo forma parte del discurso electoral, aunque de sus rasgos iniciales sólo le quedan algunos flecos. Ya no hay un tipo de cambio «competitivo». De los superávit gemelos sólo queda uno y con tendencia también a desaparecer. La inclusión social tan declamada se contrasta con la realidad de una pobreza en aumento y con el castigo de la inflación sobre los que dependen de ingresos fijos. Pero la economía en general se puede mantener hasta fin de año sin una crisis social o política. El aliento al consumo, el desborde fiscal y los incrementos salariales compensan políticamente los malos humores de la inflación. Las distorsiones crecientes en la estructura de precios y tarifas se aguantarán hasta la próxima gestión presidencial a fuerza de subsidios. La financiación del déficit fiscal con fondos de la ANSES y del Banco Central, si bien impulsan la inflación, no generan suficiente drama en el corto plazo. No hay aún un proceso claro de huida del dinero que haga pensar en una aceleración inflacionaria ingobernable.

2 ¿Continuará el viento externo a favor?

El marco internacional no termina de despejarse totalmente. Estados Unidos comienza a mostrar signos más claros de reactivación y la Reserva Federal ha emitido algunas señales sobre un posible incremento futuro de las tasas de interés. Sin embargo, si esto ocurre será con extrema prudencia y muy lentamente. No parece crear sombras sobre los mercados de commodities, que están sosteniéndose. Europa sigue afectada por las crisis fiscales y las amenazas de default de algunos miembros de la Unión. A pesar de esto el euro se ha revaluado respecto del dólar, lo que muestra la debilidad de la moneda norteamericana. Varios países de nuestra región, como Brasil, Chile o Uruguay no han podido evitar tampoco la revaluación de sus monedas. Esto conviene a la Argentina y compensa el anclaje local del tipo de cambio.

Los conflictos en los países árabes han impactado sobre el precio del petróleo, que arrastra a otros. China e India siguen manteniendo una buena tasa de crecimiento y demandan alimentos. De todo esto es posible que los precios agrícolas continúen elevados. Por supuesto que estoy hablando de plazos cortos y medianos. Las tendencias a largo plazo merecen un análisis más profundo.

Nuestra relación con el mundo no se limita al tema comercial. Son también fundamentales el flujo de capitales, las inversiones directas y el acceso al crédito internacional. En estas cuestiones seguimos estando mal porque el Gobierno hace las cosas mal. Aún no hemos salido del default con una parte de los hold outs, y nunca termina de arreglarse la deuda con el Club de París. El rechazo a aceptar al Fondo Monetario Internacional como auditor de una propuesta de pago extendida nos obliga a alternativas cortas o de contado, o a usar las reservas. Ya no hay resto fiscal para estos arbitrios.

3 ¿Qué pasa con la inversión?

Las inversiones directas del exterior siguen débiles, al igual que las de origen local. El marco institucional y la confianza están afectados por las intervenciones arbitrarias del Gobierno, así como por los cambios demagógicos en las normas laborales y por el clima de confrontación política. Para nada ayudan hechos como el avance del Estado sobre las empresas privadas que habían colocado acciones en las AFJP bajo ciertas condiciones y que ahora se encuentran con directores ideologizados de La Cámpora. El congelamiento de los precios de los servicios públicos ha sido otro factor de desaliento que ha tenido ya un fuerte impacto en el sector de la energía y del transporte. La Argentina se ha convertido en un país importador neto de energía de alto costo, cuando hasta hace pocos años era un país exportador de petróleo, gas y energía eléctrica.

La insuficiencia de inversiones se evidencia en el alto porcentaje del uso de la capacidad instalada en la industria y en el aumento notable de las importaciones. Hay sectores productivos que hace tiempo que trabajan al límite y ya se observan rigideces en la oferta que contribuyen a dar un mayor impulso a la inflación. El intento de Guillermo Moreno y de Débora Giorgi de poner trabas a las importaciones no ayuda a disminuirlas, sino que perturba aún más la oferta y traba las líneas de montaje de algunas industrias.

4 ¿Es tan crítica la situación fiscal?

La situación fiscal no es aún grave ni explosiva, pero expone tendencias preocupantes. La recaudación es extraordinariamente alta en términos históricos, pero también el gasto lo es. Respecto de los promedios de años anteriores a 2002, el gasto público ha crecido en diez puntos del PBI. Esto se debe a factores estructurales y coyunturales. Entre los primeros podemos señalar un crecimiento del 47% en el número de empleados públicos (nación + provincias + municipios) y la incorporación de casi 3.000.000 de nuevos jubilados que no hicieron aportes. El gasto en subsidios para compensar congelamientos tarifarios y de precios es coyuntural y más fácilmente corregible. Este gasto puede ascender a más de $ 60.000 millones en 2011. Podría eliminarse o reducirse si se normalizan las tarifas, aunque éste será uno de los mayores desafíos del próximo Gobierno, que tendrá que encontrar la forma de hacerlo factible social y políticamente.

Desde 2004 el resultado fiscal primario ha perdido cinco puntos del PBI. Desde un superávit del 4,5% en aquel año, ha caído en 2010 a un déficit, bien medido, del 0,5%. El Gobierno toma mañosamente como ingresos corrientes las transferencias de utilidades (no genuinas) del Banco Central, y el uso de los fondos de la ANSES. Por eso todavía habla de un superávit primario. El déficit financiero real, después del pago de intereses, es del 2,5% del PBI. No teniendo el Gobierno acceso al crédito en condiciones razonables, el déficit tiene que ser monetizado. La política de absorción mediante letras del Banco Central tendrá un límite, por lo tanto estamos frente a una expansión monetaria difícil de detener.

5 ¿Se está frenando la inflación?

La inflación es probablemente el problema económico y social más visible, aunque sea consecuencia de otras fallas más serias, como la fiscal. Hoy parece estar en un piso del 25%, difícil de reducir por la cuasi indexación de salarios que surge de las paritarias, y por el impulso de un modelo consumista y de una elevada expansión monetaria. La Argentina compite con Venezuela por el primer puesto mundial en la tabla de posiciones de la inflación. Pero lo que es peor, a diferencia de Hugo Chávez nuestro Gobierno falsea las mediciones intentando desconocer el fenómeno. Está claro que lo primero que se requiere para resolver un problema es reconocerlo y medirlo. Además, la subestimación del índice oficial ha creado un fuerte desprestigio internacional y ha significado una estafa para quienes poseen títulos públicos nominados en pesos y ajustados por la inflación oficial.

La única ancla de precios parece ser el tipo de cambio, aunque en su manejo el Gobierno está frente a efectos contrapuestos. A pesar de que hay fuga de capitales, en los tiempos de salida de las cosechas el mercado cambiario está sobreofertado y la paridad nominal caería agravando el problema del retraso cambiario si el Banco Central no comprara reservas emitiendo pesos. Lo hace, y por ello la expansión monetaria se acentúa. Luego usa las reservas para hacer pagos de la deuda pública y va perdiendo paulatinamente cobertura de la base monetaria. Cuando usa reservas, el Gobierno le coloca al Banco Central un bono intransferible a diez años que tendría un bajo valor de mercado, aunque en su balance lo computa a valor técnico. Es otro engaño. El Banco Central está cada vez más débil para enfrentar una corrida cambiaria en caso que algún acontecimiento detone un proceso de huida del dinero. La Argentina conoce bien esta historia. El Gobierno debiera ser consciente de que no puede producir hechos políticos preocupantes que afecten la confianza.

6 Ante cada elección se habla de la herencia recibida, y nada ha pasado desde 2003. ¿Se acabó el margen para el próximo Gobierno?

Aunque el viento externo a favor perdure, el kirchnerismo dejará una herencia difícil que exigirá un tratamiento profundo. El desafío será por igual para cualquiera que gane: oficialismo u oposición. Podrá alegarse que también se hablaba de pesada herencia antes del traspaso de la presidencia desde Néstor Kirchner a Cristina y aparentemente la economía siguió luego con buenos resultados. La respuesta es que a diferencia de aquel momento hoy ya son un dato el déficit fiscal, la pérdida de autonomía energética, la mayor inflación, el desborde monetario y la casi desaparición de la capacidad ociosa en la industria. En cuatro años la distorsión de precios por los congelamientos se ha acentuado notablemente.

No es financiable un nivel de gasto público de más del 40% del PBI. Las retenciones a las exportaciones deberán en algún momento reducirse, y mientras no se restituya el crédito externo será imperioso reducir el déficit financiero al límite de lo monetizable sin impactar la inflación. Habrá que trabajar estructuralmente sobre el gasto y además lograr también que las provincias lo hagan. Prioritariamente se deberán recortar los subsidios, lo que implica normalizar la estructura de tarifas públicas y suprimir los demás controles de precios. Esto deberá suceder con el menor impacto social posible, lo que exigirá inteligencia pero no populismo.

El Banco Central deberá ocuparse de la estabilidad de la moneda y dejar de proponerse ser un banco de desarrollo. Deberá respetar estrictamente un programa monetario estructurado con miras a reducir la inflación. Deberá actuar como disciplinador del Gobierno y no como una caja abierta para cubrir sus desbordes. Será necesario salir definitivamente del default haciendo los arreglos con el Club de París y cerrando gradualmente los juicios remanentes. La normalización de las relaciones financieras con el mundo deberá dejar de lado posiciones ideologizadas o demagógicas para consumo interno.

La economía está estrictamente relacionada con lo institucional. En ese sentido deberá recuperarse la confianza mejorando sustancialmente la seguridad jurídica y la calidad institucional. Deberán dejar de falsearse estadísticas, respetar la libertad de expresión, sostener el derecho de propiedad, dejar de presionar a la Justicia y garantizar su independencia, reducir drásticamente la corrupción, recuperar civilizadamente el orden en las calles y garantizar la seguridad personal. Será importante sustituir el clima de confrontación, exacerbado en los últimos años, por otro de paz interior y reconciliación. Todas estas líneas de acción hoy no son expuestas en las plataformas de los partidos políticos con posibilidades para octubre, incluido el oficial. Pero salvo extremos de dogmatismo, la realidad suele imponer muchas veces líneas de acción que no estaban previstas.

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