Benigna Leguizamón rechazó ayer un acuerdo extrajudicial y les anunció a los periodistas que exigirá que la Justicia determine si Fernando Lugo es el padre de su hijo de seis años.
En el palco desde el cual el presidente paraguayo, Fernando Lugo, habló en el primer aniversario del triunfo electoral de la Alianza Patriótica para el Cambio, que el 20 de abril de 2008 puso fin a 61 años de hegemonía del Partido Colorado, era notoria la ausencia del vicepresidente, Federico Franco, del Partido Liberal Radical Auténtico, la principal fuerza de la coalición de Gobierno, lo que habla a las claras del clima que se vive en el oficialismo.
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El senador opositor Enrique González Quintana, presidente del Congreso, le sugirió al primer mandatario «blanquear» de una sola vez todos los hijos concebidos, ya que hay presunciones sobre la inminencia de un tercer reclamo de filiación. Y no sería el último. También despierta sonrisas la sospecha de que, aunque el ex obispo no les daba a sus hijos el apellido, sí elegía sus nombres de pila. Uno de los niños se llama Fernando y el otro Armindo, primero y segundo nombre de Lugo, respectivamente.
El escándalo hasta podría internacionalizarse, si se confirma la versión de que llegaría también alguna demanda desde Ecuador, país donde un joven Fernando Lugo, recién ordenado, pasó los primeros años de su sacerdocio, de 1977 a 1983.
«En general, Lugo mantiene todavía un alto grado de simpatía», dice el analista político paraguayo Adolfo Ferreiro, consultado por Ámbito Financiero. «Aunque es cierto que el escándalo deteriora su credibilidad, la paternidad irresponsable no es algo categóricamente descalificante en este país debido al alto grado de informalidad en la materia».
El escándalo llega en mal momento para un Gobierno que recibió el país con un crecimiento del PBI del 6% y empezó este año con una previsión del 5%, que luego bajó al 3% y ahora al 1,5%, mientras que la CEPAL hace una estimación de -0,5%, y otros analistas hablan de una contracción del 3%. La economía se está desacelerando por efecto de la crisis financiera internacional y de la sequía.
Héctor Cristaldo es vicepresidente de la Coordinadora Agrícola del Paraguay, que agrupa a 24.000 productores grandes, medianos y pequeños. Ve al Gobierno «empantanado en los temas principales que planteó en la campaña: en soberanía energética (renegociación del tratado de Itaipú) y en reforma agraria, no hay avances».
En opinión del analista Ferreiro, «una combinación de factores explica esta parálisis: la alianza gobernante es un conglomerado sin proyecto y con tendencias internas muy contrapuestas. A eso se suma el estilo personal de Lugo que deja transcurrir los acontecimientos sin tomar decisiones. Hace dos semanas se anunció un relanzamiento del Gobierno para una optimización de la gestión, pero resulta que los nuevos titulares de dos áreas clave -Industria y Agricultura- se enteraron media hora antes de su designación». El resultado de esa improvisación es que el cambio de gabinete fue visto como un recurso para distraer la atención de la aparición del segundo presunto hijo del presidente.
«Este Gobierno tiene mucha inexperiencia en la gestión pública -dijo Cristaldo a Ámbito Financiero-. No tiene equipo y no consigue construir gobernabilidad».
El Gobierno de Lugo «mantiene una retórica de cambio -sostiene Ferreiro-, pero no muestra ninguna realización en la materia y preocupan sus indefiniciones, marchas y contramarchas, como la reforma agraria anunciada con bombos y platillos, pero de la que nada se hizo, la falta de políticas para enfrentar la recesión y el intento de cambiar la Corte Suprema de Justicia que luego se empantanó creando un escenario de inestabilidad en el Poder Judicial». Y concluye: «Todo se lanza pero nada se resuelve».
En caso de un eventual juicio político a Lugo, la sucesión recaería en el vicepresidente liberal. Pero esa fuerza vive una interna encarnizada entre Franco y el sector del senador Blas Llano, y otros liberales que son funcionarios del Gobierno. «El Partido Liberal, dice Ferreiro, carece de cohesión tanto en la alternativa de tener que suceder a Lugo, como en la de respaldarlo».
Para Cristaldo, la situación es de «confusión general»; sin embargo «en la gente todavía hay esperanza aunque no se ve mucha gestión».
También para Ferreiro la sensación es de «incertidumbre y duda de la capacidad de gestión del Gobierno y de Lugo para ejercer el cargo».
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