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El escándalo completa la crisis
Benigna Leguizamón rechazó ayer un acuerdo extrajudicial y les anunció a los periodistas que exigirá que la Justicia determine si Fernando Lugo es el padre de su hijo de seis años.
En opinión del analista Ferreiro, «una combinación de factores explica esta parálisis: la alianza gobernante es un conglomerado sin proyecto y con tendencias internas muy contrapuestas. A eso se suma el estilo personal de Lugo que deja transcurrir los acontecimientos sin tomar decisiones. Hace dos semanas se anunció un relanzamiento del Gobierno para una optimización de la gestión, pero resulta que los nuevos titulares de dos áreas clave -Industria y Agricultura- se enteraron media hora antes de su designación». El resultado de esa improvisación es que el cambio de gabinete fue visto como un recurso para distraer la atención de la aparición del segundo presunto hijo del presidente.
«Este Gobierno tiene mucha inexperiencia en la gestión pública -dijo Cristaldo a Ámbito Financiero-. No tiene equipo y no consigue construir gobernabilidad».
El Gobierno de Lugo «mantiene una retórica de cambio -sostiene Ferreiro-, pero no muestra ninguna realización en la materia y preocupan sus indefiniciones, marchas y contramarchas, como la reforma agraria anunciada con bombos y platillos, pero de la que nada se hizo, la falta de políticas para enfrentar la recesión y el intento de cambiar la Corte Suprema de Justicia que luego se empantanó creando un escenario de inestabilidad en el Poder Judicial». Y concluye: «Todo se lanza pero nada se resuelve».
En caso de un eventual juicio político a Lugo, la sucesión recaería en el vicepresidente liberal. Pero esa fuerza vive una interna encarnizada entre Franco y el sector del senador Blas Llano, y otros liberales que son funcionarios del Gobierno. «El Partido Liberal, dice Ferreiro, carece de cohesión tanto en la alternativa de tener que suceder a Lugo, como en la de respaldarlo».
Para Cristaldo, la situación es de «confusión general»; sin embargo «en la gente todavía hay esperanza aunque no se ve mucha gestión».
También para Ferreiro la sensación es de «incertidumbre y duda de la capacidad de gestión del Gobierno y de Lugo para ejercer el cargo».

