28 de julio 2015 - 00:00

El Faena, entre un mundo fantástico y la realidad porteña

Gracias a la instalación “Futopia Faena by Studio Job” la arquitectura de la Sala Molinos revela lo que pretende ser: una catedral más terrena que celestial. En el espacio ilusorio de una pista de patinaje se levanta la consola de una DJ (foto abajo).
Gracias a la instalación “Futopia Faena by Studio Job” la arquitectura de la Sala Molinos revela lo que pretende ser: una catedral más terrena que celestial. En el espacio ilusorio de una pista de patinaje se levanta la consola de una DJ (foto abajo).
La semana pasada, el Faena Art Center abrió las puertas de una instalación participativa del exitoso colectivo belga-holandés Studio Job. La propuesta de los diseñadores está hecha para ir y patinar, para disfrutar gratuitamente de un espacio que aspira a capturar la belleza y en cierta medida lo logra. "Futopia Faena by Studio Job" es un cruce entre la utopía de un mundo fantástico y la realidad de las calles porteñas.

La espectacular y helada arquitectura de la Sala Molinos, con sus techos altísimos de triple altura, recién con esta intervención revela su estilo, lo que en realidad pretende ser: una catedral más ligada a este mundo que al celestial. El formato de los inmensos ventanales se asemeja a el de las catedrales góticas y se torna perceptible ahora, cuando las imágenes decorativas que imitan el vitraux dejan filtrar las luces de colores con sus destellos y reflejos. Y hasta el típico rosetón gótico aparece dibujado en el piso. En medio de ese espacio ilusorio, la pista de patinaje, se levanta la consola de una rubia disc jockey.

La curadora de esta teatral puesta en escena, Ximena Caminos, miraba sin duda las películas de la diosa de los patines, Olivia Newton John. Es probable que a principios de los 80 escuchara Xanadú, aunque se supone que no soñaría como ahora con encontrar su propio Shangri-La (el Paraíso en la tierra de la novela "Lost Horizon", de James Hilton) y sin tener que viajar al Himalaya. Caminos estuvo primero en el MALBA y luego creó su propio centro de exposiciones en Puerto Madero. Sin temor al ridículo, en medio de una orgía de citas a las grandes obras de arte de todos los tiempos, montó el escudo de armas de Faena, sobre una pared que imita la piedra de los castillos. Con su diseño heráldico, el escudo domina el universo de fantasía de Studio Job, donde todo se puede. Vale la pena analizar la variada simbología.

Studio Job ha cruzado la frontera entre el arte y el diseño para crear un híbrido; sus imágenes son un producto de mezcla, fáciles de comprender y poderosamente atractivas. Ellos (hasta ayer un matrimonio) trabajan con el inconsciente cultural y estético del público masivo, aunque también incluyen una cuota que atrapa el ojo del erudito. Las siluetas o fragmentos de obras de arte emblemáticas configuran gigantescos collages que incluyen desde el tapiz "La dama y el unicornio", el "David" de Miguel Ángel, el "Mingitorio" de Duchamp, el Pop de Roy Lischtenstein, el dramático personaje del Guernica de Picasso, "El grito" de Munch, en amable combinación con la iconografía simbólica del ave Fénix, el Sol, una abeja coronada, el árbol de la vida, una rueda con sus alas y dos llaves (¿del reino?) cruzadas.

Las imágenes se reiteran rítmicamente, al igual que los patrones decorativos que atraviesan la historia del ornamento. Esa repetición moviliza la memoria estética y tiene un efecto hipnótico sobre el espectador, a veces tranquilizadora. Los patrones, una modalidad decorativa antiquísima, poseen una métrica cadenciosa y un profundo significado, místico y simbólico, sustraen al que mira del contexto externo.

Es lícito decir, sin embargo, que las obras procesadas por Studio Job están vacías, carecen del contenido original. Pero hasta cierto punto, el fenómeno de seducción que ejercen es verdadero y real. Los recuerdos tienden a ser punzantes, el efecto del encuentro con obras tan significativas, recién se interrumpe cuando el conjunto de las imágenes provoca cierto empalago o alguna de ellas resulta excesiva. En este sentido, un corazón que se adivina valiente o la belleza de una rosa, siempre conmueven. Pero la presencia del sombrero de Alan Faena por todos lados y en sus diversos escudos, es un gesto de humor que explica la diseñadora holandesa Nynke Tynagel. "Trabajar con Faena no es trabajar. Jugar con Faena es diversión intelectual y esta exhibición nueva y multifacética subraya la serie de experimentos inspiradores que constituye nuestra prolongada colaboración".

El acierto del color lo atribuyen los diseñadores al estudio y aplicación de la teoría de Goethe. A los visitantes, además de prestarles lo patines les obsequian un libro para colorear que no sólo descubre el efecto que causan los diversos colores empleados, sino que deja además al desnudo el imaginario Faena.

El discurso de Caminos es ambicioso, aunque esboza una sonrisa al presentar la muestra. Cuenta que desde hace cuatro años los diseñadores y Faena trabajan juntos. "En Miami", aclara. En noviembre programa la apertura en del Faena Forum en Miami Beach, en un área de seis manzanas con hoteles, residencias, restaurantes y tiendas. "Será una institución con una programación cultural capaz de alentar colaboraciones que se atrevan a traspasar las fronteras artísticas, intelectuales y geográficas", señala. El espacio formará parte del nuevo Faena District y en su acceso van a emplazar cuatro pórticos de acero construidos por Studio Job. Las cadenas entrelazadas representan valores difíciles de reunir en una sola obra: imaginación, vida, pasión, unidad y transformación, en suma, agregan, "las ideas centrales para la misión de Faena".

La fusión y la colisión de ideas parecen escapar de la realidad. ¿Son simples y pueriles expresiones de deseos? Sin el firme soporte del dinero y un presupuesto al parecer ilimitado sería una fábula.

Breve como un sueño, la instalación que se inauguró el jueves pasado, se levanta el 3 de agosto.

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