1 de noviembre 2012 - 00:00

El fascismo y el mercado

El fascismo y el mercado
Uno de los problemas de ser demócrata es que se debe tolerar la voluntad del pueblo, aun cuando escoja gobiernos fascistas. Uno de los problemas de ser republicano es que no se debe respetar los actos o formas de Gobierno que cercenen las libertades individuales (en especial las fascistas).

Esto va desde la «sugerencia» del cierre de las operaciones bursátiles, para incrementar la sensación de crisis ante un fenómeno climático y así ganar unos puntos en una elección, hasta quitarle al mercado todo derecho de autorregulación, dejando en manos de los burócratas y las partidocracias el destino de la riqueza y los dineros del pueblo.

Los mercados se adaptan y siempre habrá participantes más o menos corruptos dispuestos a cobijarse bajo cualquier régimen.

Entre 1933 y 1943, durante la presidencia de Adolfo Hitler, la Bolsa alemana (que sin el freno de la ética de personas que se regulan entre sí, se escudó en la moral del partido-estado contribuyendo a la muerte de millones de personas) trepó cerca del 200% a valor oro.

No tan extremo, en los primeros 3 años del primer Gobierno de Juan D. Perón la Bolsa argentina supo «adaptarse» al régimen (hoy sufre un proceso de transformación estructural casi idéntico al de aquella época, aunque en 1946 venía de dos años de ganar el 30% en dólares, mientras que desde octubre de 2010 ha perdido un 68%, índice MSCI) y subió un 36% en pesos (en dólares se perdió el 20% y en pesos constantes un 18%, pero las comisiones daban para «pucherear» así que hubo pocas quejas). La última rueda del mes aportó poco, apenas un bajísimo volumen y una caída del 0,08% por ciento que dejó al Dow en 13.096,46 puntos, cediendo un 2,5% en octubre. De los efectos del huracán Sandy, lo más importante es el innecesario número de muertos.

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