El fenómeno Piketty y la Argentina

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OPINIÓN

Si de copiar lo bueno que sucede fuera del país se trata, hay por lo menos dos realidades argentinas que invitan a seguir con atención la fenomenal repercusión que continúa teniendo en el mundo lo expuesto hace cuatro años por Thomas Piketty en su ya célebre libro "El Capital en el Siglo XXI". En brevísima síntesis, el economista francés planteó que en el capitalismo la desigualdad tiende a crecer porque la rentabilidad del capital es mayor que el crecimiento de la economía, que la influencia de la herencia en la desigualdad social es cada vez mayor, y propuso crear un impuesto mundial a la riqueza, hacer más progresivo el impuesto al ingreso y gravar fuertemente la herencia.

La primera razón para interesarse en lo que rodea a Piketty es que la Argentina es un país muy desigual y con una grieta social (la grieta más importante) que se sigue ampliando. El ahora creíble INDEC informó esta semana una desmejora en la distribución del ingreso, que es el tema central de la investigación de Piketty. Los nuevos datos para el segundo trimestre de este año marcan que mientras el 20 por ciento más rico de la población aumentó su participación en la torta en 1,7 puntos porcentuales respecto de igual trimestre de 2015, las porciones del 20 por ciento más pobre y de la mitad más pobre son ahora más chicas que hace dos años. Lo que lógicamente se reflejó en un empeoramiento del índice Gini, la variable más utilizada para medir la desigualdad.

El segundo motivo para prestar atención a todo lo que gira alrededor de las ideas del francés es que luego de las elecciones de octubre va a comenzar aquí el debate sobre la reforma tributaria que presentará el Gobierno, que al parecer no va a ir en el sentido que Piketty considera apropiado para contrarrestar la tendencia hacia la desigualdad y concentración que tiene el capitalismo.

Una visita a Barnes & Noble, la principal cadena de librerías de los Estados Unidos, da la pauta del impacto que mantiene lo escrito en C21, que es la manera abreviada con que muchos académicos y periodistas se refieren a "El Capital en el Siglo XXI". El sugestivo parecido al CR7 de Cristiano Ronaldo no es casual: salvando enormes distancias, la fama de Piketty entre los economistas es proporcional a la del astro del Real Madrid en el fútbol. Además de exhibir en forma destacada ejemplares de C21, a su lado hay otros dos libros de su autoría y dos más muy recientes que tratan sobre su teoría y sus propuestas. De estos últimos dos, uno lo publicó la influyente organización conservadora Cato Institute y se titula Anti-Piketty.

El otro lo acaba de publicar Harvard University Press, la división editorial de esa universidad, que fue la que adquirió los derechos de C21 para idioma inglés. El título de este nuevo libro es After Piketty -The agenda for Economics and Inequality, y consiste en una recopilación de veinte artículos elaborados especialmente, más lo que los premios Nobel, Paul Krugman y Robert Solow, habían escrito en su momento, y todo coronado con una respuesta de Piketty a las observaciones y críticas que se le hacen.

Son casi 700 páginas apasionantes para cualquiera preocupado por la desigualdad y sus consecuencias. En la presentación, sus tres editores (Heather Boushey, J. Bradford Delong y Marshall Steinbaum) sostienen que C21 fue "un best seller de dimensiones asombrosas" (lleva vendidos 2,2 millones de ejemplares en treinta idiomas), pero que no se trató de un éxito efímero sino que "cambio el debate sobre política económica, sobre desigualdad y sobre crecimiento". En igual sentido, el serbio Branko Milanovic, considerado uno de los principales especialistas en temas de desigualdad, afirma en su artículo que Piketty marcó "una divisoria de aguas en el pensamiento económico".

A lo largo de After Piketty diversos autores profundizan sobre las consecuencias políticas de la mayor desigualdad económica. Una de ellas, que a través del financiamiento a la política y del control e influencia sobre los medios de comunicación, la riqueza concentrada amplifica la voz de los ricos y es determinante en la fijación de la agenda del debate público.

Otra consecuencia de la desigualdad es la creciente preferencia de las elites económicas por la educación privada y la prestación privada de servicios públicos, lo que hace que esos grupos privilegiados pierdan interés y compromiso con la educación pública y los servicios públicos en general, y difundan discursos hostiles a lo estatal y gratuito.

El libro no es una apología. Si bien Krugman coincide en que C21 "cambió la manera de pensar la sociedad y la economía", critica a Piketty por subestimar la incidencia en la desigualdad de los supersalarios que cobran los CEO de las grandes empresas. A Solow le simpatiza un impuesto a la herencia, incluso más progresivo que el que plantea el francés (1% a la herencia de entre 1 y 5 millones de dólares y 2% de ahí en más), pero confiesa ser escéptico sobre la posibilidad de aplicarlo en Estados Unidos, "donde ni siquiera están siendo políticamente capaces de mantener los impuestos a la propiedad inmobiliaria". Y la socióloga Elizabeth Jacobs le objeta cuestiones de teoría política.

En el libro aparece como pincelazos la admiración de Piketty por Balzac. En alusión a la herencia, Krugman parafrasea una cita de C21 sobre Rastignac, el protagonista de Papá Goriot: "Es mejor tener los parientes adecuados que tener un buen empleo".

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