22 de octubre 2009 - 00:00

“El flamenco no es light, debe ser carnal y salvaje”

Soledad Barrio: «En Nueva York yo decía a mis alumnas: Tenéis que bailar como si fuérais al patio y gritárais: ¡María, baja la ropa! Y se me quedaban mirando: ‘¿Qué patio, qué ropa?’».
Soledad Barrio: «En Nueva York yo decía a mis alumnas: Tenéis que bailar como si fuérais al patio y gritárais: ¡María, baja la ropa! Y se me quedaban mirando: ‘¿Qué patio, qué ropa?’».
Hoy a las 21 debutará en el Teatro Avenida la compañía de danza «Noche Flamenca», encabezada como siempre por la bailaora Soledad Barrio. Su nuevo espectáculo, titulado «Caminos», cuenta con la dirección de Martín Santangelo (actor, ex bailaor y co-fundador de la compañía) y reúne, entre otros artistas, a Juan Ogalla y Antonio Jiménez (baile); Manual Gago (canto) y a los guitarristas Salva de María y Eugenio Iglesias.

«Noche Flamenca» es una compañía bien conocida por el público porteño. Sus frecuentes giras por el exterior, desde que fue creada en 1993, han acrecentado su fama internacional (inclusive en lugares tan poco «hispánicos» como Japón). En esta ocasión pensaban traer a Buenos Aires su último éxito neoyorquino «La dama del mar», basado en la pieza homónima de Ibsen, pero debido a algunas trabas con los derechos de autor tuvieron que dejarlo de lado.

Periodista: ¿Este programa de reemplazo fue visto en Buenos Aires?

Soledad Barrio: Nunca hacemos el mismo programa. Siempre hay cambios y además, a veces surgen inconvenientes, una pieza no se puede hacer por algún motivo y entonces se la reemplaza por otra. La obra que traemos se llama «Caminos» y tiene letras propias referidas al drama que viven los niños refugiados. Luego hay palos puros del flamenco (diferentes estilos de canto y baile) y las coreografías individuales son de cada bailaora. Pero la puesta general la hizo Martín Santangelo, que además es mi marido.

P.: Su baile tiene intensidad dramática ¿Estudió teatro alguna vez?

S.B.: No, pero cuando estaba en la Universidad y actué en una obra la profesora de literatura quiso contactarme con un director muy importante, porque decía que yo iba a ser buena actriz. Pero mi idioma es la danza, el cuerpo, el movimiento, no es la palabra. Aunque el teatro me gusta muchísimo. Antes de integrar «Noche flamenca» bailé «Bodas de sangre», «La casa de Bernarda Alba», «Fedra» y «El amor brujo». Y como Martín se formó en el teatro está muy interesado en todo esto. Ahora estamos preparando «La Strada», basada en la película de Fellini.

P.: Los críticos del «New York Times» la definen como una bailaora «despiadada y brutal» y hablan del flamenco como de algo terrorífico.

S.B.: Sí, parecido a una pintura de Goya... Es que el flamenco que hacemos nosotros no es comercial, es un flamenco puro, carnal, que respeta bastante la tradición del cante y la guitarra. El flamenco nació del grito de un montón de pueblos perseguidos. No es algo «light». Entonces, hay que transmitir eso y no quedarse con la parte exótica y superficial del flamenco, en el color, los vestidos y todo eso... la gente lo percibe de inmediato.

P.: Ustedes han hecho más carrera en el exterior que en España.

S.B.: En España prácticamente no actuamos porque siempre andamos rodando por el mundo. Martín nació en Nueva York y fue en esa ciudad donde creamos la compañía. Allí tuvimos muchísima difusión y empezamos con las giras. Yo sólo paro en España para estar con mis dos hijas y para renovarme, estudiar, pensar y ensayar nuevas cosas.

P.: ¿Es cierto que los japoneses son sus principales fans?

S.B.: Sí, están enamorados del flamenco. Además, ocurre algo muy curioso, Sevilla está llena de japoneses. Usted va a tomar una clase de flamenco y tiene diez japoneses y un solo español. La acogida del flamenco fuera de España ha sido enorme y más en Japón. Pero, cuando trabajas en un sitio como Buenos Aires conecta de otra manera, porque tenemos mucho en común, y al hablar el mismo idioma y entender lo que está cantando el cantaor hay un acercamiento más profundo.

P.: ¿Por qué el flamenco de escenario tiene más magia que el de tablao?

S.B.: Lo que tiene de maravilloso el teatro es que hay una distancia entre la escena y el público y a la vez la gente vive muy de cerca lo que usted hace. En un tablao es mucho más difícil que se dé esa conexión mágica, porque siempre hay más luz, ve todo lo que hay tu alrededor: el camarero que pasa delante de la silla, una puerta que se abre... En un teatro todo es más íntimo.

P.: ¿Aprovechó su estada para conocer el mini museo que inauguró el hotel «Castelar» en homenaje a Federico García Lorca?

S.B.: He estado en el que fue su cuarto haciendo algunas entrevistas. Pero, vamos, cuando he subido a la habitación de Lorca (la que ocupó el poeta entre octubre de 1933 y abril de 1934) dije: voy a tocar la mesa y esto y aquello... por si me llega algo de su energía.

P.: Es sabido que en sus giras también dicta clases de flamenco ¿Es difícil enseñarlo a gente de otras culturas?

S.B.: Lo es. De hecho, cuando empecé a dar clases en Nueva York, a lo mejor decía: «¡Pero, chicas! lo que tenéis que hacer es como si fuérais al patio y gritárais: ¡María, baja la ropa! o cosas así». Y, claro, se me quedaban mirando: «¿Qué patio, qué ropa? Allí no se cuelga ropa en la cuerda, no hay patio, no da el sol, no se seca...

P.: Es complicado hacer flamenco con un secarropas electrónico.

S.B.: Sí, es otra cultura, otro estilo de vida. Por eso le digo, el flamenco es cultural. Aunque se disfruta en todo el mundo. No es fácil enseñarlo.

Entrevista de Patricia Espinosa

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