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"El FMI es un bombero, actúa con el fuego pero no previene"
El historiador Carlos Marichal sostuvo que la Argentina aprendió en 2001 a acumular reservas para enfrentar ataques especulativos y por eso la crisis actual no la afecta tanto.
Periodista: ¿Qué diferencia ve entre esta crisis y las anteriores, como la del 29?
Carlos Marichal: Antes había crisis bursátiles, pero sin crisis bancarias. Además, se diferencia en tamaño y dimensión. Lo que distingue a la actual es que se juntaron el pánico bancario con la crisis bursátil; de deuda soberana en Europa y de hipotecas en Estados Unidos. La otra razón es que afectó a los principales mercados: Wall Street y Londres. El primero tenía en 2005 una capitalización de u$s 4,5 billones; y el segundo, de u$s 3,5 billones. No obstante, el de Nueva York es más importante que todos los otros juntos. Por esto, con la caída de Lehman Brothers implotó el sistema financiero más importante.
P.: ¿Por qué los países emergentes sobrellevaron mejor la crisis que los desarrollados?
C.M.: En los países de la periferia no hubo contagio. Fuera de Estados Unidos y Europa hubo bajas bursátiles, pero sorprende cómo el problema global no los afectó. Eso es porque en los 90 los países endeudados aprendieron una lección. Acá mismo con la crisis de 2001. La lección fue que tenían que acumular reservas, pese a que el FMI pretendía que fueran acróbatas con un sistema financiero perfecto, equilibrado con las entradas de capitales. Los países entendieron que los ataques especulativos no podían evitarse si no contaban con grandes reservas, además de reestructurar el sistema bancario con bancos más conservadores. En Estados Unidos, en cambio, no aprendieron ninguna lección de la crisis.
P.: ¿Cómo explica que el FMI no hubiera previsto la inminente crisis que se avecinaba?
C.M.: Nunca el FMI fue bueno para predecir las crisis. Ahora dicen que lo están reformando. Si no acumulaste reservas y hay ataque especulativo, es como jugar a la ruleta rusa. El Fondo debería asesorar y velar por la salud económica de los países, pero el FMI es un bombero, actúa cuando hay fuego, pero no previene. Tanto el Banco Central Europeo, el Banco Mundial y el FMI fallaron enormemente.
P.: ¿Por qué es tan difícil predecir las crisis?
C.M.: Es difícil prevenir las crisis. Pongamos el caso de Alan Geenspan que en 2001 bajó la tasa de interés para lograr un repunte de la economía. El problema es que en 2001 el mercado inmobiliario todavía estaba en alza y estas decisiones dieron más oxígeno a la burbuja. La consecuencia fue una burbuja mucho más grande e imposible de controlar. Él creía que la globalización económica era un éxito, pero estaba mirando al mundo y no a Nueva York. Su responsabilidad fue enorme, pero se entendía, debido a su experiencia, que no había necesidad de cuestionarlo.
P.: ¿Es correcta la respuesta de los organismos económicos y el G-20 a la crisis?
C.M.: Lo que tenemos que valorar es que en 2008 se intervino en forma coordinada entre la Unión Europea y Estados Unidos, y se evitó la cascada y la caída de los bancos. Ni en Grecia ni en España ni en Portugal hubo pánico bancario. Con la Gran Depresión del 29 no hubo respuestas rápidas. Demoraron 4 años para que Roosevelt decidiera intervenir. Hoy sabemos que hay que intervenir rápido.
P.: ¿Cuáles serán las consecuencias de esta intervención económica?
C.M.: Los rescates tienen consecuencias y sabemos que hubo en esta ocasión emisiones de moneda y de deuda enormes. Éstos son fenómenos duraderos. Las consecuencias las vemos ahora. Si el euro o el dólar bajan 20 centavos en pocos meses, eso habla de pérdida de valor por la crisis. Esto sugiere una fuerte etapa inflacionaria. Son los temas que los economistas deben mirar. En términos clínicos, hubo una intervención masiva y el cuerpo está sufriendo dolencias. Lo que hay que ver es cómo cambió ese cuerpo.
Entrevista de Ignacio Ros

