El economista y profesor del CEMA, Roque Fernández, expuso su visión del fracaso de las políticas de los 90 reavivando sus diferencias con el entonces ministro Cavallo.
Roque Fernández, ex ministro de Economía y ex presidente del Banco Central durante las administraciones de Menem, dijo ayer que «lo que ocurrió con la salida de la convertibilidad no fue un problema de la década de los 90, sino que fue consecuencia de los errores cometidos en 2001 y 2002». El economista explicó que el plan económico «era una herramienta que Cavallo veía para controlar las expectativas de inflación» y «muchos la consideran una trampa porque hace que después sea muy difícil salir». Fernández realizó estas declaraciones durante el seminario «La evolución de la economía argentina en los últimos 25 años», organizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina.
A continuación, los aspectos más relevantes de su discurso:
En el FMI nunca estuvieron de acuerdo con lo que estábamos haciendo en la Argentina, y mucho menos con la convertibilidad.
La convertibilidad es un elemento muy importante para salir de las hiperinflaciones porque la gente está dolarizada y la única manera de introducir la moneda local era ésa.
Si en 1997 el BCRA se retiraba del mercado cambiario, lo que iba a ocurrir es que, en vez de valer un peso un dólar, un dólar iba a valer 50 centavos y me parece que se iba a revertir toda la tranquilidad que habíamos logrado conseguir con la convertibilidad.
El Bonex fue el primer título en moneda extranjera que permitió integrar la Argentina al resto del mundo porque, si bien había un control de cambios con el que no se podía ingresar ni sacar dólares, a través del Bonex sí podía hacerse. Entonces se generó la idea de convertir los plazos fijos en títulos de deuda fija a largo plazo.
En ese momento Cavallo era diputado y Guido Di Tella, canciller. Yo les comenté que ésa era la única forma de cortar con la dinámica inflacionaria. Le fuimos a proponer esto al entonces ministro Erman González, y no estuvo de acuerdo. Cuando renuncié, la hiperinflación no paró y terminaron aplicando el plan Bonex sin mí.
Cuando participé en la Ley de Reforma del Estado, todas las empresas públicas de la Argentina eran fuertemente deficitarias porque tenían precios políticos que no cubrían los costos operativos. Cuando hicimos la ley, tuvimos que armar una lista con las empresas que íbamos a privatizar, entre las cuales estaban Aerolíneas Argentinas, los servicios de telefonía y alguna otra. Pero cuando le presentamos la lista a Menem, nos dijo: «Pongan todas».
Siempre fui mucho más institucionalista que Cavallo. Cuando hice la reforma del Banco Central y dispuse su autonomía, Cavallo la vetó porque quería controlarlo.
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