12 de septiembre 2011 - 00:00

El fracaso de la Inteligencia obligó a rearmar una red monumental

Barack Obama, su esposa Michelle y George W. Bush caminan junto al memorial inaugurado ayer en el Ground Zero de Nueva York. Ambos, a su turno, procuraron dominar una maraña de Inteligencia que demostró fallas.
Barack Obama, su esposa Michelle y George W. Bush caminan junto al memorial inaugurado ayer en el Ground Zero de Nueva York. Ambos, a su turno, procuraron dominar una maraña de Inteligencia que demostró fallas.
Washington - Las agencias de Inteligencia de Estados Unidos posiblemente estarán siempre marcadas por su incapacidad para detectar el ataque del 11 de septiembre de 2001, pero una década más tarde los esfuerzos por eliminar las barreras de intercambio de información se están afianzando.

Cambiar la cultura de la denominada «necesidad de saber» por la «necesidad de compartir» no es fácil en los círculos de espionaje. No obstante, cambios significativos lograron derribar las barreras entre las agencias, allanando el intercambio de información y mejorado la coordinación, afirmaron expertos.

Desde la emisión de un distintivo azul para todos los que trabajan en la comunidad de inteligencia, al intercambio entre diferentes agencias, el objetivo es uno solo: prevenir otro ataque. «Estamos mucho más adelante», dijo David Shedd, vicedirector de la Agencia de Inteligencia de Defensa sobre la capacidad de conectar los puntos en comparación con hace 10 años.

Sin embargo, las herramientas para evitar un nuevo atentado podrían fallar nuevamente. «Mi peor temor es que en el futuro, ante posibles ataques, no podamos ser capaces de desentrañar la información a tiempo debido a la cantidad de datos recogidos», indicó.

La respuesta política a los atentados fue la creación del Departamento de Seguridad Nacional, que reunió 22 organismos que forman el tercer departamento de EE.UU. detrás del Pentágono y el departamento de Asuntos de Veteranos.

Supervisión

Esto fue seguido a la creación a fines de 2004 del cargo de director de Inteligencia Nacional, que tiene como misión supervisar todas las agencias de espionaje, según lo recomendado por la bipartidista Comisión 9/11.

Previamente, el director de la CIA tenía la doble función de supervisar también las variadas agencias de inteligencia. Sin embargo, a raíz de los atentados de 2001, las autoridades decidieron que éste era demasiado trabajo para una persona.

Los críticos argumentaron que las reformas fueron la respuesta habitual del Gobierno a las crisis: crear más burocracia. Pero otros lo ven como un cambio muy necesario.

«Ha sido una gran mejora», afirmó Lee Hamilton, quien fuera vicepresidente de la Comisión 9/11. «No es perfecta, hay problemas, y todavía nos queda mucho camino por recorrer», añadió.

En 2001, una serie de ataques con aviones secuestrados por Al Qaeda dejaron un saldo de casi 3.000 muertos en Nueva York, Pennsylvania y el Pentágono. Varios organismos de Inteligencia de Estados Unidos y las fuerzas del orden habían encontrado fragmentos de información que indicaban un ataque inminente, pero no lograron reunir las piezas.

La CIA tenía información sobre tres de los 19 secuestradores al menos 20 meses antes de los ataques, la Agencia de Seguridad Nacional contaba con datos que vinculaban a uno de los secuestradores con Al Qaeda, la CIA sabía que uno de los hombres en cuestión había entrado a Estados Unidos pero no le dio aviso al FBI y un agente del FBI advirtió de sospechosos de Medio Oriente que estaban tomando lecciones de vuelo.

¿Harán las reformas más seguro a Estados Unidos? Las autoridades dicen que sí, y señalan a la operación de Washington que mató a Osama Bin Laden en Pakistán, que exigió la coordinación entre las agencias de Inteligencia y los militares.

Pero hay una advertencia inevitable: nadie puede garantizar que nunca habrá otro ataque en territorio norteamericano. En 2009, el día de Navidad, un nigeriano vinculado a Al Qaeda trató sin éxito de ingresar explosivos cosidos en su ropa interior en un vuelo a Detroit desde Amsterdam. Pero las autoridades tenían información sobre él.

Algunos cambios propuestos todavía están pendientes. Por ejemplo, la creación de un sistema de comunicación común para la Policía, los bomberos y otro personal de emergencia está frenada por disputas políticas en el Congreso sobre cómo ponerlo en práctica.

«Esto es una tontería», dijo Hamilton. «Los primeros en responder en la escena de un desastre deben ser capaces de hablar unos con otros. No lo pueden hacer actualmente en la mayoría de las jurisdicciones», comentó.

Agencia Reuters

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