Es una tarea ardua y difícil, cuando no imposible, que la sociedad pueda discernir con claridad respecto de las cualidades del poder gobernante si un círculo concentrado y altamente poderoso pone un velo sobre la escena. Antonio Maura y Montaner, el estadista español, decía que los gobiernos aceptables se reconocen cuando lo que han hecho supera o vale más de lo que los opositores dicen. Es cierto, pero no es menos cierto que en ocasiones un aparato informativo al servicio del poder concentrado y de sus agentes políticos puede persuadir a la conciencia colectiva de modo que ésta sea incapaz de examinar y comprender la realidad o los beneficios que ha significado la acción de gobierno para la misma. No es, en rigor de verdad, una receta recomendable para ninguna sociedad que se apele a tales herramientas políticas.
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En los últimos días, y de cara a las elecciones del día 28 de este mes, han arreciado las críticas y denuncias de políticos opositores hacia el Gobierno nacional, muchas veces sin fundamentos y sin propuestas. Algo preocupante para el destino argentino.
Salvo excepciones, como las del gobernador santafesino Hermes Binner, que acercó al Gobierno propuestas para sortear la crisis, son escasísimos o están ausentes en la oposición los programas que sustentan el empuje hacia el lugar que por su riqueza en recursos naturales y humanos el país merece. Es decir, hay más de lo mismo por parte de la oposición, más de esa cultura del desencuentro que ha llevado a millones de seres humanos a la paradoja de la pena y la pobreza en un suelo rico.
Alcances
La pobreza, claro está, no es un agobio que pesa sólo sobre los marginados económicamente, sino sobre muchas personas, incluso ricas o de la clase media, porque se es pobre también cuando se carece de derechos para realizarse como persona jurídica, o cuando el ser humano no puede gozar de paz interior debido a circunstancias políticas desventuradas. Es pobre, por ejemplo, un empresario que no está resguardado por un marco jurídico-político que le permita trazar planes y elaborar proyectos e inversiones a futuro.
En este último aspecto, se afirma que el modelo K, en consonancia con otros modelos latinoamericanos, tiene animosidad con el empresariado argentino. Es decir, se trató de poner en la misma línea de acción al Gobierno argentino con el modelo venezolano. La acción bien puede ser calificada de temeraria, peligrosa y desestabilizante, con los perjuicios que le provoca incluso al propio empresariado. ¿Quién puede afianzarse y crecer en la confusión y el miedo? Se ha buscado generar temor con un propósito: electoral. Y fue precisamente un empresario el que dijo: «Es de una ruindad incalificable que podría ser contraproducente incluso para nuestro sector. Necesitamos confianza y no que se genere pánico». Y añadió: «Si bien es cierto que el Gobierno tiene deudas que no ha saldado con el empresariado argentino, hay cosas que de ninguna manera se condicen con la animosidad de la que se habla».
Claridad
Y en este último aspecto el ministro Florencio Randazzo aportó claridad al asunto, recordando que el préstamo de 70 millones de dólares otorgado la semana pasada a General Motors «marca el camino que tiene este Gobierno». No ha sido el único caso de ayuda a empresas, y se podrían presentar, como otro ejemplo, las acciones del Gobierno de la Nación a favor del salvataje de la rosarina Mahle.
Y en el tren de las críticas opositoras, se han cargado sobre el Gobierno algunas otras cuestiones que tienen que ver, también, con el acto electoral. Por ejemplo: las denuncias realizadas con respecto a los documentos de identidad, de los que se dijo que «sospechosamente» se estaba confeccionando más del doble con miras al sufragio del 28 de este mes. En el mes de agosto del año pasado, el ministro Randazzo anunció a los representantes de todas las provincias los detalles del plan que llamó «Deuda cero». Se dijo entonces que «antes de fin de año (2008) dejará de existir atraso en la entrega de DNI». Explicó el ministro en esa oportunidad que «la tarea más importante consiste en la digitalización de 50 millones de partidas, lo que permitirá agilizar un trámite muy engorroso». Este anuncio, realizado hace nueve meses, debilita la denuncia opositora. El Gobierno nacional mantiene deudas que no ha saldado aún con la sociedad, que deberá necesariamente accionar en tal sentido, pero en la misma escena, y como un grotesco peligroso para la producción, el empresariado y la mano de obra nacional, aparece como toda alternativa la crítica sin norte y con frecuencia endeble; un libro de propuestas con páginas en blanco.
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