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“El horizonte cotidiano es mi materia literaria”
Sacheri: «Temo volverme artificioso si me pongo a pensar si lo que escribo será cinematográfico como ‘La pregunta de sus ojos’. Prefiero que los que saben, como le pudo pasar a Campanella, se digan: me gusta para una película».
Periodista: En «Papeles en el viento» ha reunido varias de su pasiones narrativas: la amistad viril, el fútbol, y hasta las emotivas y sentimentales.
Eduardo Sacheri: Hacía rato que quería escribir una historia de amigos. Una historia donde la amistad fuera lo central. Y en «Papeles en el viento» está esa centralidad de la amistad sacudida por una muerte. Hay cuatro amigos, y lo primero que sucede es que uno de ellos, Alejandro, «El Mono», muere. Y esa muerte de «El Mono» se prolonga en la primera parte de la novela en la cuasi muerte de la amistad de los otros. La erosión de esa muerte se expande y contamina los vínculos de los otros tres. Es que en los grupos de amigos hay roles, tipos que unen a personas muy disímiles, y «El Mono» lo era. Hay un conflicto que «El Mono» dejó pendiente que es, ni más ni menos, que todo su capital lo puso en la empresa aventuradísima de comprar un jugador de fútbol, algo que puede salir estupendamente bien o espantosamente mal.
P.: Y a él le fue estupendamente mal.
E.S.: Y la amistad del grupo estalla en qué hacer con eso. Está el que agacha la cabeza, y «algo hay que hacer, como sea». El que tiene toda la buena voluntad del mundo pero es incapaz de ordenar nada en su propia vida, y menos con algo tan ambicioso. Y el que rápidamente encuentra razones para exculparse y abrirse porque «yo no puedo hacer nada con eso».
P.: Pero hay una presencia que les impone seguir adelante.
E.S.: «El Mono» dejó una hija de 10 años, Guadalupe, a la que le era difícil ver por la muy conflictiva separación que atravesó. Tener un capital es un modo perverso y a la vez inevitable de obligar a la madre a dejar ver a la nena, estar con ella, llevarla a la cancha. Que es lo que saben hacer esos cuarentones. En fin es una de esas historias que me gustan, pequeñas en lo que hay en juego pero que permiten explorar lo que puede haber de extraordinario en vidas que no son de ficción.
P.: ¿Quiso en su novela homenajear a su amado Independiente?
E.S.: Es un homenaje a mi Independiente, pero más un homenaje al afecto que sentimos por nuestros equipos aun en la derrota. En ese sentido me permití que fueran de Independiente. Es raro que mis textos futboleros hablen de Independiente, hay como un pudor, un deseo de no imponerle mis propios afectos al lector. Esta vez lo hice porque está tratado desde la ironía, desde el reírme de nuestras propias glorias.
P.: ¿Es un guiño al San Lorenzo de Osvaldo Soriano, el Central de Fontanarrosa?
E.S.: Ojalá, porque cuando se lee el San Lorenzo de Soriano no es San Lorenzo, es tu equipo, y con el Central de Fontanarrosa pasa lo mismo. Contando algo muy de ellos te llevan a tu propio mundo, eso es el arte. Ojalá haya conseguido lo mismo que esos dos escritorazos, muy distintos a mí, con los que me siento unido en la captación del horizonte cotidiano como materia literaria. Un entusiasmo que nos viene de Roberto Arlt, y una zona que también trabajó Cortázar no sólo con lo deportivo, el box por ejemplo, sino en transmitir el mundo de los barrios, de las familias raras de los años 50, que siguen estando vivas y cerca nuestro.
P.: ¿Alguna vez tuvo ganas de invertir, luego de ganar el Oscar, en un jugador de fútbol?
E.S.: No, además no me tocaron los 300 mil dólares de «El Mono», y si los tuviera jamás compraría un jugador. El summum sería comprar un departamento para alquilarlo.
P.: ¿Cómo surgió el título de su novela?
E.S.: Al principio me dije voy a tomar un atajo, voy a hacer como con «La pregunta de sus ojos», voy a tomar las últimas cinco palabras de la novela. Y las últimas cinco acá son «Para que Guadalupe pueda ver», que tenía algo lindo, pero para quien no tenía idea de qué iba el libro podía pensar que la pobre Guadalupe era cieguita, se prestaba para que se la dedicara a Juan Carr y la Red Solidaria. Buscando un título chiquito fui a ese capítulo final donde esos cuatro mastodontes se ponen a pensar qué es lo más lindo del mundo, y después de tener una mirada muy despojada sobre el fútbol, sobre la futilidad de sus esfuerzos, sus gustos y sus deseos, rescatan algo. Hay cosas del fútbol que los siguen emocionando: esos papeles en el viento, que están para ellos entre lo más lindo del mundo. Espero que quien entra en la novela en un momento descubra que esa imagen tiene que ver con lo que de bueno y de bello puede haber aun en un mundo corrompido.
P.: ¿Cuánto le llevó escribir «Papeles en el viento»?
E.S.: Poco más de un año. En realidad tres años. Dos años que fueron de inicios fallidos porque los personajes se parecían mucho entre ellos y cinchaban muy parejo, y la historia se volvía muy plana. Recién cuando pude diferenciarlos y generar conflictos sentí que la historia avanzaba realmente. Trabaje todo el 2010 a razón de unas 14 horas por día, salvo los recreos de los viajes por la película «El secreto de sus ojos».
P.: Su historia es, una vez más, muy visual.
E.S.: Tengo un modo de escribir que ha ido cambiando con los años, que mantiene un modo que siento mío. A partir de lo que veo, escribo lo que veo. No me planteo una forma determinada porque temo volverme artificioso si me pongo a pensar si será cinematográfica como «La pregunta de sus ojos» o teatral como «Aráoz y la verdad». Prefiero que los que saben, como le pudo pasar a Campanella, se digan: me gusta para una película.
P.: ¿Volvió a trabajar con juan José Campanella?
E.S.: Estuvimos trabajando en «Metegol», una película de animación en 3D, en principio para chicos aunque tenga como objetivo interesar también a los grandes. Está inspirada en el cuento de Fontanarrosa «Memorias de wing derecho» cuyo golpe es que quien narra es un jugador de metegol. A partir de esa propuesta inspiracional construí una aventura para los 22 jugadorcitos del metegol, que deberán perder ese mundo porque una hora y media en esa canchita hubiera sido complicadísimo. Trata de fútbol porque siendo jugadores de fútbol tienen la cabeza cuadrada como corresponde a todo futbolero. Está en su etapa de animación, y estará a mediados del año que viene en los cines.
P.: ¿Están trabajando en otro guión?
E.S.: Campanella está super abocado a «El hombre de tu vida», que les está yendo muy bien. Acaso colabore en algún capítulo, pero a veces, hasta por prudencia, dado que está tan bien armado, da miedo meterse para no meter la gamba. Tipo que gana no se toca, se dice en el fútbol. Ojalá sigamos trabajando juntos porque nos entendemos mucho.
P.: ¿Sigue dando clases a pesar de su éxito como narrador?
E.S.: Soy profe de Historia, doy una noche por semana clase en la UBA, y dos mañanas en escuelas secundarias. En el medio voy pensando y escribiendo una serie de cuentos, «Los dueños del mundo», que hablan de mi niñez a fines de los 70, desde la perspectiva de un chico de 10 a 12 años que acaba de perder a su padre y encuentra en el barrio un buen antídoto contra la soledad. Más que cuentos son exageraciones de recuerdos de mi propia vida.
Entrevista de Máximo Soto


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