10 de abril 2013 - 00:00

El intimidante Colón le jugó una mala pasada a Kasarova

Camerata Bern. Florian Donderer (concertino y dirección). Solista invitada: Vesselina Kasarova. Obras de W.A.Mozart, J. Haydn, F. Müller y G. Rossini (Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 8 de abril).

Vesselina Kasarova inició el recital con un aria que traducía, quizá, su estado de ánimo: “Non so più cosa son, cosa faccio” (“Ya no sé quién soy ni qué hago”).
Vesselina Kasarova inició el recital con un aria que traducía, quizá, su estado de ánimo: “Non so più cosa son, cosa faccio” (“Ya no sé quién soy ni qué hago”).
¿Pueden la magnificencia y la tradición del Teatro Colón poner en jaque a un cantante con décadas de experiencia y un prestigio ganado en buena ley? Sí, y el público y los artistas tanto locales como invitados lo saben bien. No se explica de otra forma que el desempeño de la gran mezzosoprano búlgara Vesselina Kasarova, su esperado debut argentino en la apertura de la temporada del Mozarteum, haya resultado descolorido cuando pudo y debió haber sido triunfal. Es posible también que la calidad de "animal de teatro" que Kasarova afirmó tener en la entrevista brindada a este diario haga que no sea el concierto el mejor ámbito para el despliegue de su talento.

Elegantísima y bella, la cantante atravesó el telón inclinando su cabeza, como abrumada por la expectativa ajena, y apenas comenzada la primera de las arias elegidas, "Non so più cosa son, cosa faccio" ("Las bodas de Fígaro", de Mozart), se advirtió que era un manojo de nervios. Respiración alta, breve y sonora, gestualidad tensa, postura lábil y paradójicamente acartonada al mismo tiempo conspiraron contra su emisión y su interpretación, por más que el personaje al que corresponden esa aria y la siguiente "Voi che sapete" (en cuyo texto la cantante sufrió un lapsus) sea un adolescente cargado de ansiedad.

Tampoco el aplomo llegó en la célebre aria con clarinete "obbligato" (brillante Philip Arkinstal) "Parto, parto" de "La clemenza di Tito", con el agregado de que aquí Kasarova eligió dar a los graves un peso innecesario y poco adecuado al estilo, y si bien la situación mejoró levemente en "Deh, per questo istante solo" se advirtió que ya no es Mozart, un autor que desnuda por completo a un cantante, el universo de esta gran artista. Más tarde en Rossini, un autor en cuya música se ha desenvuelto con soltura (brindó aquí escenas de sus óperas "Tancredi" y "Semiramide"), la búlgara pareció pisar terreno más firme, no obstante la tirantez y dureza de sus agudos y sus movimientos rígidos. El momento más bello de su actuación, "Ah, quel giorno ognor rammento" bien elegido para el final, se vio empañado por el bis, la escena de Rosina "Una voce poco fa" ("Barbiere"), que aunque el público festejó por lo conocido dejó el sabor amargo de un desempeño errático.

Impecable en cambio fue la Camerata Bern liderada por Florian Donderer: ajustada al estilo en todo momento, límpida en sonido y fraseo, rica en dinámicas, se lució en la trillada "Sinfonía 40" de Mozart, la obertura de "L'isola disabitata" de Haydn y dos obras del compositor suizo contemporáneo Fabian Müller, suerte de "deconstrucciones" de melodías populares que resultaron un preámbulo adecuado al programa.

Dejá tu comentario