27 de diciembre 2010 - 00:00

“El jazz es infinito y no necesita evolucionar”

Grant Stewart: «El jazz es subjetivo. No siempre puedo decir exactamente qué es hacer jazz, pero me doy cuenta en el acto cuando alguien no lo hace».
Grant Stewart: «El jazz es subjetivo. No siempre puedo decir exactamente qué es hacer jazz, pero me doy cuenta en el acto cuando alguien no lo hace».
Nacido en Toronto, Canadá, hace 39 años, el saxofonista Grant Stewart es uno de los niños prodigio que ha dado el jazz de los últimos años. Empezó su formación con su padre, un músico aficionado. A los 19 años se mudó a Nueva York y muy pronto empezó a compartir escenarios con grandes figuras. Tiene más de una decena de discos como líder y en pocos días volverá a ser protagonista de uno de los festivales de jazz más importantes del Cono Sur, en Punta del Este. El viernes 7 de enero compartirá un homenaje a Dexter Gordon con George Cables en piano, Lewis Nash en batería y Peter Washington en contrabajo. Dialogamos con Stewart poco antes de su nuevo viaje a Sudamérica.

Periodista: En el siglo XX se habló, según los tiempos y los lugares, de hot, swing, bebop, hardbop, fusions, jazz-rock, latin, free, etc. ¿De qué se habla hoy cuando se dice jazz?

Grant Stewart: Es algo muy subjetivo. En general, se lo asocia con la música improvisada. Sin embargo, hay muchos festivales de jazz que incluyen bandas de rock y de muchas otras músicas bajo el paraguas del jazz. Para mí, es un sentimiento y una tradición sonora que pasa de músico a músico, personalmente o a través de las grabaciones. En todo caso, no siempre puedo decir exactamente qué es hacer jazz; pero sí puedo decir cuando alguien no lo hace.

P.: En el mismo sentido, ¿cuál diría que fue el aporte del jazz más importante en sus 100 años de historia y qué lo que ha recibido de otros géneros?

G.S.: Todos hemos escuchado aquello de que algunos de los compositores clásicos del pasado fueron influidos por el jazz: Ravel, Stravinsky, Milhaud, Gershwin, Copeland y varios más. Del mismo modo, muchos de los primeros cantantes populares tuvieron fuertes influencias jazzísticas, y seguramente también la ha tenido en el rock temprano. Siempre se habló de que el rock venía del rhythm and blues, pero más recientemente he escuchado sobre una presencia, más obvia, del jazz en el rock; al punto de grupos utilizando, por ejemplo, contrabajo acústico. Recíprocamente, el jazz ha tomado cosas de muchas músicas. Por caso, intérpretes como Art Tatum, Duke, Strayhorn, Bud Powell y otros fueron para mí la mezcla perfecta entre la armonía de la música clásica y el humor, la poesía y el ritmo del jazz. Al mismo tiempo, el blues está presente en la mayoría de los grandes. En los años 60, el jazz empezó a incorporar elementos del rock; y actualmente hay grupos de jazz que sólo tocan canciones de rock.

P.: ¿Cómo definiría entonces su propio jazz?

G.S.: Yo amo la melodía y en consecuencia trato de tocar melódicamente. Del mismo modo, amo a los grandes saxofonistas que llegaron antes que yo y trato constantemente de aprender de ellos. Amo además a los grandes compositores norteamericanos y disfruto usando sus temas como un vehículo para crear nuevas melodías e ideas. Así que supongo que mi forma de tocar es un intento de poner todo eso junto, como hay un montón de Sonny Rollins. Yo no estoy de acuerdo con la idea de que el jazz tiene que evolucionar, en la forma típica que piensan muchos críticos y músicos. Para mí, hay un número infinito de caminos a través de los cuales se puede crecer, y muchos de ellos se pierden porque no tenemos la capacidad de escuchar o de entender las sutilezas que esta música nos va ofreciendo.

P.: Muchos años atrás, parecía que no era posible ser un «jazz man» si no se era negro y nacido en los Estados Unidos. Su coterráneo Oscar Peterson fue, en alguna medida, una excepción a esa «regla». ¿Cómo fue para usted hacer jazz habiendo nacido rubio y en Canadá?

G.S.: Honestamente, nunca sentí ese «racismo», en ninguno de ambos sentidos, en el mundo del jazz. En todo caso, me parece una manera tonta y superficial de pensar. Siempre me ha desconcertado la idea del orgullo racial, nacionalista o religioso; y cuando pasa, pienso que finalmente se trata de personas débiles que necesitan gritar más fuerte para hacerse escuchar. Esa diferencia entre negros y blancos, sobre todo en el comienzo del jazz, quizá tenga que ver con que muchos blancos tenían un acceso limitado a esta música. Pero soy un firme creyente de la crianza por sobre la naturaleza, así que a esta altura de las cosas esa división está lejos de todo sentido.

P.: ¿Qué lo ha llevado entonces a mudarse a Nueva York?

G.S.: Porque es el mejor lugar del mundo para tocar jazz. Aquí están los mejores músicos, venidos de todas partes, concentrados en el mismo lugar y ávidos de tocar. Eso crea una energía increíble. Toronto tiene grandes músicos; seguramente los mejores fuera de Nueva York. También es posible entonces hacer una carrera en mi ciudad, aunque musicalmente no sería lo mismo.

P.: ¿Qué músicos admira, de su generación o anteriores, y con cuáles le gusta o le hubiera gustado tocar?

G.S.: Me siento muy influido por Rollins, pero también por Sonny Stitt, «Bird» Charlie Parker, Coleman Hawkins, «Prez» Lester Young, John Coltrane y varios otros. Yendo al presente, realmente admiro a los compañeros con los que estaré tocando en Uruguay este año. Peter Bernstein es un amigo pero además es uno de mis músicos favoritos. La lista de «admirados» es larga. Alguna vez me encantó tocar, por caso, con el gran Jimmy Cobb; y me encantaría hacerlo con Roy Haynes.

P.: ¿Qué puede decirme de su último disco?

G.S.: Lo editamos este año, se llama «Around the Corner», tiene nueve temas y es la primera vez que he tocado saxo soprano. Lo grabé con Berstein en guitarra, Peter Washington en contrabajo y mi más joven hermano Philip Stewart en batería.

P.: Usted ya ha tocado en el festival de jazz de Punta del Este. ¿Cómo recuerda esa experiencia y cómo espera esta nueva actuación?

G.S.: Estuve allí en enero pasado y tengo un recuerdo hermoso del festival, por la gran audiencia y por el entorno maravilloso. Tengo muchas ganas de volver y espero que sea algo especial; me hace mucha ilusión tocar con este grupo y participar del homenaje al gran Dexter Gordon.

P.: ¿Sólo habrá entonces música de Gordon?

G.S.: Seguramente, la mayoría será de Dexter, por cierto. Y será una buena experiencia la de hacerlo con estos compañeros: he tocado algo con Peter y con Lewis Nash, y será mi debut con George Cables. De por sí, eso es algo excitante.

P.: ¿Por qué nunca ha tocado en la Argentina?

G.S.: No tengo otra respuesta que decir que nunca ha terminado de darse la posibilidad. Pero me encantaría poder hacerlo algún día.

Entrevista de Ricardo Salton