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El látigo de Kirchner no alcanzó para domar al PJ
Néstor Kirchner, flanqueado por Daniel Scioli y Hugo Moyano, el sábado en el opaco Congreso de Tres de Febrero.
Desde el escenario, Néstor Kirchner no pudo -o no quiso- detectarlo. De lejos, todos los tumultos se parecen. Y en la coronación de José María Díaz Bancalari, el amontonamiento no alcanzó para ocultar las ausencias que contaminaron la cumbre.
La asamblea peronista -para avalar una designación pautada hace un año-, una ceremonia que era escala obligada de cualquier dirigente, alcanzó el quórum para sesionar -brumosos 695 sobre 907-, pero fue un carnaval la ausencia de intendentes, legisladores y hasta ministros.
«Pero viene Néstor», avisó, el sábado a la mañana, Alberto Balestrini al teléfono de un dirigente que anticipó su faltazo. El comentario no sirvió ni como amenaza ni como seducción. El vice, al final, paga el costo de las fisuras en el partido que preside.
Furioso, un rato después, el matancero prometía martirios futuros a los legisladores que no fueron a Tres de Febrero (aunque, para no dinamitar el ring, enviaron a sus congresales) y concentró sus maldiciones sobre Horacio González, el presidente de Diputados.
González, que abrazó al supuesto de que si Osvaldo Mércuri como jefe de Cámara luego presidió el Congreso del PJ, fue el «fronting» con el que intendentes como Sergio Massa, Alberto Deslcazo, Jesús Cariglino, Pablo Bruera y Cristian Breitestein expresaron su malestar.
Se trata, en rigor, de un duelo doble: Diputados contra Senado y Primera versus Tercera. Fue casi total el faltazo de diputados, como de los alcaldes de la zona norte y oeste. Se agregó otra riña: al randazzismo, en guerra con Balestrini, también se le rompió el GPS.
El vice soporta otra perdigonada: sus conspiraciones contra Scioli, que planteaba como «pedidos de Néstor», le rebotan, incentivadas desde despachos de la gobernación. Kirchner, además, sopla ideas al oído de Fernando Espinoza a través de Rubén Ledesma.
Implacable
Por encima de esas miserias, un solo motor explica el desgano y los faltazos: los modos de Kirchner, implacables, que ahora impuso a Bancalari en el PJ como antes, para bronca de los senadores, digitó cambios en la ley de reforma política bonaerense.
Ambos episodios reflejan que el látigo sirvió para someter al PJ, pero no para domarlo. Al final, las pulseadas históricas para ocupar cargos se convirtieron en un tibio tiroteo inercial.
Al final, Osvaldo Amieiro quedó detrás de Bancalari, como Silvia Caballero -por el cupo femenino- y el moyanista Héctor Martínez, por los gremios. Alexis Guerrera (Cuarta), Eduardo Isasi (La Plata), «Chinchulín» Gasparini (Séptima), Gustavo Arrieta (Tercera), Humberto Zúcaro (Primera), Graciela Giannettasio (Tercera), Tomás Hogan (Quinta), Yésica Piorelle (Juventud) y Ariel Kissner (Sexta).
En tanto, la Junta Electoral fue un calco de la que, en 2005, digitó Eduardo Duhalde: Hugo Curto, Fernando Espinoza, Edda Acuña, Juan Garivoto, Néstor Álvarez, Miguel Santellán, Jorge Scarone y Juan Amondarain. Esa mesa queda con poder menguado con el nuevo esquema electoral.
En ese contexto, desabrido -la meteorología partidaria no pudo repetir el axioma de un soleado «día peronista»-, Kirchner intentó apasionar con críticas a Arturo Valenzuela, el delegado de Barack Obama, que alertó sobre la inseguridad jurídica en el país. Los fantasmas, para el PJ bonaerense, están más cerca.


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