15 de enero 2009 - 00:00

El macrismo volvió a la Casa Rosada

Mauricio Macri ayer supervisando las obras de refacción de una escuela infantil de la Ciudad de Buenos Aires, en una jornada en la que retomó el diálogo con la Casa Rosada.
Mauricio Macri ayer supervisando las obras de refacción de una escuela infantil de la Ciudad de Buenos Aires, en una jornada en la que retomó el diálogo con la Casa Rosada.
La cita en la Casa Rosada, ayer por el sistema de puntaje para los conductores, repercutió en las oficinas de Mauricio Macri como un gesto del Gobierno ante la presión del
kirchnerismo sobre el jefe porteño en la apertura del año electoral. También para los macristas significó a la vez fijar su propia postura con respecto a la relación con el Gobierno nacional: «Ya lo ven, cuando es por un tema importante y concreto, nosotros vamos», confió a este diario un alto funcionario de la administración macrista. El vocero admitió también que por cierto «no nos llamaban». Pero los macristas llegaron, de todos modos, con el alarde que le dio al distrito aplicar la norma que pretende ahora extenderse a todo el país.
La tenida que versó sobre conductores e infracciones (ver Ámbito Nacional) reunió a los jefes de Gabinete del distrito porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y bonaerense, Alberto Pérez, junto al ministro Florencio Randazzo y sus pares, de la ciudad Guillermo Montenegro, y de la provincia Carlos Stornelli. Pareció demasiado para una charla sobre buenas intenciones.
Es que, desde que asumió Sergio Massa -un amigo íntimo de R. Larreta- en reemplazo de Alberto Fernández, Macri puso condiciones para una reunión que finalmente nunca sucedió. La entrevista que habían arreglado esos amigos se quedó sin turno de agenda cuando el jefe de Gobierno porteño se negó a concurrir a la Casa Rosada «sin un temario concreto». Guarda desde entonces una carpeta de pedidos.
Denuncia
Pero además, sobre el fin de año, el kirchnerismo local que venía solucionando más de un estancamiento de normas en la Legislatura porteña se tornó a tal punto adverso que casi le hace fracasar la sanción del Presupuesto 2009 y la reforma impositiva, que finalmente se votó con la ayuda de Elisa Carrió. Antes de ese debate, el Gobierno macrista había denunciado ante la Justicia al Ministerio de Economía de la Nación, por demorar en otorgar la autorización para que el distrito porteño pudiera emitir u$s 500 millones de deuda, por lo cual el propio Macri acusó a la gestión de Cristina de Kirchner de frenarle financiamiento.
Por eso, el propio Randazzo reflejó ayer, como los macristas, que cuando «hay temas concretos», se pueden conciliar posturas, tras la reunión donde se acordó, además, la adhesión de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires a la Ley Nacional de Seguridad Vial.
El acuerdo en materia de tránsito reabrió el diálogo que busca Macri con el Gobierno de Cristina de Kirchner, ilusionado en solucionar aquellas cuestiones donde las decisiones no puede tomarlas la administración local porque depende de la nacional.
Competencia
La Ciudad pretende tener competencia, por ejemplo, sobre las líneas de subtes que están concesionadas por el Gobierno nacional y si bien hubo un decreto para el traspaso del control, al cual adhirió la Legislatura porteña, nunca se concretó.
Otra cuestión que concentra a Macri es el tránsito, donde no puede controlar a un centenar de líneas de colectivos que transitan por la Capital Federal porque también es competencia de la Nación. Se suma el reclamo por el puerto, que es
el único que no fue transferido al distrito y su administración y control lo ejerce la Nación. Allí interesa la realización de un puerto turístico y amarra de cruceros acompañado por un importante desarrollo inmobiliario en la zona, más que el control de la actividad portuaria que actualmente es muy inferior y menos significativa que la de otros puertos en la provincia de Buenos Aires.
Otro punto que generó rispidez entre los dos distritos es el asentamiento conocido como Villa 31. La Ciudad viene reclamando el traspaso de las tierras que tiene bajo su órbita la Organización Nacional de Bienes del Estado (ONABE), la mayoría aledañas a las vías de ferrocarriles, mientras que sobre el más polémico de los temas, Macri no ha reclamado: la facultad para administrar y controlar los juegos de azar en la Ciudad de Buenos Aires. Todo se suma al reclamo que sigue haciendo Macri sobre el traspaso de parte de la Policía Federal bajo su órbita, a pesar de que ya comenzó a armar una fuerza de seguridad propia.
Por ahora, el macrismo se ha conformado con adherir a un sistema nacional de registro de conductores, pero sabe que desde las dos oficinas se ha demostrado un gesto de buena voluntad. Sin embargo, la foto hubiera resultado más trascendente si Macri y Scioli concurrían a la cita como lo pretendieron los organizadores hasta la tarde del martes, cuando se anunció el encuentro.

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