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El mercado alcista no se rinde
La reunión de la Fed, mañana y el miércoles, concita nula expectativa. La economía de EE.UU. se hundió en un bache de actividad sin atisbos de repunte. Con suerte, los números del primer trimestre arrojarán un crecimiento del 1% anualizado. Las órdenes de bienes durables, más remisas que lo proyectado, sugieren una siesta que se prolonga. Más aún, los informes PMI -en EE.UU., China, Japón, Alemania y Francia- detectan pocos bríos manufactureros en abril, lo que tampoco estaba en los cálculos. Corolario: la suba de tasas de interés se desdibuja como iniciativa inminente. La fortaleza del dólar anticipó un endurecimiento de las condiciones financieras, más que suficiente para calmar la ansiedad de los halcones de la Fed. Y ahora que el dólar descansa, la economía remolonea. Así, el banco central no moverá ni una lapicera de lugar. Bill Dudley, de la Fed de Nueva York, lo reconoció expresamente. Para concretar la suba, los pronósticos de crecimiento y empleo deben materializarse primero. Los mercados de futuros de fedfunds cifran la probabilidad de un retoque en junio (el mes favorito cuando comenzó el año) en apenas el 2%. Septiembre también parece demasiado pronto (28% de probabilidad). Las expectativas se corrieron a diciembre: el 62%. Y eso porque la Fed machaca con la idea de meter mano antes de que se agote 2015. Cuan ventarrón favorable, la liquidez de la banca central infla el velamen de las Bolsas. La Fed quiere ajustar, pero no puede. El Banco de Inglaterra, ídem. Mientras tanto, el resto de sus pares del G-7 milita en fase de vibrante expansión. El BCE tuvo excelentes resultados con el QE, rápidos y visibles. Su programa soberano recién inicia; apenas ha gastado la primera salva de la munición comprometida. Su presencia sostenida está garantizada hasta, como mínimo, septiembre de 2016. Así, Grecia se mece en la cornisa, pero no contagia. En las antípodas, el Banco del Pueblo de China, que no gusta mostrar su juego por adelantado, ya colocó suficientes cartas sobre la mesa como para delinear sus intenciones. Dos recortes consecutivos de encajes bancarios es señal poderosa. A las autoridades las desvela el aterrizaje suave de una economía en delicada transición. Que, a la par, hayan liberalizado las regulaciones para la venta de acciones en descubierto, redondea el mensaje. Quieren alentar el nivel de actividad económica sin estimular la efervescencia en las Bolsas del continente (y Hong Kong). Basta revisar los números de la capitalización bursátil para comprobar qué han conseguido: China es el segundo mercado más importante, detrás de Wall Street. Duplicó su peso relativo en los últimos doce meses, y representa el 10,7% del total global. Los tres últimos puntos se ganaron en lo que va de 2015. Y Hong Kong -que ahora arbitra estrechamente con Shanghái, es el tercer mercado mundial un 7,3% - tras superar a Japón.


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