27 de abril 2015 - 00:00

El mercado alcista no se rinde

 Grecia es un accidente en lista de espera. Y a juzgar por el fracaso de la reunión del eurogrupo en Riga, presuroso por producirse. Atenas no da la talla y Europa no tiene plan B. Las amenazas cruzadas de poco sirven. El Gobierno de Syriza no teme que su país se arruine. Raspa la olla, se apodera por decreto de la caja excedente de municipalidades y entes públicos, y así pagará los sueldos a fin de mes. La economía se paraliza, se derrumba el cobro de impuestos y la fuga de capitales no se detiene; sin embargo, la política de Alexis Tsipras es atrincherarse y resistir. ¿Cederá Europa? Alemania tiene un plan B: arrojar a Grecia por la ventana. No lo oculta, aunque tampoco lo ejecuta. La novela termina si el BCE corta la asistencia de emergencia a los bancos griegos. El dato frío, inobjetable, es que no lo ha hecho. Y podría no hacerlo ni siquiera en caso de un default soberano. ¿Todo esto importa? Dos semanas atrás, sí. Esta semana, los mercados decidieron que no. Wall Street cerró en nuevos máximos para el S&P 500 y el NASDAQ (este último superando el "techo" histórico de la burbuja de las compañías punto com, allá por marzo de 2000). Las Bolsas europeas también avanzaron. Y el viernes, la de Atenas tampoco se quedó atrás. Trepó el 3,3%, pese a las malas noticias que llegaron de Letonia. El mercado bull de las acciones no se entrega.

La reunión de la Fed, mañana y el miércoles, concita nula expectativa. La economía de EE.UU. se hundió en un bache de actividad sin atisbos de repunte. Con suerte, los números del primer trimestre arrojarán un crecimiento del 1% anualizado. Las órdenes de bienes durables, más remisas que lo proyectado, sugieren una siesta que se prolonga. Más aún, los informes PMI -en EE.UU., China, Japón, Alemania y Francia- detectan pocos bríos manufactureros en abril, lo que tampoco estaba en los cálculos. Corolario: la suba de tasas de interés se desdibuja como iniciativa inminente. La fortaleza del dólar anticipó un endurecimiento de las condiciones financieras, más que suficiente para calmar la ansiedad de los halcones de la Fed. Y ahora que el dólar descansa, la economía remolonea. Así, el banco central no moverá ni una lapicera de lugar. Bill Dudley, de la Fed de Nueva York, lo reconoció expresamente. Para concretar la suba, los pronósticos de crecimiento y empleo deben materializarse primero. Los mercados de futuros de fedfunds cifran la probabilidad de un retoque en junio (el mes favorito cuando comenzó el año) en apenas el 2%. Septiembre también parece demasiado pronto (28% de probabilidad). Las expectativas se corrieron a diciembre: el 62%. Y eso porque la Fed machaca con la idea de meter mano antes de que se agote 2015. Cuan ventarrón favorable, la liquidez de la banca central infla el velamen de las Bolsas. La Fed quiere ajustar, pero no puede. El Banco de Inglaterra, ídem. Mientras tanto, el resto de sus pares del G-7 milita en fase de vibrante expansión. El BCE tuvo excelentes resultados con el QE, rápidos y visibles. Su programa soberano recién inicia; apenas ha gastado la primera salva de la munición comprometida. Su presencia sostenida está garantizada hasta, como mínimo, septiembre de 2016. Así, Grecia se mece en la cornisa, pero no contagia. En las antípodas, el Banco del Pueblo de China, que no gusta mostrar su juego por adelantado, ya colocó suficientes cartas sobre la mesa como para delinear sus intenciones. Dos recortes consecutivos de encajes bancarios es señal poderosa. A las autoridades las desvela el aterrizaje suave de una economía en delicada transición. Que, a la par, hayan liberalizado las regulaciones para la venta de acciones en descubierto, redondea el mensaje. Quieren alentar el nivel de actividad económica sin estimular la efervescencia en las Bolsas del continente (y Hong Kong). Basta revisar los números de la capitalización bursátil para comprobar qué han conseguido: China es el segundo mercado más importante, detrás de Wall Street. Duplicó su peso relativo en los últimos doce meses, y representa el 10,7% del total global. Los tres últimos puntos se ganaron en lo que va de 2015. Y Hong Kong -que ahora arbitra estrechamente con Shanghái, es el tercer mercado mundial un 7,3% - tras superar a Japón.

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