OK. Estamos en verano y se supone que la actividad bursátil mengua. Pero lo que se está viendo se acerca al exceso (algunos hablan de ridículo). El 0,01% que perdió ayer el S&P 500 e incluso el más significativo 0,02% -¿es o no un 100% más?- que cedió el Dow al cerrar en 13.172,14 puntos son un claro reflejo de lo que decimos. El otro es el volumen. Sin dudas los 5.200 millones de papeles negociados en todas las Bolsas es bastante más que los 4.500 millones del lunes (si excluimos feriados, el volumen más bajo desde al menos el inicio de 2008), pero aún así es un monto un 30% por debajo del promedio de los últimos tres meses. Es cierto, esta situación refleja el descanso estival, pero también es más posible que esté reflejando la falta de convencimiento que hay entre los inversores para tomar posiciones, del lado que sea. Lo único claro es que cuando cambie el actual escenario, puede llegar a hacerlo con furia. Lamentablemente no sabemos cuándo será. Ayer por lo menos quedó el consuelo de imaginarse que la economía tuvo algo que ver con lo que se vivió en Wall Street: mientras los datos de las ventas minoristas mostraban un sorpresivo incremento, las grandes tiendas anunciaron que no están reestoqueando mercadería, lo que sugiere que apuestan a que la recuperación no durará mucho. Entre lo más destacable de la jornada estuvo el 0,63% que ganó el precio del petróleo (casi lo mismo que perdió el oro) y la baja de los treasuries, que impulsó la tasa al 1,726% anual, en una jornada en la cual el dólar tuvo una ligerísima recuperación. Las encuestas daban ayer 2 puntos más a Romney que a Obama. Paridad política, paridad económica, ¿tendrán algo que ver?
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